Las heridas de la Guerra Civil en el periodismo burgalés

Varios de los autores del libro minutos antes de su presentación. /GIT
Varios de los autores del libro minutos antes de su presentación. / GIT

Nueve periodistas e investigadores publican el libro 'La prensa en Burgos durante la Guerra CIvil', un estudio pormenorizado de las consecuencias de la contienda | Ocho periodistas españoles y uno francés fueron ejecutados en Burgos durante el enfrentamiento

Gabriel de la Iglesia
GABRIEL DE LA IGLESIABurgos

Burgos fue una de las grandes capitales del alzamiento militar de 1936 y se convirtió durante varios años en una plaza fuerte del régimen. Una plaza en la que la presencia de periodistas nacionales y corresponsales extranjeros fue cosntante. Y las heridas generadas por la contienda también fueron muy profundas en la prensa.

Así lo relata el libro 'La prensa en Burgos durante la Guerra Civil', un estudio pormenorizado de los avatares que sufrieron los numerosos periodistas españoles y corresponsales que cubrieron la contienda y que ha sido presentado esta misma mañana en el Palacio de la Isla, hoy sede del Instituto Castellano y Leonés de la lengua y otrora palacio personal de Franco. La publicación es fruto del trabajo de investigación desarrollado durante los últimos meses por nueve periodistas e investigadores coordinados por José María Chomón y Clara Sanz, entre ellos la periodista de BURGOSconecta Patricia Carro.

Todos ellos han buceado en archivos y fuentes documentales buscando información sobre cómo se vivió y transmitió el conflicto, consiguiendo sacar a la luz numerosos documentos hasta ahora inéditos y pudiendo certificar que la guerra y el régimen militar provocaron muchas heridas.

De hecho, el libro documenta la ejecución en Burgos de hasta nueve periodistas durante la guerra, ocho de ellos españoles y otro francés. Julio Martínez Palacios, Antonio José Martínez Palacios, Antonio Pardo Casas (los tres burgaleses), Luis Díaz Carreño, Fernando Sánchez Monreal, Federico Angulo Vázquez, Manuel Carrasco y Formiguera, José Luis Sainz Barrón y el periodista francés André Neumann fueron las víctimas directas en la ciudad.

A todos ellos se les suman otros nombres de burgaleses o trabajadores de medios de la provincia, como Pedro Díez Pérez, ejecutado en Asturias por los nacionales, Ángel García Vedoya, Ricardo Gómez Roji, Miguel Martínez de Setién y Ramiro Ruiz de Dulanto, ejecutados en territorio republicano.

Férreo control

En definitiva, una retahíla de ejecuciones que dan buena muestra de férreo control que se intentó ejercer sobre la prensa durante el conflicto. De hecho, el libro relata cómo nació en Burgos la Comisaría de Propaganda y Prensa, que fue el germen de la posterior Oficina de Prensa y Propaganda del régimen.

Sus responsables fueron protagonistas de la censura y el control al que se intentó someter a los periodistas, tanto nacionales como internacionales, que cubrieron el conflicto. Según explica Chomón, «había una estructura absolutamente jerárquica y militarizada de control de los corresponsales extranjeros y los contenidos» que enviaban a sus medios. El control llegaba a tal punto, añade, que en muchos casos se «infiltraba» a censores en los círculos periodísticos para investigar las filias y fobias de cada uno, y, llegado el caso, establecer una barrera a sus informaciones.

Unas informaciones que, eso sí, han sobrevivido al paso del tiempo. Al menos algunas. Y es que, los autores del libro han sacado a la luz las 'Crónicas del Norte y Londres', una serie de legajos periodísticos que quedaron abandonados en el hotel Norte y Londres de la capital, situado a escasos metros de la Capitanía General del Ejército y lugar de encuentro de corresponsales. Entre las crónicas localizadas han aparecido algunas de Kim Philby, un periodista que fue condecorado por Franco, pero que actuaba como agente secreto de la Unión Soviética.

El libro también profundiza sobre el efecto del conflicto sobre los propios medios, ahondando en la relación entre el régimen y la Agencia Efe -fundada en Burgos-, el Castellano, el Diario de Burgos, la revista Burgos Gráfico o radio Castilla, considerada entonces altavoz de los sublevados.

 

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