Investigadores de la UBU desarrollan una técnica para medir la presencia de colorantes alimentarios

Investigadores del grupo 'Quimiometría y Cualimetría' de la UBU. De izda a dcha. Silvia Sanllorente, Laura Rubio, María Cruz Ortiz y Luis Antonio Sarabia. /UBU
Investigadores del grupo 'Quimiometría y Cualimetría' de la UBU. De izda a dcha. Silvia Sanllorente, Laura Rubio, María Cruz Ortiz y Luis Antonio Sarabia. / UBU

Este método, fácil y económico determina simultáneamente dos colorantes alimentarios, la cochinilla y la eritrosina, que utilizados por encima de sus dosis permitidas pueden causar efectos negativos en la salud

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Investigadores del grupo 'Quimiometría y Cualimetría' de la Universidad de Burgos han desarrollado una metodología eficaz para identificar y cuantificar la concentración de dos tipos de colorantes alimentarios en las cerezas de cóctel: cochinilla y eritrosina (colorantes carmín y rojo violeta). Este método, basado en la detección de la fluorescencia natural de los compuestos colorantes, es «una manera rápida, barata, sencilla y no requiere alta capacitación del analista», tal como afirma Mª Cruz Ortiz, investigadora principal del proyecto.

Este proceso obtiene señales fluorescentes de los colorantes y las somete a un complejo tratamiento para descomponer y separar claramente la señal de cochinilla (colorante natural E-120) de la de eritrosina (colorante sintético E-127). Dicho tratamiento, denominado PARAFAC, analiza los datos, identifica los compuestos y cuantifica en qué cantidad se encuentran en la muestra. Esto soluciona el inconveniente de que en ocasiones la fluorescencia de una sustancia modifica la de otra presente en la muestra, lo que provoca, por ejemplo, que la cantidad de eritrosina pueda parecer menor de lo que realmente es al encontrarse en presencia de cochinilla.

La industria alimentaria suele añadir colorantes naturales o sintéticos porque el color es una de las propiedades más importantes de los alimentos y afecta a la decisión de compra del consumidor. Los investigadores probaron esta metodología con fluorescencia en cerezas de cóctel y observaron que tenían 185,1 miligramos por kilo de cochinilla y 10,8 miligramos por kilo de eritrosina. Dado que un abuso de estos colorantes pueden causar efectos negativos en la salud, la Unión Europea ha establecido los límites máximos permitidos de estos aditivos alimentarios en 200 miligramos por kilo (0,2 gramos por kilo) para la cochinilla en conservas de frutos rojos, mientras la eritrosina solo está permitida en cerezas de cóctel hasta un límite máximo de 200 o 150 miligramos por kilo, dependiendo del tipo de cerezas.

En este artículo, publicado en la revista 'Talanta', han colaborado los investigadores de la Universidad de Burgos, Laura Rubio, Silvia Sanllorente, Luis Antonio Sarabia y María Cruz Ortiz.