Los centros especiales de Valladolid se movilizan para evitar un posible cierre

Colegio de Educación Especial El Pino de Obregón. /El Norte
Colegio de Educación Especial El Pino de Obregón. / El Norte

Padres de los 400 niños discapacitados que acuden a estas escuelas se concentran el 23 de febrero contra «esta injusticia»

EVA ESTEBANValladolid

El hijo de la vallisoletana Marta Posadas padece una enfermedad rara. Tanto, que no tiene «ni nombre ni diagnóstico». Hasta hace «unos meses», Álvaro no caminaba ni masticaba. Tampoco sonreía ni se comunicaba. «Fue muy duro; estuvo comiendo purés triturados con biberón hasta los cinco años y hasta hace poco se atragantaba comiendo con cuchara», reconoce Marta. Ahora, con siete años, y «gracias a la espléndida labor de los profesionales» que le cuidan, su hijo puede hacer todo aquello que los médicos cuestionaron hace años. «Álvaro sigue sin hacer muchísimas cosas, pero sabemos que en las horas escolares está potenciando sus capacidades al máximo con amor, cariño e ilusión», argumenta esta madre.

A los tres meses de nacer, sus padres, conscientes de los cuidados que requería su hijo, fueron «a por todas». Una vez llegado el momento de la escolarización, tuvieron «clarísimo» que lo que Álvaro precisaba era un centro especializado. Entonces apareció el Colegio de Educación Especial El Pino, en la capital vallisoletana, que atiende a niños con necesidades educativas permanentes y que precisan apoyos extensos. En la actualidad, son varias las escuelas privadas especializadas que operan en Valladolid. Entre ellas, cabe destacar el Colegio de Educación Especial Obra Social Santuario, el centro San Juan de Dios y los tres dependientes de la Fundación Personas, ubicadas en la calle Tórtola, Camino Viejo de Simancas y Paseo de Obregón.

Primer centro público

Pero desde este viernes serán uno más. El Centro de Educación Especial Número 1 abrirá sus puertas este día en la calle Joaquín Velasco. Se trata de la primera iniciativa pública de estas características puesta en marcha por la Junta de Castilla y León en la provincia. Y lo hará acogiendo a una décima parte del alumnado (a día de hoy 92 niños) que requiere una educación especial en la comunidad. Estos centros, como los otros centros de educación especial que en España atienden a cerca de 37.000 niños, podrían estar amenazados si siguen adelante las propuestas que hay para cerrarlos e integrar a sus alumnos en los centros ordinarios en busca de una educación cien por cien «inclusiva». Solo en Valladolid, hasta 400 niños podrían verse afectados, tal y como aseguran miembros de la Asociación de Madres y Padres (AMPA) de El Pino. Por todo ello, y «antes de que sea demasiado tarde», estos padres coraje han decidido 'rearmarse' y movilizarse ante lo que ellos consideran «una verdadera injusticia». «No estamos en contra de la escolarización en centros ordinarios, ni muchísimo menos, lo que queremos es que haya sitios donde puedan aprender y desarrollar sus capacidades», sostiene Marta.

La Consejería de Educación asegura a las familias que garantizará el «derecho a elegir»

Así, y como no confía «nada» en que ese trabajo «tan increíble se pueda trasvasar de la noche a la mañana a un centro ordinario», han convocado una movilización para el próximo 23 de febrero. «No es una guerra entre educación especial e inclusiva. Lo que queremos es simplemente mantener las cosas como están hasta ahora, que los padres podamos elegir dónde llevar a nuestros hijos», incide Luis Ramírez, otro padre miembro del AMPA de El Pino.

Las posibilidades de que esto ocurra «están ahí», aunque hace apenas quince días, la Consejería de Educación y el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad en la comunidad (CERMI) mandaron, a través de un comunicado conjunto, un «mensaje de tranquilidad» a las familias y aseguraron que es «prioritario garantizar el derecho a elegir».

Los testimonios
«Es duro, pero mi hijo sería un mueble en esos centros»
Marta Posadas. / El Norte

Marta Posadas lo tiene claro. Si se cierran los centros especializados, a su hijo Álvaro le «destrozarían la vida». Ahora, dice, va al colegio «inmensamente feliz». Sus profesores le enseñan «poco a poco», en función de sus capacidades, y se siente completamente integrado entre sus compañeros. «Es duro, pero en un centro ordinario mi hijo sería un mueble. No quiero que me le entretengan, que para eso ya tiene una vida muy inclusiva con sus familiares y amigos».

«Los profesores no saben cómo tratar con nuestros hijos»
Luis Ramírez. / El Norte

David Ramírez tiene trece años y padece el síndrome de Trastorno de Déficit de Atención (TDH). Sin embargo, empezó «a vivir» hace año y medio, cuando sus padres, «hartos» del trato que recibía en un colegio ordinario de Valladolid, decidieron trasladarle a uno privado especializado. «Mi hijo iba a clase llorando, estresado, no aprendía nada. Los niños no querían jugar con él en el patio y los profesores no sabían como tratarle», asegura Luis Ramírez.