«Escribir se parece mucho a rezar»

El premio Nobel J. M Coetzee, este sábado, durante su charla en Madrid./EFE
El premio Nobel J. M Coetzee, este sábado, durante su charla en Madrid. / EFE

El premio Nobel de 2003 presenta en España su obra 'Siete cuentos morales', publicada antes en castellano que en inglés | «Si un libro no puede hablar por sí mismo y necesita que su autor lo explique, es un fracaso», dice el escritor surafricano

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Todos los libros de John Maxwell Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940) se convierten en acontecimientos literarios, pero su nuevo volumen, 'Siete cuentos morales' (Literatura Random House), tiene un atractivo especial para el público hispano. Su edición en español ha salido al mercado antes que en inglés, un hecho poco habitual en el mundo editorial y que, sin embargo, el premio Nobel de 2003 justifica en razones lingüisticas y políticas. «El inglés es un idioma que lleva implícita una visión del mundo de la que yo me siento cada vez más alejado», explica J. M. Coetzee, de visita en España para ofrecer varias charlas, entre ellas, una este sábado en la Fundación Telefónica de Madrid.

Cuenta Coetzee que se empezó a cuestionar la inercia de que sus libros se editaran primero en inglés cuando George W. Bush era presidente de Estados Unidos. «Hace 50 años, yo era un joven que ambicionaba publicar en Londres y Nueva York. Y lo conseguí. Pero cuando fui creciendo, fue también aumentando en mí el desacuerdo con esa idea de los americanos de que su forma de vida debe extenderse por el mundo. A la vez, vi cómo me recibían en el resto del mundo y pensé que hay más idiomas que el inglés», cuenta este autor, que se considera «de izquierdas, pero alejado del lenguaje político».

Coetzee cree que «si uno libro no puede hablar por sí mismo y necesita que su autor lo explique es un fracaso». Por eso, le cuesta hablar de sus obras, aunque lanza pinceladas que ayudan a entender su visión del mundo y de la literatura. De 'La infancia de Jesús', uno de sus libros más aplaudidos, dice el escritor surafricano que le habría gustado publicarlo sin título, solamente con un folio en blanco en la portada, «para que el lector llegara a sus propias conclusiones». Aunque estudió en un colegio católico, no considera que la religión sea una parte importante de su vida, pero reconoce que está influido por el pensamiento cristiano y que se siente atraído por la idea de que Jesús se sacrificó por el resto de los hombres.

Sostiene Coetzee que «escribir se parece mucho a rezar». «En ambos casos uno tiene la fe de someterse a algo que está en blanco y confiar en que lleguen las musas o la inspiración», asegura. «Rezar es el vestido que ponemos a aquello que no es observable», reitera.

En 'Siete cuentos morales' vuelve a aparecer el personaje fetiche de Coetzee, Elizabeth Costello, que vive en un pueblo costero de España y se dedica a dar de comer a gatos callejeros, ganándose así la inquina de sus vecinos. Sus hijos, que residen en Francia y en Estados Unidos, quieren que abandone el lugar, y eso le da pie a Coetzee a reflexionar sobre la soledad y la vejez. «Las familias son cada vez más pequeñas y los padres, cuando son mayores, ya no viven con sus hijos. Nuestra empatía depende de la relación con nuestros padres», afirma.

A Elizabeth Costello le ha ocurrido lo que suele pasarles a los grandes personajes de la historia de la literatura. «Ha tomado vida propia y ya ha escapado a su creador. De hecho, me parece que nunca he tenido el control sobre ella. En 'El hombre lento' entró en mi vida y me exigió un lugar en el mundo», admite el autor.

Los animales son otro de los grandes temas de Coetzee. En 2013, el premio Nobel envió una carta a los diputados españoles en la que les decía que los toros «no son cultura». «Torturar y asesinar toros por el mero espectáculo pertenece a la Edad Oscura y no a la España del siglo XXI», afirmó entonces. «Los animales tienen una características individuales y si son tratados como mascotas, las pueden desarrollar. Aun así, no estoy seguro de que podamos decir que tienen un determinado carácter, como las personas», subraya. «Pero como dice Elisabeth Costello, ¿quiénes somos nosotros para decidir quién vive y quién no?».

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