Desarticulada una banda de georgianos a la que se le imputan más de 50 robos en viviendas de Burgos

El grupo fabricaba sus propias ganzúas. / GIT

Se ha detenido a los cuatro integrantes de la banda asentados en Burgos, que ya han entrado en prisión provisional | Manejaban diferentes tipos de técnicas para entrar en los domicilios | La operación continúa abierta

Gabriel de la Iglesia
GABRIEL DE LA IGLESIABurgos

A veces un objeto cotidiano, por muy nimio que parezca, puede servir para desenmarañar la madeja y 'cazar' a los malos. Incluso pueden ser unas zapatillas. Prueba de ello es la reciente operación Cátedra, mediante la que la Policía Nacional ha conseguido desarticular una banda vinculada a la mafia georgiana y especializada en robos de viviendas a la que se le imputan al menos 52 hechos delictivos solo en Burgos. De momento, se ha detenido a cuatro personas, que ya han ingresado en prisión provisional, aunque la operación no está cerrada y no se descartan nuevas detenciones y/o la vinculación de la banda con otros robos fuera de la ciudad.

La investigación comenzó en el último trimestre del año pasado, cuando la Policía Nacional detectó un significativo incremento de robos en domicilios, fundamentalmente en la zona sur de la ciudad, así como en entornos del G-2 y el G-3.

Desde un primer momento se sospechó de sendas mafias georgianas similares a las desarticuladas meses atrás en las operaciones 'Esponja' y 'Supergen'. Sin embargo, la investigación en esta ocasión fue incluso más compleja. Y es que, a pesar de que todos los robos presentaban signos similares, el acceso a las viviendas se realizaba de diferentes maneras y no seguían un patrón exacto.

La banda utilizaba diferentes técnicas para abrir las puertas de las viviendas que robaban

Esta circunstancia hizo pensar a los agentes en un primer momento que no se trataba de la misma banda. No obstante, tras una profunda investigación, los agentes pudieron establecer vínculos con todos los robos, confirmando que la banda dominaba diferentes técnicas (bumping, apalancamiento, ganzuado e impresioning) que utilizaban en función de las características de cada robo.

En todos los casos, los integrantes del grupo delictivo elegían sus objetivos, que siempre eran viviendas desocupadas o deshabitadas. Para ello, en muchas ocasiones practicaban marcas con hilos de pegamento en los marcos de las puertas. Una vez seleccionados varios objetivos, la banda actuaba con rapidez y en apenas unas horas realizaban varios robos.

En general, se llevaban objetos pequeños y rápidos de colocar en el mercado negro, como joyas o aparatos electrónicos. De hecho, la Policía ha establecido conexiones directas de la banda con la cúpula de la mafia georgiana, donde se enviaban los beneficios de los robos.

Dicha conexión permitió a los agentes centrar su investigación en un individuo concreto, a la sazón el jefe del comando burgalés. Tras establecer una vigilancia y seguimiento especial, se consiguieron algunas imágenes del sujeto, que utilizaba hasta cinco identidades diferentes, según se ha podido comprobar posteriormente.

Las zapatillas delatoras

El problema es que, una vez identificado había que localizarlo. ¿Cómo? A través de las zapatillas. Y es que, en las imágenes de una cámara de seguridad recuperadas por la Policía, el sospechoso calzaba un modelo de zapatillas muy específico y tremendamente difícil de adquirir en Burgos. Gracias a esa imagen y a un despliegue policial de cierta entidad, los agentes consiguieron al fin localizar al sospechoso.

Éste llevaba un tiempo residiendo en Burgos y era el que proporcionaba la infraestructura necesaria para que el resto de células itinerantes de la mafia georgiana se asentasen temporalmente en la ciudad. El hombre vivía en un domicilio de la zona sur de la ciudad con un mujer y su hijo de cuatro años de edad.

Tras varios seguimientos, los investigadores detectaron una reunión de los diferentes miembros de la banda en dicho domicilio y, sospechando que estaban preparando una nueva oleada de robos, decidieron actuar y detener a los cuatro. Además, se practicó un registro en la vivienda, donde se encontró y desmanteló un taller para la fabricación artesanal de todos los elementos necesarios para abrir las puertas de las viviendas objeto de los robos.

Con todo, a los cuatro detenidos (tres hombres y una mujer), se les atribuyen hasta 52 robos solo en Burgos capital y están acusados también de asociación ilícita e infracción de la ley de extranjería.