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ORANGE

Burocracia: la palabra que aterroriza a los autónomos

Una ventanilla de la administración, una cola infinita, una columna de formularios y un funcionario con mirada severa podrían protagonizar las pesadillas de cualquier autónomo

G. Toca

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Es verdad que sería un casting aterrador para cualquiera, pero lo es mucho más para los profesionales por cuenta propia. Y eso que los autónomos, cuando explican la forma en la que se enfrentan heroicamente al día a día, parece que lo aguantan todo. Las películas de terror les hacen sonreír. ¿Tengo que abrir en festivo? Descansaré más adelante. ¿Miedo a la inestabilidad? No, pasión por lo desconocido. ¿Clientes que se resisten a serlo? Ya caerán. Sin embargo, hay algo que, con su sola mención, hace que se indignen y sus frentes se conviertan en un mar helado de sudores fríos. Es el papeleo infinito y la infinita lentitud de los trámites administrativos. 

Cuando estos trabajadores hablan de lentitud, no se refieren solo a dedicar una mañana entera a Hacienda. Eso, al fin y al cabo, es cuestión de horas o de días a lo sumo. Basta armarse de paciencia y hacer un parón, que parece eterno, en mitad de la jornada. Es impresionante lo lentas y pesadas que avanzan las agujas de un reloj en la cola de una institución pública. Allí, como en Canarias, es siempre una hora menos. O siete horas menos, como en Chicago.

En realidad, lo que más les desespera es lo pueden tardar en pagarles un ministerio, un gobierno autonómico o un ayuntamiento. Y todas las veces que tienen que llamar a la centralita para escuchar que las cosas de palacio van despacio. Pero, por favor, dirán, ¡no puede ser tan difícil que alguien le ponga un sello a mi factura! ¿Es un palacio o un laberinto con centralita?

La administración local paga de media a los autónomos a 60 días

Las tres administraciones -la central, la autonómica y la local- están obligadas a abonarles lo que les deben, por ley, a treinta días, pero casi nunca es así. Según la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos ATA, las administraciones autonómicas y central en el primer trimestre de 2019 les pagaron de media a 39 días, mientras que los municipios -escurridizos como peces en un cubo- llegaron a no pagar hasta los 60 días siguientes a la emisión de la factura. 

Todo ello no quiere decir que los trabajadores por cuenta propia que no son proveedores de las administraciones no tengan que navegar -también- los pastosos mares de la burocracia. Y muchos lo hacen con un coraje y un buen humor admirables. Por eso, Orange celebra la forma en la que se enfrentan a desafíos en su iniciativa Nacidos para ser autónomos, con la que quiere solidarizarse y rendir un pequeño homenaje al espíritu especial que tiene este colectivo.

Es más, según un sondeo reciente de Infoempleo y Adecco, las cargas sociales y administrativas representan el primer quebradero de cabeza para casi la mitad de los autónomos, sean proveedores de las instituciones públicas o no. De hecho, el 47% de los autónomos afirma que la carga burocrática es el mayor problema al que se enfrenta. No debería extrañarnos: según la Agencia Estatal del Boletín Oficial del Estado, en 2018 se aprobaron casi 600 nuevas normas solo a nivel estatal, lo que supone un incremento anual de casi el 14%. España, que suele encontrarse entre las 15 mayores economías del mundo, ocupa el puesto número 30 en el ranking del Banco Mundial sobre la facilidad con la que se pueden hacer negocios. Uno de los ingredientes esenciales de esa facilidad es que las regulaciones no agobien a las empresas, los emprendedores y los autónomos.    

El ranking del Banco Mundial también es interesante porque identifica, uno por uno, los tentáculos de la burocracia. Los dos tentáculos que más arrastran la puntuación española hacia abajo son, primero, la maraña de trámites que se necesitan para abrir un negocio y, segundo, todos los permisos que se exigen para empezar a construir o reformar en profundidad un inmueble. Así, el tiempo medio en el que, por ejemplo, un autónomo tarda en poder dar de alta una empresa en España son 13 días, casi el doble que en Italia, y tiene que enfrentarse, además, a unos siete trámites de papeleo frente a los cinco de Francia.

Los días pasan, los costes se acumulan, la paciencia se acaba y los trabajadores por cuenta propia ya no solo envidian a Roma y París por su belleza. ¡Quién les iba a decir que les enamorarían sus funcionarios, sus registros y sus instancias! Lo que para los autónomos de los países vecinos quizá sea una sombría película de terror burocrático, para ellos es el dulce sueño de una noche de verano. Con centralita, claro.