Don Carnal llega en manga corta

Una treintena de colectivos y agrupaciones ponen el color a un Desfile de Carnaval caracterizado por el buen tiempo

El Desfile ha llenado de luz y color las calles del centro. /GIT
El Desfile ha llenado de luz y color las calles del centro. / GIT
Gabriel de la Iglesia
GABRIEL DE LA IGLESIABurgos

Este año, Don Carnal ha llegado en manga corta, cosa extraña en las tierras del Arlanzón, donde a veces es más sencillo ver paseando a un pingüino que a un paisano en sandalias. Pero el señor Carnal no ha venido solo, ni mucho menos. Junto a él, una auténtica amalgama de personajes, criaturas y objetos animados se han hecho con el control de las calles del centro histórico para dar la nota de color y animar a los burgaleses a disfrutar de unos días de locura antes de recogerse con motivo de la Cuaresma.

Por allí andaban los usuarios de Aspanias y del centro ocupacional el Cid, acompañados de demonios, brujas y una sardina gigante. Pobre sardina. Seguramente ignore lo que la depara el futuro a corto plazo. Su destino, lamentablemente, ya está escrito.

Pero mientras llega ese flamígero final, toca bailar, cantar y divertirse. Y de eso saben un rato la treintena de colectivos que este año han participado en el Desfile de Carnaval, que han vuelto a demostrar ingenio y cachondeo a partes iguales. Cazadores de fantasmas en miniatura, mimos, flores con su maceta incluida, vikingos tan fieros como adorables, un rebaño bien custodiado por un lobo muy poco feroz o un circo. Todo cabe en Carnaval.

También caben los personajes de 'Buscando a Nemo', Danny Zuko, Sandy Olsson y sus colegas de Grease, así como los miembros del equipo de ladrones de La Casa de Papel, que han pasaban por Burgos de camino al Banco de España. Algún superhéroe, un par de minions, varios piratas, señales de tráfico e incluso cuadros de Velázquez y Van Gogh han paseado por El Espolón, donde miles de personas se agolpaban para disfrutar de la música, el color y la imaginación. Y para cazar algún caramelo, claro. El problema es que alguno se ha llevado harina, en vez de dulces.

Y para rematar la faena, disco móvil en la Plaza Mayor, a donde ha ido a desembocar toda la comitiva apenas una hora después de arrancar. A partir de ahí, cada mochuelo a su olivo. Y a disfrutar del Carnaval en manga corta, al menos los más valientes. Hace bueno, sí, pero tampoco hay que venirse arriba, que estamos en febrero.

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