Un pueblo de Valladolid en busca de hostelero

El Ayuntamiento de Villalbarba asume todos los gastos para lograr la reapertura del único bar y tienda del municipio, con casa incluida

Instalaciones del único bar que tiene el municipio vallisoletano de Villalbarba. /N. L.
Instalaciones del único bar que tiene el municipio vallisoletano de Villalbarba. / N. L.
N. LUENGOVillalbarba

«Un pueblo sin bar, es un pueblo muerto». Eso es lo que piensa el alcalde de Villalbarba, Carlos Martínez, quien ha lanzado un llamamiento a través de las redes sociales para buscar gerente para el único bar y la tienda del pueblo, ambos ubicados en las antiguas escuelas municipales.

A finales de los años noventa, el Ayuntamiento puso en marcha este centro social, tras el cierre por jubilación de los dos últimos bares de la localidad. Desde entonces, ha estado funcionando sin interrupción. Sin embargo, el pasado mes de enero, se quedó sin inquilinos. «Lo mejor de vivir en un pueblo son las relaciones sociales que existen entre los vecinos, y que, por lo general, se fortalecen en los bares. Sin bar, esas conexiones dejarán de existir. En un pueblo como el nuestro, de 123 habitantes, es un servicio de primera necesidad», afirma el regidor.

Instalaciones del único bar que tiene el municipio vallisoletano de Villalbarba. / N. L.

Durante los primeros años, el consistorio cobraba un alquiler, pero la gran pérdida de población que ha sufrido el municipio les obligó a mejorar las condiciones para mantener al pueblo con vida. Ahora, dice, «no cobramos ningún tipo de renta». Además, se hacen cargo del importe completo del recibo del agua, del combustible de la calefacción y de la tasa de basuras. «Y también contribuimos con 70 euros mensuales para pagar la factura de la luz», añade.

Desde luego, se trata de condiciones muy ventajosas. Pero todavía hay más, ya que, junto con el bar y la tienda de comestibles, se facilita de forma gratuita una vivienda anexa a las instalaciones para que el hostelero pueda quedarse a vivir en el pueblo. En contraprestación, lo único que el consistorio exige es la entrega de una fianza de 1.500 euros, el cuidado y mantenimiento del local y el cumplimiento de unos horarios muy concretos. «La tienda debe abrir todos los días, como mínimo de 10:00 a 12:00 horas, y el bar de 15:00 a 20:00 horas de lunes a jueves, y de viernes a domingo de 15:00 a 22:00 horas, con un día de descanso de libre elección y las vacaciones deben disfrutarse fuera de las fiestas y del mes de agosto», especifica Martínez.

El consistorio solo exige el pago de una fianza de 1.500 euros y el cuidado del establecimiento

El bar dispone de una sala multifuncional y terraza cubierta. Está totalmente equipado con mesas, sillas, lavavajillas y cámaras frigoríficas, además de una cocina en la que no falta ningún detalle. En cuanto a la tienda, que pertenece a la red del Comercio Rural Mínimo de la provincia, está dotada de estanterías, cámaras frigoríficas y caja registradora. Es, por tanto, un servicio esencial, sobre todo para los más mayores del municipio, con el que se pueden abastecer de productos de primera necesidad, sin tener que desplazarse. «Estamos dispuestos a adquirir cualquier equipamiento que el gerente considere necesario. Lo único que pedimos es que se cuide».

Actividades organizadas

Pilates, gimnasia de mantenimiento o manualidades. Todos los días de la semana, el ayuntamiento promueve distintas actividades en la sala polivalente de bar, por lo que la clientela está asegurada. «Sin duda es un buen negocio, que solo requiere una pequeña inversión en género y bebidas, además de la fianza. No tiene gastos de mantenimiento. En el pueblo, no tienen competencia y por parte del ayuntamiento todo serán facilidades. Daremos todo el apoyo logístico, económico y humano que haga falta. Es un negocio muy rentable, que genera ingresos estables todo el año. Ideal para una familia. Solo hay que tener ganas de trabajarlo. Por eso, buscamos gente que quiera dedicarse a la hostelería, que tenga una idea clara de negocio, que quiera potenciar la gastronomía local y que tenga ganas de crecer», argumentan desde el consistorio. «Lo ideal es que el promotor del establecimiento fije aquí su residencia», concluye Carlos Martínez.