El rosco de San Lesmes, alimento de los burgaleses durante un día

Se han instalado casetas para vender panecillos de San Lesmes/CLR
Se han instalado casetas para vender panecillos de San Lesmes / CLR

Durante la celebración del patrón de Burgos se han repartido un total de 7.250 panecillos saldaos y dulces

Cristina López Reques
CRISTINA LÓPEZ REQUESBurgos

Cada año, los burgaleses marcan en el calendario el último domingo de enero. El motivo, la festividad de su patrón, San Lesmes Abad. Y sin duda, uno de los gestos más repetidos durante este día es la venta de panecillos dulces y salados.

Durante la festividad se han vendido 2.250 panecillos salados y 5.000 dulces

Los roscos están muy presentes durante toda la celebración. Durante la misa ofrecida en honor a San Lesmes, en la iglesia que lleva su nombre, el arzobispo de Burgos se encarga de bendecir este alimento, que primero han reposado junto al patrón, en el centro del tempo. Las reinas de las fiestas y de las peñas, así como otras niñas, presentan los roscos como ofrenda y los van entregando al arzobispo, quien los bendice y los deposita en una cesta.

Sin embargo, es tras la liturgia cuando los panecillos se convierten en los verdaderos protagonistas. Así, cada año, la Plaza de San Juan se transforma en infinitas colas de gente que esperan para conseguir uno de los roscos en las casetas instaladas para su venta. Y no son pocos. Este año, de hecho, se han repartido unos 2.250 panecillos salados y otros 5.000 dulces.

La hermandad de Adelmus es la encargada en la actualidad de vender los panecillos, como una forma de obtener ingresos para cubrir sus actividades. Sin embargo, hace más de mil años ya hubo quien repartió este alimento entre la población. Se trata del propio Lesmes, el santo que alimentó a los pobres con pan y atendió a peregrinos y enfermos. La leyenda cuenta que repartía tantos roscos que la gente pensaba que hacía milagros con el alimento para que nunca se le acabara.

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A raíz de ahí, fue la ciudad la que tomó el relevo de San Lesmes. Tiempo después, recuperando parte de tradición, los burgaleses comenzaron a llevar el pan al sacerdote de la iglesia en el día del patrón para que fuera bendecido, para así poderlo entregar a algún enfermo o persona que más lo necesitara. Sin embargo, otra costumbre, que continúan hoy en día, es guardar el pan bendito en casa, colgándolo en alguna estancia como un sacramental.

El Rosco de San Lesmes

Al reparto de los panecillos se une el Rosco tradicional, el pastelero. Un rosco que también tiene años de historia. En concreto, más de 30, cuando en Burgos se quiso elaborar un dulce tradicional. Para ello se organizó un concurso en el que participaron las confiterías de la ciudad. Y el premio se lo llevó el dulce de hojaldre relleno de crema o nata.

De textura crujiente, tiene un delicioso sabor por la mantequilla y el huevo que incorpora. En su interior esconde un báculo de San Lesmes y, siguiendo la tradición, quien lo encuentra, debe pagar el rosco. De brillante superficie, debido al baño de gelatina de albérchigo que lo hace muy apetitoso. Un dulce que no falta en las casas burgalesas durante la festividad del patrón.

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