Burgos grita con una sola voz contra la discriminación

La manifestación ha sido multitudinaria./GIT
La manifestación ha sido multitudinaria. / GIT

Miles de personas acuden a la llamada de los colectivos feministas y secundan una movilización histórica por las calles del centro de la ciudad

Gabriel de la Iglesia
GABRIEL DE LA IGLESIABurgos

Está claro que hoy no ha sido un 8 de marzo cualquiera. Ya se venía advirtiendo y desde primera hora de la mañana se ha dejado sentir, tanto en Burgos como en el resto de España, que ha respondido como pocas veces a la llamada. Pero quizá, la demostración más palpable de que la de hoy era una jornada histórica ha llegado a última hora de la tarde.

Y es que, miles de personas han salido a la calle para sumarse a la gran movilización convocada por diferentes colectivos y sindicatos. ¿Cuántas? Algunos hablaban de más de 10.000 personas en las calles, otros de 20.000, tomando como referencia que la cabecera de la manifestación estaba ya en la Plaza de España mientras cientos y cientos de personas se agolpaban todavía en la Plaza del Cid esperando emprender la marcha. El cálculo, sin duda, se antoja difícil, pero en la retina quedará la sensación de haber vivido una de las movilizaciones más multitudinarias de las celebradas en la historia reciente en Burgos.

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Allí estaba la mujer maltrada, la que tiene que asumir las tareas del hogar tras su jornada laboral, la que se encarga del cuidado de los hijos y los dependientes, la que sufre día a día la lacra del machismo, la que ve cómo sus colegas en el trabajo cobran más que ella y la que se enfrenta al techo de cristal en su carrera profesional. Pero también estaban ellos, los que saben que la igualdad de género en la sociedad es algo tan necesario como demandado, los que no se resignan a vivir en un mundo desigual.

Y todos ellos, unidos bajo una misma voz, la del feminismo. Una voz que clama contra la violencia de género y que grita con furia «¡no es no y lo demás es violación!». «Si tocan a una nos tocan a todas» denunciaban las féminas ante los aplausos de la gente congregada en las aceras de la calle Vitoria, que veía cómo el morado se convertía en algo más que un color.

Un punto de inflexión

La respuesta, en todo caso, ha sido «muy importante». Así al menos lo aseguraba Susana Menéndez, participante de la Asamblea del 8 de marzo, quien consideraba minutos antes de que se iniciara la marcha que esta jornada marcará «un antes y un después». «Ha sido un punto de inflexión que ha servido para que la gente haya visto una realidad que a menudo no se ve» y que se materializa en precariedad y discriminación, ha afirmado.

Pero esto no ha acabado, ni mucho menos. Y es que, desde los colectivos feministas, que han estado acompañados en la movilización por sindicatos y diferentes organizaciones sociales y estudiantiles de la ciudad, consideran que «a partir de mañana hay que seguir luchando» para revertir unas dinámicas impropias del siglo XXI. De momento, en la memoria quedarán las imágenes de un día histórico.

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