Universidad de Burgos (UBU)

Un reconocimiento con el que romper barreras 

Victoria Abad es una de las finalistas del Premio Talgo a la excelencia profesional de la mujer en Ingeniería/ICAL
Victoria Abad es una de las finalistas del Premio Talgo a la excelencia profesional de la mujer en Ingeniería / ICAL

La profesora de la UBU Victoria Abad es una de las 25 mujeres finalistas al Premio Talgo a la excelencia profesional de la mujer en la Ingeniería  

NOELIA MARISCAL/ ICAL

Desde el primer momento que se le comunicó que era una de las 25 finalistas al Premio Talgo, la profesora titular de la Escuela Politécnica Superior de Burgos Victoria Abad San Martín se mostró convencida de que optan al premio «mujeres mejores», y señaló que para ella es «bastante» estar nominada. El galardón impulsado por la Fundación Talgo, celebra su primera edición este año y busca reconocer el esfuerzo y el talento profesional de aquellas mujeres que destacan en el campo de la ingeniería.

La ganadora se conocerá el próximo jueves 27 de junio, en una gala tendrá lugar en Madrid, y que premiará con 25.000 euros a la vencedora, con el reto además de contribuir a superar la barrera de la desigualdad que existe entre hombres y mujeres, así como fomentar y valorar la relevancia e importancia de la mujer en la ingeniería y la industria y reconocer su trabajo y dedicación.

Una convocatoria de premios la cual Abad conoció gracias a su trabajo en la Universidad de Burgos (UBU) y cuya candidatura fue presentada por el director de la Escuela Politécnica Superior de la institución académica, Miguel Ángel Mariscal.

Abad, que ostenta el título de Doctora en Ingeniería Industrial, trabaja actualmente en el área de Ingeniería Eléctrica del centro universitario burgalés, donde imparte clase a jóvenes. Una labor que compagina con la investigación centrada en la simulación de motores eléctricos para vehículos híbridos. Además es responsable del proyecto 'Quiero ser ingeniera', que organiza la Escuela Politécnica con el Instituto de la Mujer e Igualdad de Oportunidades. Un proyecto que se centra en «animar a las niñas en edades tempranas (2º , 3º y 4º de la ESO)» para que estudien carreras de ingeniería.

«Incluso todavía habría que empezar antes», señala la profesora, «aproximarlas a distintas experiencias y talleres para que ese mundo no les resulte una cosa oscura y lejana». Lo que ocurre es que muchas de ellas «ni siquiera lo intentan», cuenta, ya que ven este tipo de estudios como algo muy aislado.

En relación a los proyectos que se llevan a cabo en la ciudad burgalesa, con el objetivo de acercar las materias STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) a las niñas, Abad considera que deberían «unificarse» en uno, puesto que al existir tantos en una misma zona el número de participantes se diversifica. «Está un poquito revuelto», indica. Sin embargo no considera que se le tenga que dar más visibilidad de la que se le está dando actualmente, aunque afirma que «siempre se puede hacer más».

«Es muy difícil entender sociológicamente por qué se produce este fenómeno», destaca Abad, «hace 20 años comenzó a haber un pequeño ascenso de mujeres que estudiaban ingenierías, pero en los últimos diez años ha vuelto a descender». Hoy en día los colegios si que incorporan asignaturas y temarios relacionados con la tecnología, pero «no es suficiente», asevera, por lo que la mayoría de las niñas acaba inclinándose por otras ramas educativas.

Dentro de la universidad, en torno al 15 por ciento de las jóvenes se matriculan en carreras de ingeniería, y dentro de ese ámbito, son menos las mujeres en carreras de Informática o Ingeniería Mecánica, y más en Arquitectura Técnica o Ingeniería de Organización Industrial, apunta la profesora.

Personalmente, Abad afirma no haber experimentado problemas en el desarrollo de su carrera profesional por el hecho de ser mujer, aunque señala que en sus inicios laborales siempre pretendió «trabajar en la industria», aunque no lo consiguió. «Ahí creo que era por ser mujer», opina, pero posteriormente, tras su introducción en el mundo universitario como docente, nunca sufrió ningún tipo de desigualdad. «En la universidad no hay discriminación en absoluto, la igualdad para mí siempre ha sido total», concluye.