García Gual recuerda las raíces femeninas de la novela en su entrada a la RAE

El ensayista y filólogo Carlos García Gual durante la lectura del discurso./EFE
El ensayista y filólogo Carlos García Gual durante la lectura del discurso. / EFE

El filólogo señala en su discurso la «simetría sexual» de los inicios de este género literario

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

«La novela fue un género de invención muy tardía, de época posclásica. No tuvo en griego, ni en latín, un nombre propio, en contraste con la épica, la tragedia, la comedia, la lírica, la filosofía, la historia o la biografía», explicó este domingo el filólogo Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 1943) en su discurso de entrada en la Real Academia Española. En la docta casa, donde ocupará la silla J, ingresó hablando de 'Historias de amantes peregrinos. Las novelas griegas', y aprovechó su intervención para recordar el coprotagonismo femenino y la «simetría sexual» en los inicios del género.

'Quéreas y Calírroe', de Caritón, 'Antía y Habrócomes', de Jenofonte de Éfeso, 'Dafnis y Cloe', de Longo, 'Leucipa y Clitofonte', de Aquiles Tacio y las 'Etiópicas', de Heliodoro, son algunas de aquellas primeras tramas que destacó García Gual y que sentaron las bases sobre las que se desarrolló un género en el que, más que en ningún otro, «las mujeres logran primeros planos».

Las figuras femeninas tenían un papel primordial en estas originarias novelas en las que hombres y mujeres vibran, aman, desean y sufren por igual. Eran «ficciones románticas» que reflejaron las «inquietudes sentimentales de un público muy distinto del clásico, un público indefinido presto a emocionarse con las azarosas aventuras de dos jóvenes amantes perseguidos por la fortuna», afirmó García Gual.

De los primeros escritores de novela se acordó el nuevo académico. «No solo intentaban divertir con su trama pintoresca, sino que querían, además: conmover y emocionar», dijo García Gual, que reseñó «el viaje errático con sus múltiples asaltos y violencias, extrañamiento y separación» como «un ingrediente imprescindible en la trama novelesca».

«Viajan siempre los dos, él y ella, y ambos tienen aventuras por separado; sufren ella y él parecidos acosos y tormentos, errantes uno y otra hasta el reencuentro final. El apasionado eros deriva en amorosa philía. No hay cacería, sino una atracción mutua de principio a fin; quieren convivir unidos para siempre», expresó García Gual.

El catedrático de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid, escritor y editor sustituye en la silla J a Francisco Nieva, al que glosó por su «vivacidad intelectual y su ingenio múltiple: pintor, escenógrafo, dramaturgo de escena, novelista y ensayista», precursor de «un nuevo tipo de teatro, irracional y mágico, de atmósfera surrealista y con motivos esperpénticos».

La académica Carmen Iglesias se encargó de recibir y contestar a Carlos García Gual. «La Academia», subrayó, «se enriquece de sus saberes y conocimiento, de su curiosidad intelectual y de su rigor investigador y de sus dotes narrativas, también de su personalidad afable, exquisita, llena de humor y de amistad».

Añadió Iglesias que la creación de García Gual «destaca con especial brillantez y singularidad; [es] una obra extensa e intensa, en cantidad y calidad, en la que todos y cada uno de sus trabajos está realizado con el mayor rigor científico, con una escritura siempre cuidada y sencillamente bella [.] y con una originalidad de elección de temas y de enfoques innovadores, en su rica especialización, que traducen su profundo saber, su sensibilidad y pasión y compromiso personal con lo que hace».

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