El miedo al 26-M lleva a los candidatos a velar armas

Los partidos y los candidatos están más ocupados en mantener al menos los resultados de las elecciones generales que en la campaña de las municipales, que se juega a la defensiva

Los candidatos a la Alcaldía del Ayuntamiento durante el debate organizado por BURGOSconecta/César Ceinos
Los candidatos a la Alcaldía del Ayuntamiento durante el debate organizado por BURGOSconecta / César Ceinos
Ismael del Álamo
ISMAEL DEL ÁLAMOBurgos

Estas elecciones municipales, autonómicas y europeas del 26-M se preveían que fueran de las más cruentas que se recuerdan, porque el espacio político ha registrado una atomización nunca antes vista y los electores, en lugar de ser más van a menos -al menos en nuestra provincia-. Sin embargo, cuando empezábamos a pensar en las próximas elecciones «de casa», no teníamos en consideración que el escenario estaría completamente condicionado por el novedoso resultado de las generales del 28-A.

A un servidor le gusta pensar que los electores pensamos muy mucho en a quién damos nuestro voto de confianza, pero parece ser que no es tanto así. Al menos, la campaña política que están desarrollando los candidatos a la Alcaldía de Burgos deja claro que su estrategia ha dado el giro necesario para alinearse con la que siguen sus siglas en el ámbito nacional. Y me explico, por ejemplo, en las filas socialistas, Daniel de la Rosa, que fue quien anticipó más su particular inicio de campaña, basaba su mensaje en el voto en clave local, augurando un no tan buen resultado de su jefe de filas, Pedro Sánchez. Sin embargo, el candidato del PSOE a la Alcaldía de la capital burgalesa ha optado por una estrategia con escasa confrontación política, tratando de sumarse a la corriente nacional, que ganó por primera vez en la provincia de Burgos.

Así, De la Rosa no ha querido buscar la confrontación ante su máximo adversario político, Javier Lacalle. Poco o nada se le ha oído acusarle de querer ser senador y alcalde al mismo tiempo o de que su equipo de Gobierno haya llegado 'agotado' al final del mandato. Mientras, Lacalle trata de hacer todo lo contrario que el socialista. Nada de pensar en lo que ha pasado en las generales, donde la caída del PP ha sido histórica, y todo de presumir de «gestión, experiencia, moderación e ilusión» para no ser arrastrado por la corriente. Muy gráfico fue lo ocurrido durante el debate electoral organizado recientemente por BURGOSconecta, en el que no se vio un habitual todos contra el alcalde, sino que los candidatos huyeron del contacto.

El otro partido que podría considerarse perdedor en las Generales, Podemos, hace lo propio en su estrategia de mirar al frente y reforzar el mensaje de la participación y de conseguir que no gobiernen «las tres derechas». Raúl Salinero, el candidato morado en Burgos, tiene su máxima preocupación en Imagina Burgos, candidatura ciudadana que encabezó en 2015 y a la que pretende superar al desgajarse de los multicolores el morado Podemos.

Finalmente, quien puede tener la llave de la Alcaldía, Ciudadanos, y su candidato, Vicente Marañón, con poca experiencia de gestión municipal, tiene en Albert Rivera su punta de lanza y él se dedica a lanzar mensajes, que no propuestas, dirigidos a un elector emocional, menos racional. Con este cóctel, el que tiene la papeleta más difícil es el elector, que deberá de elegir a político más próximo, el que le deberá de resolver los problemas del día a día, abstrayéndose de los mensajes de ámbito nacional.

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