La nueva escuela infantil de Río Vena estará operativa en 2020

El proyecto básico está prácticamente concluido/GIT
El proyecto básico está prácticamente concluido / GIT

La semana que viene se aprobará el estudio de detalle de un proyecto que supondrá la inversión de 1,4 millones de euros

Gabriel de la Iglesia
GABRIEL DE LA IGLESIABurgos

El proyecto de la nueva escuela infantil de Río Vena va quemando etapas. Esta mañana, el alcalde, Javier Lacalle, acompañado de los arquitectos Luis García Camarero y Jairo Rodríguez, ha presentado los detalles de una infraestructura que supondrá una inversión de alrededor de 1,4 millones de euros y que se confía en tener operativa a mediados de 2020.

Esa es al menos la previsión que maneja el equipo de Gobierno, que la próxima semana aprobará el estudio de detalle del proyecto en Junta de Gobierno. A partir de ahí, el expediente deberá pasar por el Pleno para poder dar luz verde con posterioridad al proyecto de ejecución. De cumplirse los plazos previstos, en el último trimestre de este año se procederá a licitar y adjudicar las obras para que los trabajos materiales puedan dar comienzo en 2019.

En principio, el plazo de ejecución se ha establecido en una horquilla de entre 12 y 14 meses, por lo que la obra podría estar concluida a principios de 2020. Paralelamente, ha recordado Lacalle, se deberá tramitar el concurso para el equipamiento con el objetivo de tener operativo el nuevo centro para el curso 2020/2021.

Eficiencia energética

El edificio, de 800 metros cuadrados, prestará servicio a 102 niños de entre 0 y 3 años repartidos en 7 aulas diferentes en función de la edad. Además, también contará con espacios abiertos, una cocina, un comedor, una sala de lactancia, sendas salas de usos múltiples, cuatro espacios de recreo al aire libre y un aparcamiento.

Y todo ello planificado según los más estrictos criterios de eficiencia energética. De hecho, la escuela infantil de Río Vena, que será la cuarta de titularidad municipal en la ciudad, será el primer edificio público de Burgos en contar con el certificado 'Passive House', esto es, que tendrá consumos energéticos «casi nulos». Se trata, según Lacalle, de una iniciativa realizada «por convicción», pero que responde también a la línea normativa que se viene estableciendo al respecto en los últimos años.

Para ello, el equipo de arquitectos encargados de la redacción del proyecto han planteado una serie de soluciones técnicas enfocadas a minimizar el consumo. Así, se han incrementado los aislamientos, que en algunos puntos llegarán hasta 35 centímetros, se han creado espacios herméticos y se ha aprovechado al máximo la orientación. Todos esos planteamientos encarecerán «entre un 10% y un 15%» el coste de construcción, pero permitirán «importantes ahorros energéticos» que podrían alcanzar «el 70% o el 75%» de la factura normal, según Lacalle.

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