Cómo prevenir y actuar ante el atropello de animales

Restos de un ciervo muerto por atropello en Soria./Ical
Restos de un ciervo muerto por atropello en Soria. / Ical

Para reducir el riesgo de accidentes es necesaria una conducción preventiva y cierto conocimiento del comportamiento animal

SANTIAGO DE GARNICA

Los animales no están atentos al tráfico. Las carreteras no están grabadas en su instinto como una categoría de peligro. Deben experimentar los riesgos del tráfico en su piel y esto, a menudo, termina en muerte.

En España y especialmente en Castilla y León, la elevada densidad de población, la búsqueda de alimento o de apareamiento obliga a menudo a los animales silvestres a atravesar las carreteras. Tampoco podemos olvidar los animales domésticos como vacas, caballos, perros o gatos.

Cuando los automovilistas o bien por falta de atención a las señales o por situaciones realmente inesperadas, no actúan con la adecuada atención o prudencia, sobrevienen los atropellos de animales. Para reducir el riesgo no cabe la improvisación. Es necesaria una conducción preventiva y consciente, y un básico conocimiento de los comportamientos animales.

Cabras montesas, ciervos y jabalíes son animales que se desplazan preferentemente en el atardecer o ya de noche. En la mayoría de los casos las madres con sus crías pero también grupos enteros. De ahí un primer dato: cuando veamos un primer corzo o un primer jabalí, podemos esperar que le sigan un segundo, un tercero, tras el animal que va en cabeza.

Zorros, tejones, martas, linces o erizos son menos visibles para los automovilistas. En este caso se suele tratar de animales jóvenes poco experimentados.

Y en zonas urbanas o periurbanas nos podemos encontrar gatos o perros vagando por el borde de la carretera que en cualquier momento pueden atravesar.

En regiones montañosas nos podemos encontrar vacas y en otras zonas rebaños de ovejas o caballos. Atención sobre todo al principio de primavera y en otoño. Respetemos siempre los rebaños, hay que dejarlos pasar y nunca utilizar la bocina, como tampoco ante un caballo montado con su jinete: puede asustarse y provocar su caída. Los caballos garañones hacen frente a los coches si no dejamos pasar el rebaño entero.

Reconocer situaciones de riesgo

Conducir de forma segura implica mirar y evaluar constantemente lo que nos rodea para detectar posibles problemas y actuar. Algunos momentos o situaciones conllevan un incremento de la situación de riesgo. Un automovilista consciente de ello puede adaptar su conducción para evitar accidentes o, al menos, reducir la gravedad. En el amanecer y el anochecer hay muchos animales silvestres que se desplazan y en ese momento la zona de visión de los automovilistas se ve limitada. Hay que circular con el alumbrado encendido y prestando la mayor atención.

Y durante la noche los animales nocturnos son poco visibles, o visibles ya demasiado tarde y se quedan en mitad de la carretera deslumbrados por la luz de nuestros faros. Debemos adaptar nuestra conducción para poder detenernos en una distancia calculada.

En primavera muchos de estos animales van en busca de pareja o bien ya realizan sus primeras salidas con su crías. En el caso de luchas entre machos, el perdedor en ocasiones huye en un estado de estrés elevado y puede irrumpir en la calzada de forma aún más peligrosa. En otoño las zonas de caza son otro de los puntos críticos en que debemos extremar nuestra atención pues hay desplazamientos importantes de animales, durante el momento de la caza (domingos tarde) y después, con el retorno de los animales a su territorio (los lunes).

En invierno corzos, ciervos y grupos de caballos de montaña a veces se quedan sobre el asfalto chupando la sal que se ha arrojado para el hielo. En medio de la oscuridad puede ser demasiado tarde para darnos cuenta de su presencia. Aunque en las carreteras convencionales se produce la mayoría de las situaciones de riesgo, no debemos olvidar las autovías.

Cuando se tiene un accidente con un animal silvestre, puede morir o sufrir daños importantes. Para actuar de la forma debida debe avisarse de inmediato a la Guardia Civil o al 112 e informarle de lo que ha sucedido. En accidentes con animales domésticos debemos igualmente avisar a la Guardia Civil o a la Policía.

Cómo prevenir

  1. Reducir la velocidad, especialmente cuando aparezcan señales de peligro, no son un adorno sino que señalan zonas de riesgo conocido.
  2. Incrementar la vigilancia en el amanecer, anochecer y, por supuesto, ya en la noche.
  3. Se debe tener una especial prudencia en zonas de visibilidad reducida o nula, como pinares, bosques, campos de cereales, de girasoles o zonas de hierbas altas.
  4. Conducir con atención vigilando el borde de las carreteras: animales como los jabalíes saltan por encima de la cuneta para caer directamente sobre el asfalto. E intentar, en la medida de lo posible, circular cerca de la mediana.
  5. Cuando se percibe animales en la proximidad de la carretera, debemos reducir la velocidad y poner las luces de cruce.
  6. Si nos encontramos animales en la carretera, utilizaremos la bocina salvo que se trate de rebaños o jinetes a caballo, encenderemos las luces de cruce y las de emergencia, y, si es posible, nos detendremos. En caso de caballos con jinetes, siempre debemos dejar la suficiente distancia de seguridad al pasar, y hacerlo a velocidad moderada.
  7. Los cursos de conducción segura nos enseñan a cómo reaccionar de forma adecuada en situaciones imprevistas.

Saber mirar

Para evitar un atropello, o para cualquier otro tipo de accidente, es muy importante la forma con que miramos al conducir. Como cuando nos enseñaron a montar en bicicleta, en el automóvil hay que mirar al frente y a lo lejos –no a lo que sucede justo por delante del capó- lo que nos permite anticiparnos a todo lo que pueda suceder por delante de nosotros y tener un valioso tiempo de reacción para evitar el accidente.

Pero si sólo mirásemos a lo lejos, apenas obtendríamos información de lo que pasa a izquierda y derecha del vehículo, y entre el capó de nuestro coche y el punto hacia donde apuntamos la mirada. Por este motivo es necesario realizar barridos de mirada transversales (de lado a lado) y longitudinales (desde cerca hacia más lejos). En carreteras convencionales, donde suceden más atropellos de animales, sí será más necesario mirar a izquierda y derecha con relativa frecuencia.

Si el impacto es inevitable

El RACC señala que «si a pesar de tomar todas las precauciones la colisión es inevitable, es preferible un choque controlado que una maniobra de evasión incontrolada que puede poner en peligro al conductor, al resto de ocupantes del vehículo o a los que circulan en sentido contrario. Para ello, se recomienda detenerse sin maniobras bruscas: sujetar bien el volante, mantener la dirección y frenar para evitar invadir los otros carriles o acabar chocando contra un árbol».

También es recomendable que justo antes del impacto dejemos de presionar el pedal del freno para levantar el morro del vehículo y reducir las posibilidades de que el animal acabe estrellándose contra el parabrisas.

Cursos de conducción

Hemos hablado de «una maniobra de evasión incontrolada». Una de las cosas que enseñan los monitores de cursos de conducción es el fenómeno de la «fijación del objetivo»: en momentos de tensión tendemos instintivamente a dirigir nuestro vehículo hacia el lugar al que apuntamos la vista. Y en una situación de riesgo, ese lugar suele ser el más peligroso: por ejemplo, el animal que se ha cruzado en nuestro camino y contra el que vamos a chocarnos.

Al volante hay que ser conscientes de este fenómeno y tener la mente fría para dirigir la vista, y nuestro vehículo, hacia los puntos de escape de una situación de peligro. Pero esta maniobra que se debe hacer con el freno pisado a fondo (siempre que tengamos antibloqueo de frenos, ABS) y manejando de forma progresiva el volante (que nada tiene que ver con un volantazo) hacia la zona libre, se aprende a hacer de forma correcta en los cursos de conducción segura.

En este tipo de cursos que dan entidades como el RACE o el RACC, o centros privados especializados, aprendemos a reaccionar de forma adecuada en situaciones imprevistas, a aprovechar todo el potencial de los sistemas de seguridad que nos ofrecen los coches modernos. Y es que no basta con tener «cuidado», hay que saber prevenir y reaccionar: en el caso de accidentes con animales como de otro tipo de accidentes, la seguridad no se improvisa, es una reacción adecuada que se aprende. Invertir en cursos de conducción segura es ahorrar gastos económicos, disgustos y vidas.

Si sucede el accidente

  1. Hay que detenerse donde no obstaculicemos y encender las luces de emergencia
  2. Ponerse el chaleco reflectante y asegurar la zona con el correspondiente triángulo de avería. Si el animal ha huido, marcaremos la zona del accidente
  3. Tanto sea un animal silvestre como doméstico, avisaremos de inmediato al 112 o a la Guardia Civil o a la policía. Si el animal está muerto y hay que moverlo, siempre agarraremos por las patas posteriores.
  4. Si el animal está herido, mucho cuidado. Si es un animal silvestre, no debemos acercarnos: la proximidad de las personas agrava su estrés, dolor y angustia, y puede reaccionar con agresividad. Debe hacerlo un especialista.
  5. En caso de animales domésticos, además de que también puede haber una reacción agresiva, un mal manejo puede agravar su estado. Es mejor que sea siempre el dueño o un especialista el que actúa para que se pueda tratar sus heridas de la forma adecuada posible.
  6. Hacer fotos del escenario del accidente, del animal y del coche, y buscar testigos para nuestra declaración al seguro.