Castilla y León capta escaso capital privado y eso lastra su progreso

Vecinos en un pueblo de Zamora./EL NORTE
Vecinos en un pueblo de Zamora. / EL NORTE

La Fundación BBVA advierte de que la mejora de la renta per cápita y de la productividad se sustenta en la pérdida de población

Ángel Blanco Escalona
ÁNGEL BLANCO ESCALONAVALLADOLID

Se conoce como acumulación de capital al resultado del esfuerzo inversor mantenido a lo largo del tiempo. España tiene unas dotaciones de capital –activos productivos duraderos, como infraestructuras, naves y locales comerciales, maquinaria, equipos informáticos, etc.– gracias a las cuales se sitúa en la franja alta de los países desarrollados, según la base de datos macroeconómicos de la Comisión Europea. Sin embargo, presenta algunas carencias de productividad, es decir, de aprovechamiento y eficiencia en el uso de esos recursos. Esta es una de las conclusiones del informe 'Ciclo económico. Acumulación de capital en España y crecimiento regional (en el siglo XXI)', elaborado por la Fundación BBVA y el Ivie, que destaca que Castilla y León ocupa el lugar de cabeza en lo que se refiere a captación de inversiones de capital público en relación con sus habitantes, pero que sin embargo no es capaz de atraer el privado. Mientras sobresale su dotación en infraestructuras, la comunidad adolece de equipos de transporte y activos tecnológicos de información y comunicaciones (TIC). El estudio , que abarca el periodo 1995-2014, advierte de que la escasa captación de capital empresarial lastra el crecimiento, el empleo y el asentamiento de la población regional.

Con casi 2,5 millones de habitantes en el año de referencia (2014), que representan el 5,3% de la población española, Castilla y León produce el 5% del PIB. En la región, que ocupa el 18,6% de la superficie nacional, se localiza el 5,3% del empleo y el 5,9% del capital neto. La renta per cápita y la productividad del trabajo son algo inferiores a la media y la tasa de paro mucho menor que la del conjunto nacional. Su capitalización es superior a la media nacional cuando se toma como referencia la población, la ocupación o la producción.

En cuanto al capital por km2, los autores explican que «las dotaciones son escasas dada la enorme extensión de la región y su baja densidad de población y actividad». «Sus dotaciones de capital son mayores en el caso de las infraestructuras públicas, lo que puede estar relacionado con la extensión territorial. Estas alcanzan un peso en el conjunto español del 8,3%, menos de la mitad que la superficie de la región, pero el 65,7% superior al de su PIB. Las menores dotaciones de capital corresponden al equipo de transporte y los activos TIC, con porcentajes inferiores a su peso poblacional», detallan.

En cuanto al peso de Castilla y León en el capital neto español se ha reducido ligeramente desde 1995, hasta situarse por debajo del 6%. La mayor parte de los grandes agregados de capital han perdido cuota de participación en el total español, especialmente el equipo de transporte, los activos TIC y maquinaria y equipo. Tan solo las infraestructuras públicas y de capital residencial han aumentado su peso desde 1995.

La región encabeza la inversión pública por habitante, pero adolece de activos de transporte y TIC

Las dotaciones castellanas y leonesas de capital no residencial son superiores a su dimensión económica y demográfica en todos los sectores de actividad, excepto en el sector servicios privados, que además ha perdido peso en el total durante el periodo 1995-2014.

«Las dotaciones de capital de Castilla y León han mejorado (aunque con una intensidad inferior a la de otras comunidades) y reflejan una limitada capacidad de atracción de capitales, sobre todo privados, que influye en la evolución de la dimensión económica de la región y su capacidad de generar empleo y atraer población. En estas circunstancias, la mejora de los niveles de renta per cápita y productividad del trabajo se deriva en parte de la negativa evolución demográfica», concluyen.

Tipos de activos

Dentro de un área económica con elevada movilidad del capital financiero, como es el caso España, el elemento clave para la localización de la inversión no es tanto la capacidad de ahorro específica de cada territorio como la capacidad de atraer inversión y que los proyectos se realicen en una zona o en otra, advierten los economistas del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas.

Las tasas de inversión respecto al PIB de los territorios son muy diversas entre sí y a lo largo del tiempo: las diferencias entre comunidades a lo largo del periodo 1995- 2014 superan los catorce puntos porcentuales y entre provincias los 17 puntos.

La tasa de inversión media en España en el periodo 1995-2014 se sitúa en el 24,9% del PIB, con Castilla y León en sexta posición (26,3%). Los mayores valores son para Castilla-La Mancha (30,8%), Extremadura, Murcia y Canarias (28,2%).

Los datos muestran una capacidad de los territorios de atraer inversiones muy heterogénea y cambiante en el tiempo. «Este hecho es relevante ya que en el atractivo inversor se encuentra una clave fundamental para explicar el dinamismo económico y demográfico de los distintos territorios. Destacan los aumentos experimentados en el esfuerzo inversor de Castilla-La Mancha, de Murcia, La Rioja, Castilla y León o Galicia, con aumentos por encima de los tres puntos respecto al periodo previo (1964-1995).

Estos resultados, llama la atención el informe, «están condicionados en parte por el peso de la inversión residencial y el dispar patrón geográfico del boom inmobiliario, que marcó de modo importante el proceso de acumulación de capital en España durante el cambio de siglos y hasta la llegada de la última crisis».

Si relativizamos los datos y los ponemos en función de las dotaciones de capital neto total por habitante en los años 1995 y 2014, todos los territorios han experimentado incrementos importantes durante el periodo, aunque a distintos ritmos que se han traducido en algunos cambios significativos en las posiciones relativas. Así, Castilla y León, Castilla-La Mancha o Cantabria pasan a situarse por encima de la media nacional, una evolución opuesta a la de Canarias o la C. Valenciana. La nueva situación presenta menor desigualdad entre los extremos. En 1995, la comunidad con mayor capital per cápita, Baleares, superaba en el 84% a la de menor dotación, Andalucía. En 2014 la diferencia entre los extremos, Navarra y Andalucía, es del 52%.

Las diferencias de inversión entre comunidades a lo largo del periodo 1995- 2014 superan los catorce puntos porcentuales

Si se toman en consideración las dotaciones de capital en servicios públicos (rama de actividad compuesta por administración pública y sanidad y educación públicas), Castilla y León es líder en el acumulado del periodo 1995-2014.

Ysi el análisis se realiza en función del capital neto por tipo de activo, Cataluña lidera el ranking en vivienda, otras construcciones y maquinaria, mientras que Madrid lo hace en el resto de activos: equipos de transporte, activos TIC y todos los activos inmateriales (software, I+D y resto de activos inmateriales). «En definitiva, se observa una posición especialmente sólida y creciente de Madrid en la mayoría de tipos de activos más relacionados con la actividad productiva de las empresas. Es destacable que esto suceda en activos clave para la competitividad de una economía avanzada en la fase actual de desarrollo mundial, como son los activos TIC y los inmateriales, en particular los de I+D». Por el contrario, Cataluña pierde peso en todos los tipos de activos, «de modo ligero en otras construcciones, un activo muy vinculado a la inversión pública en infraestructuras y con especial intensidad en TIC, software, I+D y resto de activos inmateriales».

Otras evoluciones reseñables son la pérdida de peso del País Vasco y Castilla y León en maquinaria, activos TIC, software, I+D y resto de activos inmateriales.

 

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