Aperitivos para Eisenhower

Madrid preparada para la visita de Eisenhower, en una imagen de 'ABC' de diciembre de 1959, y aperitivos./ABC
Madrid preparada para la visita de Eisenhower, en una imagen de 'ABC' de diciembre de 1959, y aperitivos. / ABC

La visita del presidente estadounidense en 1959 desató tal furor que se inventaron incluso recetas en su honor

ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEAMadrid

«España saluda a IKE». Durante los días previos a la Navidad de 1959 y en brillantes neones de tamaño descomunal, esa frase lució sobre la fachada de varios edificios de la Gran Vía madrileña. Por aquí y por allá se veían banderines y carteles gigantescos con el rostro sonriente de un señor algo calvo: Dwight David Eisenhower (1890-1969), más conocido como 'Ike' y el primer presidente de los Estados Unidos que pondría sus pies en España.

Lo hizo en la tarde del 21 de diciembre de 1959, cuando aterrizó en la base militar americana de Torrejón de Ardoz para una breve visita diplomática que duraría menos de 24 horas. Serían suficientes para pasear por las calles de Madrid en coche descapotable, recibir los vítores de más de un millón de personas, asistir a una cena de gala en el Palacio de Oriente con concierto de Andrés Segovia incluido y mantener una conferencia política con Francisco Franco. Aquella fugaz parada de Eisenhower en nuestro país puso fin de un plumazo al aislamiento internacional del régimen franquista, impuesto 20 años antes, y sucedió de acuerdo a dos intereses encontrados y nada ocultos: el presidente norteamericano quería la ayuda del dictador en su lucha contra el comunismo y Franco deseaba tanto los dólares como la influencia de Ike para relanzar la imagen internacional de España.

Entre recibimientos entusiastas y tejemanejes políticos no crean ustedes que no hubo hueco para la pitanza durante aquel día: el banquete de gala en el palacio real fue muy celebrado y constó de un menú con tintes nacionales. Caldo de ave con néctar, lubina del Cantábrico con patatas al vapor, silla de ternera de Castilla con salsa bearnesa, verduras de La Granja, helado de café, tarta de crema al limón y dulces variados completaron la minuta de aquella cena, regada con jerez Fino La Ina, vinos de Bodegas Franco-españolas, Marques de Riscal reserva 1933, champán Perelada (entonces aún no se decía cava), brandy Carlos I y Terry Gran Reserva.

Pero el legado gastronómico de la visita de Eisenhower fue más allá. Hubo tal furor por la figura del mandatario estadounidense y lo que él representaba que meses después de su paso por España aún se seguían publicando artículos en prensa sobre sus gustos o acerca del estilo de vida americano. En abril de 1960, por ejemplo, el cocinero José Sarrau (de quien les hablé aquí hace bien poco) compartía en las páginas de ABC una receta dedicada al presidente de EE UU titulada «aperitivos Eisenhower» y consistente en una especie de versión gourmet de las hamburguesas.

En concreto, eran algo similar a los filetes rusos pero cocidos en pequeños moldes y compuestos de carne picada de ternera y cerdo, miga de pan mojada en leche, cebolla y jerez. Una vez desmoldados se colocaban sobre un disco redondo de pan tostado, se cubrían con aros de cebolla cruda y se bañaban con salsa de tomate frito. Una fórmula que ahora nos puede parecer cuestionables como aperitivo elegante, pero que en aquellos días del primer desarrollismo abrió la puerta a un nuevo modelo de cocinar.