La cara y la cruz de una Plaza Mayor sin carisma

La remodelación está a punto de concluir y el nuevo pavimento de la Plaza Mayor de Burgos ya presenta sus virtudes y defectos

La Plaza Mayor de Burgos tras haber sido remodelada/IAC
La Plaza Mayor de Burgos tras haber sido remodelada / IAC
Ismael del Álamo
ISMAEL DEL ÁLAMOBurgos

La recién remodelada Plaza Mayor de Burgos puede haber pasado a ser uno de los epicentros de las capitales de provincia de toda España más insulso. Las nuevas losas de granito que ya cubren la práctica totalidad de los 8.200 metros cuadrados sobre los que se está actuando en la actual intervención no tienen la categoría para pavimentar el lugar por excelencia de la ciudad. Y es que ese granito rosa Porriño que salió al rescate del rojo Monforte por la falta de estocaje es un quiero y no puedo.

Los que en su día se llevaron las manos a la cabeza por la noticia de que el granito sería rosa respiran aliviados al ver la realidad. El gris predominante deja la percepción del rosa a la inspiración de quien lo mira. Sin embargo, lo cierto es que el intenso color rojizo del malogrado clinker ha dado paso una enorme plaza palidecida.

Uno de esos que mira con buenos ojos el resultado es el alcalde, Javier Lacalle, principal impulsor del proyecto. Y a él acuden burgaleses a felicitarle por cómo ha quedado la Plaza Mayor. Esto es algo que asegura el primer edil del Ayuntamiento, pero es algo que no coincide con lo escuchado por un servidor. Más bien todo lo contrario. La Plaza presenta un pavimento saneado -motivo por el que se ha remodelado-, pero el resultado estético es criticado por buena parte de los burgaleses consultados. Y es que, de no ser por las dimensiones, podría parecer la plaza de uno de los barrios de la ciudad.

Pero más allá del debate subjetivo sobre la valoración estética de la Plaza Mayor, las imágenes de otras ubicaciones homónimas en Segovia, Salamanca, León, Valladolid o Palencia evidencian esa falta de carisma de nuestra nueva Plaza Mayor. Las comparaciones son odiosas.

Segovia (arriba), Salamanca (izquierda) y Palencia (derecha)

Si bien, en lo funcional el granito puede mostrar sus bondades. Su mayor dureza evitará las constantes fracturas que se registraban con un clinker incapaz de soportar el continuo paso de vehículos de transporte. De ese lado, se evitarán las desagradables salpicaduras o de los tropiezos cuando se pisaba sobre una de los cientos de piezas sueltas. Además, su rugosidad también va a evitar muchos resbalones.

Por el contrario, el granito evidencia ser no solo un pavimento sucio, sino también difícil de limpiar. Con solo unos meses de uso en las primeras zonas que se remodelaron ya se aprecian notables manchas. Asimismo, paseando por la Plaza se puede apreciar que en algunas zonas el granito presenta diferencias sustanciales en sus tonalidades, algo que puede hacer pensar más en parches que en una remodelación integral.

Ni que decir tiene el contraste con su hermana Plaza de Santo Domingo, que esa sí presume, aunque parcialmente, de granito rojo Monforte. En definitiva, la Plaza Mayor no ha recibido la mejor solución estética, pero esperemos que sí técnica y el pragmatismo que aporta el granito se imponga en una Plaza Mayor con mayor longevidad.

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