Olivier Messiaen, un músico en la barbarie nazi

El compositor Olivier Messiaen, en una imagen de 1952. /R.C.
El compositor Olivier Messiaen, en una imagen de 1952. / R.C.

Mario Cuenca Sandoval novela la vida del compositor francés, que creó 'Cuarteto para el fin de los tiempos' en un campo de concentración

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Tras la Segunda Guerra Mundial, el filósofo Theodor Adorno se preguntó si era posible seguir escribiendo poesía después de Auschwitz. ¿Y durante el nazismo? La respuesta la tenía el músico francés Olivier Messiaen (Aviñón, 1908-Clichy, 1992), que compuso 'Cuarteto para el fin de los tiempos' en un campo de concentración nazi, donde estaba prisionero. El escritor Mario Cuenca Sandoval (Sabadell, 1975) rescata en su nueva novela, 'El don de la fiebre' (Seix Barral), la agitada vida, llena de luces y sombras, de Messiaen.

Desde niño, el Mozart francés, como llamaban a Messiaen, se supo en posesión de un don: el oído absoluto, la capacidad de transcribir a un pentagrama cualquier nota. Eso le acercó a los pájaros, de ahí que también se convirtiera en un prestigioso ornitólogo. Católico de familia conservadora, entró en el conservatorio de París a los once años y su vida parecía bien dirigida en el mundo de la música hasta que la llamada a la guerra lo cambió todo. En 1940 estaba enrolado en el Ejército francés, como camillero y en la orquesta de la armada. No disparó un tiro, pero fue capturado en la batalla de Verdun y trasladado al campo de Gorlitz, en Polonia. Allí sucedió un episodio prodigioso: Messiaen creó 'Cuarteto para el fin de los tiempos' y en compañía de otros tres músicos, encerrados en Gorlitz como él, tocó una de las grandes obras de la historia de la música.

Mario Cuenca Sandoval.
Mario Cuenca Sandoval.

Cuenca Sandoval recrea en la novela las visicitudes de Messiaen en el campo nazi. «Eran los primeros años de la guerra y los nazis todavía no habían puesto en marcha los campos de exterminio. Al contrario, querían dar ante Cruz Roja y el resto de las naciones una imagen de cierta civilización patrocinando acontecimientos culturales. Por eso, en el campo, el general alemán Brüll, que era un melómano, liberó a Messiaen de sus obligaciones como prisionero y le permitió componer».

En enero de 1941, en un campo nazi en Polonia, a veinte grados bajo cero, ocurre el milagro. Cuatro músicos convictos, con ampollas y sabañones en sus manos, vestidos con el uniforme de soldados checoslovacos capturados en el campo de batalla, interpretan 'Cuarteto para el fin de los tiempos' ante 400 prisioneros como ellos.

Sin duda, aquel momento fue un antes y un después para Messiaen. «Poco después del concierto, consigue un salvoconducto, que probablemente le dio el propio Brüll, para salir del campo», explica Cuenca. Y sobre aquel día, en su regreso a Francia, el mismo Messiaen quiso construir su mito, recuerda el escritor: «Exageraba las circunstancias, decía que había tocado ante mil personas...». Todo ello quizá para tapar las sombras que comenzaban a oscurecer su vida: «Compuso temas por encargo para el régimen de Vichy, vinculado a los nazis, y fue cruel con su primera esposa, a la que le diagnosticaron una demencia, y la internó en un centro mientras él empezaba una relación con una alumna de su conservatorio», cuenta Mario Cuenca. También se le acusa de ocupar en el conservatorio de París una plaza arrebatada a un músico judío y de no haber hecho todo lo posible por ayudar a los judíos perseguidos en su país. De hecho, en Francia existe hoy en día un debate sobre la figura de Messiaen, al que, como mínimo, se le califica de «timorato» a la hora de hacer frente a los nazis. En cambio, no existe debate sobre su música: ha adquirido la calificación de clásico, a la altura de Debussy y Ravel.

En sus últimos años, Messiaen se embarca en su obra más ambiciosa, una obra para la Ópera de París que no por casualidad se llamaría 'San Francisco de Asís'. Ahí encuentran expresión la música, su catolicismo y su amor por los pájaros (San Francisco predicaba a las aves). Fue estrenada en 1983, pero no fue la última de sus creaciones. Siguió componiendo hasta su muerte.

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