«A los 70 años me salió un libro erótico, ¡qué vergüenza!»

Clara Janés./
Clara Janés.

La poetisa y académica publica 'Kamasutra para dormir a un espectro', una inclasificable obra sobre el amor y la pasión

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

En esta nueva etapa de fecundidad creativa, Clara Janés (Barcelona, 1940) ha encontrado en la literatura erótica un espacio inexplorado y atractivo. «Iba por la calle y se me ocurrían sonetos eróticos y a mis 70 años me salió un libro erótico, ¡qué vergüenza!», recuerda risueña la académica de la lengua, sillón U, que continúa en esta senda amorosa con su nuevo libro, 'Kamasutra para dormir a un espectro', una obra «incalificable, inclasificable y preciosa» en la que se entremezclan las tramas eróticas, asegura Ofelia Grandes, directora editorial de Siruela, que publica el volumen. Poesías, reflexiones, microcuentos, citas... Todo se superpone en este libro que «es la quintaescencia de la escritura de Clara», dice Grandes.

«La pasión erótica no tiene edad. Aunque el cuerpo no esté a punto para ello, no importa», dice Janés, que sonríe al contar la relación epistolar, «casi erótica», que mantiene con dos escritores. «Me interesa ver cómo acaba», deja caer.

En realidad, 'Kamasutra para dormir a un espectro' comenzó a gestarse hace ocho años en un encuentro casual en el Café Gijón. Allí coincidieron la escritora y el ilustrador José Antonio Sistiaga, que había dibujado unos sellos eróticos y que en este nuevo volumen incorpora sus creaciones. «Quería intentar hacer algo que fuera tan sutil como los dibujos de Sistiaga, donde no ves lo que es y luego lo ves», afirma Janés jugando con las palabras.

El espectro al que se refiere el título es una imaginación de la autora que se apareció en su mente al escuchar decir a una mujer en la radio que su padre «no podía dormir si no era amado». «Mi cabeza comenzó a crear algo para que pudiera dormir ese difunto y en ese momento empecé a estudiar el 'Kamasutra', que todos sabemos lo que es, pero del que no conocemos los detalles», destaca.

El espectro que ha inspirado a Janés tiene también muchas influencias: literarias, como Rilke, como Petrarca, como Cioran o como El Quijote, «que se inventa a Dulcinea y luego quiere despedirse de ella»; y científicas, como Galileo, cuyas huellas siguió la poetisa en la Universidad de Padua. «El espectro me ha abierto muchas puertas», apunta Janés.

La escritora se reconoce en el misticismo de Santa Teresa de Jesús, que «ve imágenes, repite oraciones y escucha música». «Si la energía supera a la materia, se produce la levitación y el erotismo es una forma de levitación», explica la autora de una prolífica obra que abarca todos los géneros, a la que le gusta hablar de «sincronías y electromagnetismo», su capacidad para anticiparse a los acontecimientos.

«Con 19 años escribí una novela en la que contaba mi desastroso matrimonio con un periodista y así ocurrió en la vida real. Una noche de enero me despierto y justo veo pasar a las cigüeñas y otra noche me levanto un segundo y veo pasar un cometa. Creo que hay personas hipersensibles», dice Janés, que prefiere no pronunciarse sobre qué debe hacer la Real Academia Española con el lenguaje inclusivo. «Pero la RAE tiene que estar dispuesta a ver lo que está pasando en la calle», sostiene.

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