Alcalde con casco y concejales de retirada

Las elecciones municipales atacan los nervios en el Partido Popular, donde hasta abril no se dirimirán los nombres que acompañarán a Javier Lacalle

Lacalle visitó recientemente los baños del Coliseum/Andrea Ibáñez
Lacalle visitó recientemente los baños del Coliseum / Andrea Ibáñez
Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Los ánimos andan revueltos en el seno del equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Burgos. Huele a elecciones, y desde que Pedro Sánchez anunció las generales para abril, mucho más. El Partido Popular ha iniciado una campaña contrarreloj, contra el reloj de los plazos límite para sacar pecho de los logros alcanzados y anunciar los últimos compromisos municipales antes de que todo se convierta, oficialmente, en carne de campaña electoral.

El alcalde, Javier Lacalle, se ha puesto el casco de las obras. Amarillo o blanco, igual da. Y lo mismo nos da presentar la cubierta del claustro del Monasterio de San Juan, anunciando el nuevo museo de pintura contemporánea de Burgos, que visitar los baños inconclusos del Coliseum o una obra menor en Doña Jimena, aprovechando la ocasión para lanzar nuevas intervenciones que quién sabe si no son meras propuestas del regidor burgalés.

Y es que Lacalle es mucho de tomar decisiones de manera unilateral, sin contar con su equipo de Gobierno e, incluso, de espaldas a sus concejales. No en vano, los ediles están acostumbrados a enterarse a través de los medios de comunicación de iniciativas municipales; también a que el alcalde se apropie de algunos proyectos, bloqueando la información a los mismos, como ha ocurrido con la remodelación del Estadio Municipal de El Plantío o el nuevo Centro Cidiano -cuyo proyecto aseguró que se presentaría en octubre y cuatro meses después nada (y nadie) se sabe al respecto-.

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Los que le conocen aseguran que Javier Lacalle es un jefe complicado, que no sabe trabajar en equipo, que no consulta con sus concejales y que tampoco esconde sus favoritismos. De todos es conocida su predilección por Carolina Blasco, que se postulaba como candidata a sustituirle y cabeza de lista al Ayuntamiento en este 2019. Además, tiende a olvidarse de sus compañeros, que han sufrido algún desplante que otro, y no solo de puertas para adentro del partido.

Así, no es de extrañar que más de un edil prefiera quedarse fuera de las listas y, mientras algunos hacen méritos e intentan aprovechar al máximo las últimas semanas antes de mayo, otros están de retirada. También se oyen, y sienten, muchas rencillas internas, que si bien nunca se han sabido (querido) ocultar, ahora se evidencian sin tapujos. Malas caras, bufidos, protestas, críticas... en la recta final (casi) nadie quiere esconder sus filias y sus fobias.

La lista municipal de la candidatura del PP no se conocerá hasta mediados de abril, al límite de la presentación ante la Junta Electoral. Y los interesados lo sabrán poco antes que el común burgalés, por aquello de no crear rencillas, soliviantar ánimos y alterar el gallinero antes de tiempo.

Hay concejales que, cuando se les pregunta, se encomiendan al partido. Otros que dicen a las claras que ya han cumplido su misión política en la vida. Los hay que en «petit comité»aseguran que prefieren quedarse fuera, pero también reconocen con sinceridad que si el partido les dice ven… Y luego están los extremos, los que irán con Lacalle al fin del mundo, digan lo que digan (siempre con la boca pequeña) y los que no quieren repetir ni atados.

En lo único en lo que parecen coincidir todos es en que se avecinan tiempos convulsos, en los que el Partido Popular se juega la Alcaldía y los concejales podrían acabar en la bancada de la oposición, así que hay que pensarse mucho si compensa ir en las listas 'populares'.