María Tena recupera su paraíso perdido

María Tena./Efe
María Tena. / Efe

Confronta la libertad que respiró en el Montevideo de su infancia con la asfixia del franquismo al que regresó en los sesenta

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Como Rainer Maria Rilke, cree María Tena (Madrid 1953) que la infancia es la patria del escritor. La suya transcurrió en Montevideo, y la recupera en 'Nada que no sepas', una indagación en su propia identidad y en su pasado familiar que le procuró el XIV Premio Tusquets de Novela. Matar al padre es un clásico en la literatura universal y en su novela «más madura» María Tena 'mata' a los suyos de la forma más cordial y amorosa para «conocerlos y conocerme».

«Como he matado a mis padres miles de veces, les adoro y me he acabado reconciliando con ellos», dice Tena, que ha sido carne de diván. «El psicoanálisis no es para enfermos mentales, sino para replantearte tu infancia en un momento dado de tu vida; es sanísimo y con él me enfrenté a unos padres muy atractivos y seductores, pero de los que tenía que desprenderme».

Y es lo que hace con esta novela ambientada en el Uruguay de los primeros sesenta: la búsqueda de unos progenitores que son unos desconocidos hasta que la hija reconstruye su vida cosmopolita, libre y desprejuiciada en un lugar insólito en viaje literario en busca del paraíso que para ella fue Montevideo y Uruguay. «Un país laico, muy culto, un crisol de etnias y culturas dónde se vivía una libertad que que no se podía soñar aquí».

«Volver de aquella Suiza de América al Madrid de la dictadura de Franco, viajar de la luz a penumbra, fue un verdadero shock para unas crías que, como mis hemanas y yo, veníamos con minifalda y maquilladas», recuerda. Regresaban del país y la ciudad de Ida Vitale, última ganadora del Cervantes y «una mujer maravillosa y muy inteligente».

'Nada que no sepas', su novela «más madura», procuró a la escritora el premio Tusquets

«No es una historia real, pero es una gran verdad literaria. Todo lo que pasa en la novela no pasó, pero podría haber pasado», dice la escritora. Aclara que su madre murió en en su casa de Madrid con 80 años, mientras que la de la novela fallece muy abruptamente en Montevideo cuando la narradora tiene doce años.

En plena crisis de pareja, la protagonista regresará a un Uruguay idealizado. A un tiempo en el nada nada turbaba una vida que transcurría entre sofisticadas fiestas al aire libre, días en la playa o excursiones a las estancias. Se verá con amigas de la infancia, con las mujeres que conocieron a su padre, «un fascinante seductor», y con quienes puedan contarle por qué ella y su hermano tuvieron que partir para España tras el fallecimiento de la madre.

Está Tena «más que orgullosa» de haber obtenido el Tusquets y publicar en este sello. «Después de muchos años de soledad como autora es un honor. Por primera vez tengo la sensación de haber acertado», dice. «Siento que he dado con mi tema. Que he madurado. Todos somos lo que fuimos a la infancia, lo que comemos, lo que leemos, las broncas de nuestros padres, y ahora he sentido que es un tema definitivo», resume.

Hija de diplomático, Tena pasó su infancia entre Dublín y la capital uruguaya. Licenciada en en Filosofía y Letras, su vida profesional siempre ha transcurrido en la administración y vinculada proyectos culturales. 'Tenemos que vernos', su primera novela, fue finalista del Premio Herralde en 2003. Público después 'Todavía tú' (2007), 'La fragilidad de las panteras' (2010) y 'El novio chino', premio Málaga de novela en 2016.

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