Beatriz Esteban retrata la realidad de las cárceles españolas en su novela 'Presas'

Beatriz Esteban./O. del Pozo
Beatriz Esteban. / O. del Pozo

La joven escritora reclama «más inversión» para el sistema penitenciario después de trabajar en el centro de Picassent como voluntaria

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

Beatriz Esteban (Valencia, 1997) afirma con rotundidad que sus novelas «no son autobiográficas» pero están plagadas de «las cosas buenas y malas» que le han pasado en la vida. Hace dos años publicó 'Seré frágil' (Planeta) donde abordaba el tema de la anorexia, enfermedad que ella misma sufrió. Ahora, publica 'Presas' (Nocturna), una novela que nació de su experiencia como voluntaria en la cárcel de Picassent. Allí descubrió una «profunda deshumanización» y la misión «casi imposible» de reinserción en las cárceles españolas.

Esteban apuesta por una novela coral -hasta siete narradores- aunque destacan dos sobre el resto: Leire, una voluntaria de 19 años -como la propia autora- y Azahara, convicta de 22 años que lleva poco tiempo en el módulo de madres. Esta cantidad de voces le ha servido para tratar «las luces y las sombras» de un micromundo como es una prisión. «Me ha servido para que el lector vea cómo son estos lugares y para contar temas como el maltrato, el deterioro personal, el aislamiento o la violencia de género», explica Esteban. Afirma que en la cárcel todo está en una escala de grises porque nada es blanco o negro. «Cada elemento de ese mundo cuenta su verdad, lo que vivido».

La autora y estudiante de Psicología reclama «más inversión» en el sistema penitenciario. «Los recursos son tan pobres que es complicadísimo atender a los presos de forma individualizada. Los trabajadores sociales, por ejemplo, son escasos dentro y fuera de las prisiones. Por no hablar de la escasez de psicólogos, psiquiatras y otros profesionales de la salud», explica.

Esteban recalca que España tiene los porcentajes de reinserción sin reicindencia más bajos de Europa, con los índices de población reclusa más altos del continente cuando la delincuencia continúa bajando año tras año. «Estos datos fueron los que me hicieron reflexionar sobre lo mucho que hay que mejorar», añade.

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