Piornos contra la despoblación

Sierra de Gredos, donde se aprecia la floración del piorno. /El Norte
Sierra de Gredos, donde se aprecia la floración del piorno. / El Norte

La Asociación de Empresarios del Norte de Gredos busca fondos para que no se pierda el Festival del Piorno en Flor

ISABEL MARTÍN

Gredos es sinónimo de muchas cosas: naturaleza, montaña, turismo, ganadería. Lo que algunos todavía no conocen es que durante los meses de mayo y junio el blanco de las cumbres montañosas compite con el amarillo dorado del piorno en las laderas. Y el 'piorno serrano', para los vecinos de las pequeñas localidades abulenses del norte de Gredos, incluso de todas las colinas del macizo montañoso hasta el valle del Alberche, ha sido históricamente una parte de su día a día.

El Festival del Piorno en Flor persigue no solo la atracción turística durante la floración, sino también «generar una economía local a través del turismo que evite la despoblación de esta zona que vive fundamentalmente de este sector y de la ganadería y del turismo. Por tanto, la importancia de este evento no es solo cosa de flores. Concretamente, más del 50% de los trabajadores» del norte de Gredos «viven de la ganadería», dice Isabel Sánchez Tejado presidenta de la Asociación de Empresarios Gredos Norte (Asenorg), que organiza la actividad. Pero lo cierto es que «el 100% de la población está relacionada con el turismo» tanto por el lugar donde trabajan sus habitantes –restaurantes, hoteles, casas rurales o negocios o servicios relacionados con el sector– o porque ellos mismos tienen un alojamiento turístico.

Sin embargo, el próximo año tendrá muy difícil una financiación que, hasta ahora, se había ido manteniendo gracias a una ayuda de 2.000 euros de la Diputación Provincial de Ávila que «no es suficiente», más lo ganado en premios de turismo por el éxito del festival. Es el motivo que ha llevado a Asenorg a poner en marcha una campaña de 'crowdfunding', o micromecenazgo, a través de Internet, para recaudar los 4.000 euros que necesitan para su celebración. Lo han denominado 'Piornos contra la despoblación'. El término «repoblación» sería más exacto para Isabel Sánchez Tejado, como base para «mantener vivos» estos pueblos.

El proyecto de financiación contempla varias opciones. Todas ellas incluyen un «certificado de apadrinamiento» de un piorno junto con un paquete turístico o promocional. Apadrinar un piorno supone entre 20 y 152 euros y puede incluir, dependiendo del paquete seleccionado, estancias en hoteles de la zona, un avistamiento de aves, una «experiencia» de observación de estrellas, una cesta de productos de la zona, rutas a caballo, un menú degustación, un circuito termal o uno de aventuras, o bien la degustación de vinos de la tierra. Llevan menos de un mes y una treintena de mecenas han aportado algo más de 1.000 euros.

Identidad de zona

Pero, ¿colaboran las instituciones locales de la zona? «Cada año reúno a los alcaldes para ver quién quiere hacer la inauguración», cuenta Sánchez Tejado. Cada vez, el pistoletazo de salida se celebra en un pueblo distinto y este es el que se encarga de los gastos del acto inaugural. Para este año próximo, la petición será mucho más concreta y a largo plazo: «Que doten unos presupuestos mínimos para esta actividad» a través de las ayudas a la promoción turística que existen. De esta manera, desde cada municipio el «empuje» será mayor.

Desde hace casi nueve años, un grupo de vecinos y empresarios de distintas localidades, lideradas por Asenorg, idearon este evento que ha ido evolucionando y atrayendo la participación de más y más pueblos hasta llegar a los 19 que participaron en 2018. La presidenta de la asociación cuenta cómo esta iniciativa ha conseguido crear «una identidad de zona. La gente de aquí se siente orgullosa» de su festival, de sus piornos. Y eso es «más importante» incluso que el hecho de que se atraiga turismo.

Lo que se ha conseguido estos años con este festival en el día a día de la gente es que muchos, sobre todo en pueblecitos mínimos, estén pensando en la temática decorativa para el próximo festival. Y lo hacen en equipo, «algo muy arraigado» en esta zona «antes», comenta Isabel Sánchez Tejado. Incluso tienen un periodo de tiempo «creativo» y otro para «rozar» los piornos (arrancarlos).

Municipios como San Bartolomé de Tormes, La Aliseda, La Angostura o La Herguijuela, por ejemplo, fieles al festival, pasan «todo el año pensando en la decoración» de sus fachadas durante la floración del piorno.

Hay pueblos que no fallan ningún año, como Hoyos del Espino, Barajas y Navarredonda de Gredos. Otros, como Hoyocasero, El Barco de Ávila, Navalosa o Navacepeda de Tormes, entre otros, se han ido añadiendo con los años y hacen del color amarillo piorno su seña de identidad primaveral.

Hablamos de poblaciones que, salvo contadas excepciones, como El Barco de Ávila, no superan ni de lejos los 500 habitantes. Todas ellas, como las del resto de Ávila a excepción de Sotillo de la Adrada, han perdido población según el último padrón municipal.

El piorno era «el combustible» en los hogares de la zona. Sus troncos se utilizaban para el cisco de los braseros. Calentarse los pies con esta materia prima era lo más a mano, además de barato por la cantidad que había.

Presente en el día a día de los vecinos, el piorno ha servido siempre para cubrir los tejados de los chozos de los pastores, para hacer escobas o para hacer lechos más mullidos y asilados. Ahora, además, son parte de la decoración de los pueblos y materia prima de labores artesanales. Incluso en la cocina.

El Festival del Piorno en Flor hace que durante los meses de mayo y junio no solo el campo esté amarillo y se pueda observar desde los 65 miradores o puntos de observación que se recogen en un mapa para el visitante. Los balcones se decoran con piorno; los edificios públicos, en parte, también. Se organizan talleres de arreglos florales e incluso un concurso de fachadas.

 

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