«Hoy los editores realmente grandes son los pequeños»

Ginevra Bompiani, en una imagen de archivo./YOUTUBE
Ginevra Bompiani, en una imagen de archivo. / YOUTUBE

La hija de gran editor italiano regresa a Formentor casi sesenta años después y rememora el nacimiento del premio «que tocó las narices a Franco»

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIPollença (Mallorca)

Hace 57 años Ginevra Bompiani, (Milán, 1939) llegó a Formentor con los ojos abiertos y la mente en guardia. Hija del gran editor Valentino Bompiani, aterrizaba en Mallorca con 22 años para acompañar a su padre en la primera edición del Premio Formentor, creado por Carlos Barral y otros grandes editores europeos «para tocar las narices a Franco uniendo literatura y política». No había vuelto a pisar el legendario y literario hotel hasta ahora, como testigo excepcional del nacimiento y los primeros pasos de un premio no menos mítico que recaería en varios futuros Nobel y Cervantes como Beckett, Bellow, Carlos Fuentes o Juan Goytisolo. Editora como su padre, cree que «hoy los editores verdaderamente grandes son los pequeños».

En las mismas salas donde asistió a los pomposos bailes que se celebraban entonces, en la que vio jugar al ping-pong a Henry Miller con Jacobo Muchnick, en los jardines en los que vio como declaraban al joven Hans Magnus Enzersberger como «la mente más brillante de su época», y como Alberto Moravia e Italo Calvino «dudaron de que así fuera», Ginevra evocó aquella ilusionante primera edición. Allí estaban Antoine Gallimard, Giulio Eunaudi, Henrich Rowolt, con Moravia y Calvino paseando entre los pinos «que sí han cambiado realmente».

Moravia quiso maniobrar para que le dieran el premio a su entonces amante, Dacia Maraini. «Moravia todavía estaba casado con Elsa Morante pero el matrimonio, que había sido muy abierto, estaba al final y Moravia quería darle el premio a su nueva amante. Nadie se atrevía a contradecirle, pero no lo logró. El premio fue para Alberto Arbasino», rememoró Ginevra con una mente prodigiosamente fresca y divertida.

«Calvino era muy guapo y exitoso con las mujeres. Aquí se navegaba por la mañana, se bailaba por la tarde y se coqueteaba a todas horas. Todos están muertos y puedo hablar libremente de ellos. Todos se divertían mucho y yo, que era una jovencita hija de un respetado editor, me mantenía al margen y muy atenta a lo que pasaba» . Y lo que pasaba es que en aquellos días felices de literatura y coqueto se ligoteaba lo suyo. «Mi impresión es que si no traían a una mujer, cogían a la que tenían a mano» dice Bompiani risueña ante un foto suya de 1961 junto a Tomeu Buadas, el entonces propietario del hotel.

Evoca a Carlos Barral como «una especie de Mefistófeles, con una capa roja». «Era el alma del encuentro; el ángel y el demonio de un premio en que se casó la literatura y la política, creado para tocarle las narices al franquismo y que luego se fue a Corfú, porque Fanco no se lo puso fácil», explicó.

En las conversaciones de entonces «no había mujeres, a pesar de que había relevantes escritoras italianas como Natalia Ginzburg o Elsa Morante, que necesitaba anfetaminas para escribir». Pero desde 1961 «han cambiado mucho las cosas», reconoce esta editora y escritora, que se formó a la sombra de su padre, a pesar de que este no le prestó «la menor ayuda», y que regresó a unas conversaciones dedicadas a la literatura femenina a las 'vírgenes, diosas y hechiceras'.

Cree Ginevra Bompiani que la labor de los pequeños editores sigue siendo fundamental frente a los grandes grupos que proliferan en toda Europa y desde luego en italia. «Ahora los verdaderamente grandes editores son los pequeños», asegura elogiando el trabajo de sellos como Impedimenta, con el que Enrique Redel ha hecho grande entre los lectores españoles a un escritor tan difícil como Mircea Cartarescu.

Bompiani que concibió serie de literatura fantástica, 'Pesanervi', y creó un premio «abierto y limpio», para hacer frente al Strega, pasó varios años en París y Londres antes de regresar a Roma y a mudarse a Siena para enseñar literatura inglesa en la Universidad durante dos décadas. Ademá de editota es autota de varia novelas libros infantiles. Como traductora vertio al italiano obras de de Antonin Artaud , Louis-Ferdinand Céline , Gilles Deleuze , Leonora Carrington y Marguerite Yourcenar.

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