La caza vuelve con el corzo

Gregorio, Mariam, Carlos, Nicolás, Goyo y Alejandro charlan sobre cómo se está desarrollando la jornada. /S. G.
Gregorio, Mariam, Carlos, Nicolás, Goyo y Alejandro charlan sobre cómo se está desarrollando la jornada. / S. G.

El 1 de abril empezó la temporada cinegética oficial tras la modificación de la norma

Silvia G. Rojo
SILVIA G. ROJOPeñaparda

El día amanece frío y lluvioso pero eso no son argumentos suficientes para que los cazadores se queden en casa. «Hemos empezado hoy la temporada y eso es algo que ni se plantea», comenta Gregorio Repilado que, junto con su hijo, Goyo y su sobrino Alejandro, llega a la finca de Perosín, en el término municipal de Peñaparda (Salamanca), para disfrutar de su afición. «Soy cazador desde que tengo uso de razón y mi hijo y mi sobrino vienen porque quieren, obligación no hay ninguna. Alguna vez se presentan con pocas horas de sueño pero son buenos cazadores tanto en la modalidad de caza mayor como de caza menor, respetuosos, como debe ser un cazador».

El madrugón también ha sido importante para Carlos del Cañizo y su compañera Mariam, a los que a las 4:30 horas les sonó el despertador en Salamanca pues «a las ocho hay que estar ya intentando empezar a andar», comentan.

Carlos dice que los días previos a la jornada de caza se viven igualmente con «ilusión» y no dejan nada a la improvisación. Todo el material está perfectamente revisado antes de comenzar. Eso sí, reconoce que este año, «hasta el último momento, hemos tenido dudas. Hace mucho tiempo que había hablado con los responsables del coto para cazar aquí pero no tenía nada claro que el 1 de abril se pudiera empezar, esperaba algo de retraso».

Ese precinto certifica que el aficionado tiene autorización para cazar un corzo.
Ese precinto certifica que el aficionado tiene autorización para cazar un corzo. / S. G.

Finalmente, tras la publicación en el Boletín Oficial de la modificación de la Ley 4/1996 o Ley de Caza en la Comunidad Autónoma de Castilla y León, aprobada primero por las Cortes regionales, la actividad cinegética ha vuelto a la normalidad tras las sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León. De este modo, la veda quedó abierta para cazar especies como el corzo, la cabra montesa, el jabalí o el zorro pasado 1 de abril, con el objetivo de conservar la naturaleza, proteger los ecosistemas y dinamizar las economías rurales. No se puede olvidar que, en la región, más del 88% de su superficie son terrenos cinegéticos y la mayor parte de los mismos, en torno a 78.000 kilómetros cuadrados, están constituidos bajo la figura de cotos privados de caza. El pasado año 2018 se cerró en la comunidad con 120.965 personas con licencia de caza en vigor.

Pero dejando de lado las últimas polémicas o los ataques que sufre la caza, el grupo de amigos está especialmente preocupado por el furtivismo. «Tiene que existir un mayor control en las carreteras», sugiere Gregorio y, de hecho, algunos de ellos se han visto obligados a hacer frente a esos furtivos que entran en los cotos privados libremente. En opinión de Mariam que, de momento solo acompaña a su pareja «aunque me siento totalmente cazadora», si la caza desapareciera «habría más furtivismo, siempre lo prohibido llama más la atención».

Accidentes

Además de esta problemática, plantean muchas otras como son los accidentes que causan estas especies cinegéticas y rápidamente tiran de teléfono para mostrar las pruebas. «Si no hay un control, el número de accidentes sería todavía mucho mayor o la transmisión de enfermedades a los cerdos o al ganado bovino», remarcan.

Este coto privado en el que ellos cazan cuenta con un plan técnico en el que se detallan la hectáreas, las especies que se pueden cazar, su estado de conservación y otra serie de aspectos que al final, se traducen en leyes internas que deben respetar.

Por ejemplo, en el caso del corzo es la Junta la que concede un número concreto de precintos por coto y de ahí, no se pueden salir.

Nicolás Galán se lamentaba en este primer día de no haber disparado a un buen ejemplar. «Siempre tienes dudas de si tirar o no porque en el momento que gastes tu precinto, ya no puedes disparar en toda la temporada ningún corzo más. Yo he visto hoy uno muy bueno pero al ser el primer día no he tirado, a lo mejor no lo vuelvo a ver porque los animales tienen muy desarrollado el instinto de supervivencia, debe ser así, y rápidamente se orientan de que estás por aquí».

Gregorio apoya esa teoría con más argumentos: «Matar un corzo es muy complicado, ahora los robles no tienen hojas y se ve más pero en uno o dos meses no se ve nada pero ellos sí te ven a ti, Es su defensa».

Entre la caza mayor y la menor recuerdan que hay muchos cazadores que practican ambas modalidades pero parece ser que la segunda está en peor situación. «No se ha gestionado bien, han aparecido enfermedades en los animales y también están las condiciones que favorecen más a la caza mayor, la mecanización del campo la ha sufrido la caza menor», reflexiona Carlos del Cañizo. Concluyen que esta actividad es un revulsivo económico importante para el medio rural, «en pueblos como el mío de 200 habitantes, los fines de semana vienen cazadores del norte que dan vida», finaliza Galán.