Bruner: «No es interesante ni posible desarrollar una tarea científica o artística sin pasión»

Emiliano Bruner, investigador del CENIEH /PCR
Emiliano Bruner, investigador del CENIEH / PCR

El investigador del CENIEH, Emiliano Bruner, defiende la buena divulgación como una obligación moral del científico

Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Italiano, diez años residente en España. Biólogo, paleoneurólogo, músico… Emiliano Bruner se mueve por pasiones. Es investigador del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), responsable del grupo de paleoneurobiología, y un amante de la música. Defiende la divulgación científica, la buena divulgación, que considera una obligación moral del investigador (de hecho cuenta con varios blogs profesionales, como https://paleoneurology.wordpress.com/ u https://www.investigacionyciencia.es/blogs/medicina-y-biologia/80/posts). Y critica la conversión de la ciencia en un negocio, una burbuja que acabará explotando y causará, no solo daño económico, sino también cultural.

-Biología, paleoneurología, música, baile, fotografía. Emiliano Bruner es un hombre de ciencia y de artes, ¿un hombre apasionado?

La ciencia como la música, por supuesto el tango, son cosas que solo se pueden llevar a cabo con pasión. No es ni interesante ni posible desarrollar una tarea científica o artística si no tienes pasión. Se trata de vivir la vida de forma activa o pasiva, interesante o aburrida. Es cuestión de prioridades y de libre albedrío. Creo fuertemente en el libre albedrío. Tenemos un ambiente que nos influye, situaciones que nos condicionan, pero al final somos nosotros los que decidimos ir por un camino o por otro. Los que pensamos que tenemos solo una vida no nos queda otra que intentar aprovecharla.

-Pasión, sentimientos, parece que sí combinan con la ciencia y el pensamiento racional

Tal vez ciencia y arte necesiten proporciones diferentes de razón y de pasión. Para trabajar en ciencia, así como para tocar música, necesitas una parte de inquietud racional y analítica, pero al mismo tiempo pasión y emoción no racional. En mi caso, en la música pongo toda mi pasión visceral, pero al mismo tiempo me encanta la matemática y la geometría que se esconde detrás de las reglas armónicas y melódicas. Me emociono de una forma brutal cuando escucho una ejecución de un tema, pero acto seguido me emociono igualmente cuando empiezo a descomponer la estructura armónica y melódica del tema, intentando desvelar sus secretos numéricos, casi estadísticos.

«Siempre hemos pensado que el cerebro lo hace todo solo y probablemente no es así»

-Y esa relación también se nota en la combinación de su trabajo, la neurociencia con el estudio de la música…

Siempre he procurado separar música y ciencia, para evitar contaminación. Hubo un momento en que tuve que decidir entre música y ciencia y… elegí la música (risas). Por ese motivo mi carrera profesional ha seguido con la ciencia, pero en el ámbito personal, paralelamente, he seguido con la música. Sin embargo, trabajo en ciencias cognitivas, neurociencia, y las relaciones entre cerebro y música son muchas, las relaciones entre música y ciencias cognitivas son muchas… Además, yo me ocupo de la relación entre cerebro, cuerpo y objetos, entendidos estos también como tecnología. Y el caso musical es muy específico, pues se dan los tres elementos de la relación, y la tecnología no es una industria lítica, no es un ordenador, sino una guitarra.

¿A qué se dedica, profesionalmente, Emiliano Bruner en los laboratorios del CENIEH?

Coordino el laboratorio de paleoneurobiología de homínidos, que estudia la anatomía cerebral en las especies extintas. No es un campo que pueda vivir solo de evidencias anatómicas de fósiles, pues los fósiles no tienen cerebros, y el estudio de la evolución del cerebro requiere también de un estudio del cráneo y de los comportamientos asociados a las capacidades cognitivas de los humanos actuales. Mi laboratorio es básicamente anatómico, utilizamos anatomía digital, trabajamos con pixeles; también con morfología computerizada, modelos de órganos, huesos y cerebros para estudios geométricos y espaciales. Se analiza la relación entre el cerebro, el cráneo y los vasos sanguíneos y cómo esta relación ha cambiado a lo largo de la evolución humana, con técnicas computerizadas, con ordenadores, números y estadísticas. Y se estudia en fósiles pero sobre todo en las poblaciones modernas, porque necesitamos muestras grandes, comparativas y gente viva en la que el cerebro esté funcionando. Y porque además muchos de estos rasgos anatómicos pueden tener una importancia también en medicina.

«La cultura general se aleja bastasnte del conocimiento científico»

-Muy interesante…

Es algo muy digital. Tiramos de píxeles, para reconstruir la anatomía, y de estadística, para hacer modelos virtuales. En mi laboratorio la gente espera ver cerebros, huesos, microscopios…, pero la actividad es de ordenador, salvo algunas raras excepciones, es más infrecuente trabajar con colecciones. El 90 por ciento de nuestro trabajo está en ordenadores, archivos de datos digitales, memorias, muchos programas... Los resultados son muy visuales, cráneos llenos de colorines, pero el trabajo del día a día son números.

-¿Es el cerebro uno de los órganos más desconocidos, en la vertiente científica y en la social?

Yo creo que sí. A nivel científico nos falta mucha información sobre el cerebro, sobre la anatomía, la estructura cerebral. Si hablamos de cómo funciona el cerebro, desconocemos aún más. Siempre hemos pensado que el cerebro lo hace todo solo y probablemente no es así. Estamos bastante convencidos de que el cuerpo y el ambiente tienen un papel fundamental en el proceso cognitivo. En algunos casos le hemos dado demasiada importancia al cerebro. Y, en el ámbito social, hay leyendas y mitos para dar y tomar. La gente tiene sus prejuicios y sus sesgos y muchas veces no está dispuesta a cambiar. Por ejemplo, la iconografía clásica de la evolución del cerebro. En los museos, en los libros, en internet se sigue proponiendo una iconografía del cerebro que crece a medida que avanza la evolución, sabiendo que científicamente no es correcto. La cultura general se aleja bastante del conocimiento científico real.

-¿Cómo podemos acercarlo?

La terapia no es la divulgación, sino la buena divulgación. Porque divulgación tenemos mucha, y quizás lo que falta es la buena divulgación. Se trata de proporcionar las preguntas, no las respuestas. Muchos divulgadores venden respuestas predefinidas, y no creo que tenga que funcionar así. Muchas veces la divulgación tira a lo sencillo. Hacer buena divulgación es muy difícil, hacer mala divulgación es más fácil, pero no debería ser el nivel de dificultad el que decide si queremos hacerlo bien mal. Exigimos a un neurocirujano que haga un buen trabajo, aunque sea difícil. Y lo exigimos a un fontanero. Y tenemos que exigírselo también a los científicos que se ocupan de divulgación.

«La buena divulgación debe tratar de proporcionar preguntas, no las respuestas»

-¿Y la sociedad está preparada para esa buena divulgación?

En mi opinión, desde luego que sí. La sociedad nos paga no solo para generar conocimiento sino también y sobre todo para compartirlo. La divulgación no debería ser un complemento a la investigación, debería de ser obligatoria para el investigador. Si produces conocimiento y no lo compartes, no sirve para nada. Es un deber moral, y hasta contractual. Y la sociedad está bien preparada. Claro está que si tiramos a lo sencillo, y con la excusa de que es difícil lo hacemos mal, no va a funcionar, evidentemente.

-Si hacemos una buena divulgación, ¿estaría la sociedad más dispuesta a exigir mayor inversión en investigación?

Por supuesto. En el momento que se explica el por qué de las preguntas, siempre y cuando estas tengan sentido, las preguntas de la ciencia se vuelven preguntas de la sociedad. Para que las necesidades de la ciencia se solapen con las necesidades de la sociedad ambas deben compartir intereses e inquietudes, y esto se consigue solo con la buena divulgación. Y exige cierta autocrítica de los científicos como divulgadores y como científicos. Tienes que estar dispuesto a poner a prueba tu capacidad de diseñar una ciencia adecuada a tus tiempos. La ciencia adelanta a los tiempos, así que tienes que ser lo suficientemente bueno como para explicar a alguien por qué necesita algo que todavía no conoce.

«La ciencia se ha transformado en un negocio»

-¿Cómo está la investigación en España?

En este momento histórico, la investigación está pasando una mala racha a nivel internacional. Y si no es un buen momento a nivel internacional, lo será menos en aquellos países en los que la ciencia no es un pilar, y España no es precisamente una nación que haya destacado históricamente por su desarrollo científico. El mal momento no se debe a una carencia económica, se debe sencillamente a que el mercado se ha dado cuenta de que puede sacar tajada de la ciencia, así que la ciencia se ha transformado en un negocio. Ojo, no es una inversión, es una burbuja. Si quieres sacar tajada económica, hay que hinchar y sabemos perfectamente de nuestras experiencias pasadas que antes o después las burbujas explotan. El riesgo en este caso es que haya un colapso del sistema económico-científico, que también provocará un daño cultural. El daño económico se recupera a medio-largo plazo, el daño cultural a larguísimo plazo.

-Pasamos a la música, guitarra, ukelele, flautas… ¿qué mas instrumentos toca?

Desde que tengo 12 años toco la guitarra clásica, pero en los últimos años he empezado a tocar el ukelele, que es el instrumento más perfecto del mundo; impresionante. También he tocado el bajo eléctrico, el piano. Y cuando me regalaron un didjeridu australiano como adorno, yo me empeciné en tocarlo y tras varios años teníamos una escuela en Roma y publicamos el primer libro en italiano sobre este instrumento. Y de ahí a la música étnica, las percusiones. Hace ocho o nueve años me topé con las quenas, las flautas sudamericanas, y fue realmente un flechazo.

«El tango es una reacción emocial, histórica, única»

¿Qué te atrae de tocar un instrumento para que tengas un instrumento en la mano y digas ‘tengo que tocarlo’?

Hay una curiosidad, un reto intelectual. Al mismo tiempo, una respuesta física y emocional. En la época del colegio y la universidad, bajo eléctrico, grupos de rock y el jazz, pero luego he dado la vuelta hacia instrumentos artesanales o de madera. Siempre he tocado la guitarra clásica, nunca me ha llamado la atención mínimamente la eléctrica, ni siquiera la acústica. Y lo mismo con las percusiones, artesanales, madera y piel. Y las flautas, caña con algunos agujeros… Me gustan los instrumentos cuanto más sencillos, artesanales y naturales. Me gusta el contacto físico con el árbol. De hecho, el didjeridu es un árbol vaciado por termitas y tú soplas directamente en el árbol. Es el instrumento que crea una conexión máxima entre instrumento y cuerpo.

-Por eso eres uno de los grandes defensores del folclore

El folclore es como un gran instrumento natural, no tiene un alma industrial. Surge espontáneamente más allá de fenómenos de mercado. Es una expresión natural de la cultura de un pueblo, se basa en los recursos instrumentísticos naturales y en una expresión armónico-melódico-rítmica natural.

-Y si hablamos de pasión, el tango…

Es una pasión incondicional, en la faceta de música, en el aspecto cultural-histórico y por supuesto en el baile. Personalmente no distingo entre estas tres facetas, para mí tocar tango, bailar tango y vivir el tango es lo mismo. Es una reacción emocional, personal, histórica única.

«Para amar la música tienes que tener cierta sensibilidad emocional que es imposible que venga sola»

-En alguna entrevista le he oído lamentar que los españoles sintamos la música como un recurso social más que cultural

La música siempre tiene tres musas, el arte, la sociedad y el dinero. Hay quien toca por expresión artística, hay quien toca por compartir una fiesta y amigos y hay quien toca para sacar ganancia. Cada uno tendrá su propia combinación de estas tres razones, pero en general una de las musas domina a las otras. También somos muy críticos con los que no hacen la misma elección que nosotros. España es una nación donde culturalmente la música ha tenido un papel sobre todo social. Tiene su faceta artística, también su mercado económico, pero a nivel de la calle se toca sobre todo para compartir un momento social. Evidentemente no lo estoy criticando, me parece una faceta crucial, pero a veces se sufre que falte la parte artística.

-Si Kapuscinski dijo que ‘las malas personas no pueden ser buenos periodistas’, ¿para ser buena persona hay que amar la música?

‘A bote pronto’ le diría que sí. Creo que si excluimos el negocio discográfico y hablamos de música en el sentido artístico, para amar la música tienes que tener cierta sensibilidad emocional que es improbable que venga sola. No dudo que pueda haber gente que ame la música y a nivel personal tengan un carácter despreciable, pero quiero pensar que no sea frecuente. La emoción artística sincera se acompaña con un paquete cognitivo y emocional que necesariamente conlleva empatía, compromiso y entrega.

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