La creación de Sherlock Holmes no fue tan elemental

Sir Arthur Conan Doyle en una foto de 1922./R.C.
Sir Arthur Conan Doyle en una foto de 1922. / R.C.

Conan Doyle da cuenta de sus dudas sobre su vocación literaria y el universal personaje en una novela autobiográfica inédita en español

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

La creación de Sherlock Holmes no fue elemental. Ni mucho menos. Arthur Conan Doyle (1859-1930) dudó lo suyo antes de dedicarse a la literatura y alumbrar a su universal personaje. Cuando decidió abandonar la medicina pergeñó las claves de su infalible investigador y genio de la deducción. Lo explica el popular autor británico en 'Las cartas de Stark Munro', una novela epistolar de corte autobiográfico e inédita en español que rescata la editorial sevillana El Paseo.

La insistencia de Victoria León, traductora del libro, ha hecho posible que llegue al lector español esta clarificadora y divertida rareza de uno de los escritores más leídos del mundo. La novela precisa cómo fue su transformación de médico en escritor, y cómo Conan Doyle satisfizo una vocación tardía pero mucho más intensa que la primera.

Además de iluminar muchos aspectos de la biografía y la psicología del escritor, ofrece claves sobre el origen de algunos de los personajes más importantes de sus novelas, es espacial de Watson y Holmes. «Siempre mantuvo una relación de amor odio con el personaje que lo hizo tan célebre», apunta la traductora.

Son dieciséis cartas escritas a su amigo Herbert Swanborough, de Massachusetts, por J. Stark Munro, un recién graduado en la facultad de medicina y que detalla las dificultades que tiene para abrirse camino de la mano de su brillante pero poco ortodoxo compañero James Cullingworth. «Se trata de un relato poco disimulado de las experiencias de Conan Doyle con George Turnavine Budd, su asociado hasta que estableció su propia consulta en 1882», precisan los editores.

Es una narración «decididamente autobiográfica», según León, que da cuenta de la formación de una mentalidad propia y muy singular «que condicionará sus futuras decisiones y afectará a su vida de manera decisiva». Escritas en un tono desenfadado, Conan Doyle decidió publicarlas cuando era ya un autor de éxito, plenamente reconocido y traducido a varios idiomas gracias su inefable pareja. Es en 1891 cuando regresa a su juventud, a sus desilusionantes comienzos como médico y da cuenta de como apostó pro la literatura cambiando definitivamente el fonendo por la pluma.

Las dieciséis misivas fueron escritas 1891 y 1893, los últimos años de la estancia del autor en Norwood. Se publicaron por primera vez en 1895 en una edición en inglés que se distribuyó en el Reino Unido, Estados Unidos y Alemania. Pero nunca hasta ahora se habían traducido al castellano.

Ricas en detalles sobre la vida familiar del escritor, dan cuenta de cómo conoció a su primera esposa, aclaran la decisiva influencia «moral e intelectual» de su madre, y su tormentosa relación con un padre depresivo y alcohólico, recluido en un sanatorio los últimos años de su vida pero a quien el escritor «admiró como un genio incomprendido». Reafirma la importancia de la formación científica en su vida o su vacilación vocacional y matrimonial, «factores sin los que, como confesó, no se hubiera dedicado a escribir, y que inspiración para algunas de sus más brillantes creaciones», dicen los editores.

La casualidad llevo al Victoria León a tropezarse con el texto cuando trabajaba en la edición de la narrativa histórica de Conan Doyle para la Biblioteca de Literatura Universal (BLU). Al releer sus memorias se topó con varias referencias a 'Las Cartas de Stark Munro', a las que el escritor remitía a quienes quisieran conocer detalles de su vida. Halló un texto «divertidísimo» que «increíblemente» nadie había traducido antes al castellano.

Es un libro «clave para entender a un autor heterodoxo» y «tan popular y admirado como enigmático», y «dueño de una obra estrechamente ligada con su vida, tan rica en aventuras y experiencias». «Una vida más que novelesca, como él mismo reconocía en el prólogo de sus memorias, publicadas en 1924», dicen sus editores. Además del creador de Sherlock Holmes, uno de los personajes de ficción más exitosos de la literatura occidental, la obra del muy prolífico Arthur Conan Doyle incluye relatos de ciencia ficción, novela histórica, teatro y poesía.

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