Emoción contenida en el Santo Entierro

Miles de burgaleses acompañan a las cofradías y hermandades de la ciudad en la multitudinaria procesión que despide al Cristo Yacente

Gabriel de la Iglesia
GABRIEL DE LA IGLESIABurgos

Devoción e introspección. Miles de burgaleses y forasteros han acompañado esta noche a las cofradías y hermandades de Semana Santa en uno de los momentos cumbre de la Pasión burgalesa: el Santo Entierro. Un momento en el que el centro de la ciudad prácticamente se paraliza al paso de la multitudinaria comitiva, que marcha pausada para acompañar al cuerpo de Cristo camino a la sepultura.

Previamente, el Cristo Yacente era trasladado al Santo Sepulcro desde la capilla del Corpus Christi de la Catedral, donde reposaba tras morir en la cruz. Representantes de todas las cofradías participantes en el Santo Entierro acompañaban a los cofrades de la Hermandad del Santo Sepulcro, quienes portaban a hombros la talla del Yacente, entre antorchas y un silencio litúrgico solo roto por el trsite sonido de la campana con la que se anuncia el paso.

Un paso que finalziaba, como es habitual, en el Santo Sepulcro, situado en pleno corazón de la plaza de Santa María. Allí, a los pies de la Catedral, los cofrades de la Hermandad volvieron a depoostiar la talla del Cristo Yacente en el interior del Santo Sepulcro, adornado para la ocasión con un manto de flores rojas.

Suyo era el protagonismo en una jornada en la que todas las cofradías y hermandades de la ciudad se volvían a dar cita para desarrollar una de las procesiones más emotivas de la Semana Santa burgalesa, como es la del Santo Entierro. Una procesión que arrancaba minutos antes de las 21 horas desde Nuño Rasura y encaraba la plaza del Rey San Fernando, atravesando posteriormente el Arco de Santa María para enfilar hacia el barrio de Vega y regresar a los pies de la Catedral por la calle Santander y La Paloma.

Con paso lento, parsimonioso, las tallas de las diferentes cofradías avanzaan al ritmo de tambores y cornetas, rodeadas de miles de silencios particulares, convertidos en un respetuoso silencio conjunto. Cerrando la comitiva iba, como manda la tradición, el Cristo Yacente, camino de un desrtino escrito. Un destino queb transformará la pena en alegría el próximo domingo.