Doble mirada a ras del suelo

Retratos de Chus Madurga de la serie 'Ir, no ir' sobre la vida con esclerosis múltiple./José Antonio Díaz
Retratos de Chus Madurga de la serie 'Ir, no ir' sobre la vida con esclerosis múltiple. / José Antonio Díaz

La cotidianidad de Chus Madurga, diagnosticada de esclerosis múltiple, ha sido fotografiada por José Antonio Díaz y Carlos de Andrés

DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Cuando Chus Madurga tenía 25 años le diagnosticaron esclerosis múltiple, enfermedad neurodegenerativa. Para entonces ya tenía seis con su pareja, José Antonio Díaz. «Salimos de la consulta y nos fuimos a un bar a tomar una copa», recuerda Madurga. «Ya sabes lo que hay, le dije y él me respondió: 'Ya tengo algo más por lo que luchar'. Y no volvimos a hablar nunca más de la esclerosis. Hemos seguido nuestro camino». De aquel momento han pasado 30 años. Díaz, fotógrafo profesional, siguió retratando a su mujer en la cotidianidad, aunque sólo desde hace cuatro años compartan hogar. «Nunca habíamos vivido juntos», recuerda Díaz. «Ella tenía su vida en Soria y yo, en Madrid. No sabíamos lo que podía pasar. Cada cierto tiempo le daba un brote y se recuperaba. Hace unos ocho años empezó a usar bastón, luego andador y finalmente silla de ruedas. Nos mudamos juntos».

Esa vida en común quedó plasmada en miles de negativos y archivos digitales, guardados como recuerdos en un baúl por Díaz. Entre abril y noviembre de 2017, su amigo, también fotógrafo, Carlos de Andrés empezó a retratar a Madurga como parte de un proyecto personal sobre «cómo respira la gente anónima, cómo son esas vidas que no nos cuentan», explica De Andrés. «No sólo era la vida de ella, sino cómo se enfrentaba a las barreras urbanísticas. Me dijo que hiciera lo que quisiera, que cuanto más lo conociera el mundo, mejor. El suyo es un acto de rebeldía». De este acercamiento De Andrés eligió 16 imágenes, y cuando terminó supo del trabajo de Díaz. «No quería mostrarlo», sostiene. Al verlo, supo que ambos se complementaban en la aproximación a la vida de Madurga. Díaz, entonces, seleccionó 36 fotografías.

Nació así la serie 'Ir, no ir', un conjunto humanístico y de denuncia aún inédito, donde dialoga el blanco y negro de los dos, sin que la transición de uno a otro suponga una ruptura del relato. «La diferencia está en que, así como en una guerra hay fotógrafos locales y corresponsales, aquí uno se va después de hacer su trabajo y el otro se queda», dice Díaz.

En esas imágenes están las primeras y últimas veces de muchas situaciones. La última que bajó una escalera, la primera que usó el andador; o cuando estuvieron 70 días en el hospital y su hija se despidió de ella porque emigraba. Los paseos por la ciudad, los momentos caseros, la intimidad, el intento de normalidad. «No me ha costado mucho dejar que me fotografiaran», cuenta Madurga. «Joseán es fotógrafo y yo he seguido mi vida normal con él, acostumbrada a que me fotografíe. No me ha supuesto nada especial enseñar mi intimidad, mientras que Carlos ha sido muy discreto. Ellos han puesto sus propios límites y las fotos son elegantes». Un documento de doble visión, atisbo a la altura de la silla de ruedas, de quien mira casi a ras del suelo.

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