Una nueva ley exigirá titulación a los monitores de los gimnasios de Castilla y León

Un joven, en un gimnasio de Valladolid en una foto de archivo. /R. O.
Un joven, en un gimnasio de Valladolid en una foto de archivo. / R. O.

Las Cortes respaldan la iniciativa, que fija un periodo de seis años para obtener la acreditación oportuna

E. ESTEBAN / P. ORTEGA Valladolid

Los monitores de gimnasio, «de moda» desde «hace tiempo» en Castilla y León, son desde el pasado miércoles una profesión regulada. Así lo ratificó el pleno de las Cortes tras comprobar y evaluar el dictamen de la Comisión de Cultura y Turismo, que hacía hincapié en la «necesidad de un nuevo marco jurídico para el deporte castellano y leonés». Es «sin duda» una «buena noticia» para el sector, y es que, según confirma el gerente del Colegio de Educadores Físicos de Castilla y León (Colef ), Javier Díaz, llevaban «varios años» batallando para que esta regulación se llevara a efecto. «Estamos satisfechos y contentos de que se reconozca nuestra posición. Ahora la ley estará actualizada a la realidad, que no es más que entender el deporte ya no como una práctica competitiva donde se consiguen medallas, sino como una actividad para el ocio y la salud», argumenta.

Así, el objetivo es garantizar que Castilla y León «se amolde» a esta nueva realidad: el deporte como ocio y contribución a la salud de los ciudadanos. Por ello, entienden que la clave para que los usuarios puedan disfrutar plenamente de sus derechos es contratar a personas perfectamente cualificadas que guien a los consumidores en su actividad. «Nosotros hemos estudiado y nos hemos formado para poder hacerlo. No es justo que ahora lleguen otros que quizás ni siquiera se han formado y ocupen tu puesto de trabajo. Era para lucha contra ello y dar nuestra postura», incide.

Intrusismo

Hasta la fecha, tal y como apunta Díaz, «cualquier persona, con más o menos experiencia y formación» podía ejercer la profesión de monitor de gimnasio. Esta situación les provocaba «rabia» e «indignación», pero eran conscientes de que sus mejores armas para acabar con esta situación «desagradable» pasaban por adoptar ideas y estrategias a nivel nacional. Así, en 2014, y siguiendo el ejemplo de comunidades como Cataluña, La Rioja o Extremadura, comenzaron a llevar a cabo «proyectos estratégicos para conseguirlo». Sin embargo, el vacío legal existente hasta el pasado miércoles, «la falta de normas», era el principal obstáculo que se cruzaba en su camino hacia la regulación oficial. «Técnicamente, como no había una ley que lo regularizara, no se podía hablar de intrusismo laboral pero, a partir de ahora, sí que podremos hacerlo», sostiene el gerente.

Aunque asegura desconocer el «punto de inflexión exacto» que marcó un antes y un después en el auge de la profesión de monitor deportivo, ya que este intrusismo «ha sido meramente progresivo», Díaz sitúa este origen en las recomendaciones que hicieron los profesionales sanitarios de hacer ejercicio físico como medio para paliar enfermedades, «sobre el año 2014». «Notamos un cambio brusco, y los datos nos dan la razón. Cada euro que el Estado y la Administración autonómica inviertan en el ejercicio físico como medicina, se podrán ahorrar hasta 50 euros en curar enfermedades». «Es un dato muy significativo que dice mucho de la profesión», apostilla.

Desde el pasado miércoles, los profesionales del deporte pueden dormir tranquilos. Saben que ahora, con la nueva Ley de Actividad Físico-Deportiva, quienes quieran ejercer la profesión deben presentar un título o certificado que acredite su capacidad para realizarlo. En este sentido, todos aquellos monitores que en los últimos diez años hayan trabajado en alguna de las ocupaciones reguladas, tendrán seis años para obtener y acreditar la cualificación.

Aisgnaturas pendientes

De forma más concreta, en el Título VII, este nuevo reglamento aborda por primera vez en dieciséis años la «regulación de la actividad físico-deportiva» en la comunidad. «Podían haberlo incluido como un apartado o un capítulo, pero decidieron incluirlo como título, y eso dice mucho del interés que prestaron» los políticos, dice. En este sentido, y aunque asegura que «el objetivo principal lo hemos conseguido», Díaz reconoce que aún quedan asignaturas pendientes por alcanzar. «Ya solo su mera existencia quiere decir que se quieren regular estas profesiones, que son beneficiosas». Es el caso de la regulación «específica» en lo relativo a «todo lo relacionado» con el director y entrenador deportivo. «Ya hemos conseguido mucho, pero tenemos la esperanza de que en el reglamento se incluyan estos aspectos, ya que consideramos que deben ampliarse».

Apuntarse al 'gym' en enero y darse de baja en febrero

Febrero. Mes decisivo para el destino de los kilos de más ganados durante las navidades. Es el momento en el que se continúa yendo al gimnasio o en el que se asume que hemos vuelto a tirar el dinero a la basura. No todos los que se abonaron a su centro de confianza acudieron más de un día.

Desde el centro deportivo Supera –el cual cuenta con El Palero y un gimnasio abierto las 24 horas del día– afirman que alrededor de 10.000 personas acuden cada mes a su establecimiento. Cifra muy similar a la del CDO Covaresa Siglo XXI. Sin embargo, al salir a la calle, muchos afirman haber contratado diversos bonos en gimnasios y, finalmente, no acudir más que un par de días. Son los mismos que en su mayoría prefieren mantener el anonimato. Como la familia formada por una mujer de 44 años, su marido de 45 y sus hijas de 8 y 10 años, quienes reconocen «haber contratado el bono familiar de un año porque era más económico y al final solo hemos ido diez días sueltos». Eso sí, una de las pequeñas «acude cada viernes a la piscina».

Por otro lado, María García, responsable de comunicación del CDO Covaresa, asegura que «cada vez son más los abonados que se dan de baja si no van al gimnasio, cosa que está cambiando con respecto a años anteriores». Del mismo modo, afirma que «el 85% de sus socios acude al menos una vez por semana».

Pereza y falta de tiempo

Entre los motivos de abandono destacan la pereza, las lesiones, el dinero y, sobre todo, el tiempo. Esto conlleva a lo que desde el CDO Covaresa denominan «bajas según temporadas». Hay meses en los que el número de abonados aumenta de forma masiva, como enero y los más cercanos al verano. Pero también hay periodos en los que la gente se da de baja: febrero y agosto son los más comunes. Esto provoca que, al final, se establezca «cierta estabilidad».

El perfil más habitual son hombres y mujeres de entre 20 y 45 años, puesto que el porcentaje en cuanto a sexos es prácticamente el mismo, según afirma García. Además, acusa a que la concienciación de un modo de vida saludable está más presente en estos grupos. Roberto López, director de comunicación corporativa y marketing de Supera, afirma que «por las mañanas, el público es o más mayor o jóvenes que aún no tienen compromisos laborales y pueden organizarse su jornada. Según avanza el día, ese perfil suele ir variando y, aunque se mantiene la asistencia de jóvenes, se incorporan familias y un perfil más marcado de entre 30 y 55 años».

Pero si hay algo que marca la diferencia entre los gimnasios de antes y los de ahora, es la existencia de diversas clases que se adaptan a todos los gustos y condiciones físicas. López comenta que, por ejemplo, zumba o yoga son actividades en las que la asistencia femenina es más marcada. Otras, como en 'body combat' esas diferencia se matiza mucho y, por ejemplo, en las clases de 'bike' suele haber un mayor número de hombres». En cuanto a edades, «los más jóvenes prefieren actividades de cardio, como las técnicas de combate cuerpo a cuerpo, mientras que los más mayores buscan cuidar su espalda», asegura García.

Sin embargo, en lo que ganan con diferencia los más mayores es en persistencia. Milagros Muñoz, de 70 años, lleva casi la mitad de su vida acudiendo a las piscinas de Canterac. «Mi día comienza a las 9:30 horas, cuando salgo de casa para ir a natación junto a mi grupo. Somos unas 50 personas. Después, vamos a tomar el café. Es el mejor modo de pasar la mañana». Tanto García como López coinciden en que la mayoría de los abonados que pretenden cancelar su contrato acaban por no hacerlo «para poder disfrutar de forma ilimitada del spa».