Muñoz Machado gana el Nacional de Historia

Fotografía de archivo del académico y jurista cordobés Santiago Muñoz Machado./EFE
Fotografía de archivo del académico y jurista cordobés Santiago Muñoz Machado. / EFE

Explica como «la lengua del dominador se convirtió en la del libertador» en su ensayo sobre un proceso de más de tres siglos, 'Hablamos la misma lengua. Historia política del español en América'

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

El papel de la lengua española en la construcción de América ha sido crucial. Y por estudiarlo, analizarlo y calibrar como «la lengua del dominador se convirtió en la de los libertadores, la de los nuevos estados independientes», ha recibido el académico, historiador, jurista y catedrático Antonio Muñoz Machado el Premio Nacional de Historia. 'Hablamos la misma lengua. Historia política del español en América' se titula el ambicioso ensayo editado por Crítica y que refiere ese largo proceso en los tres siglosm transcurridos desde la llegada de Colón hasta que nuestro idioma se implantó como la lengua común de los pueblos americanos. Dotado con 20.000 euros, el galardón lo falla cada año el Ministerio de Cultura y Deporte para premiar la mejor obra en el ámbito de Historia.

«Es una exposición detenida y sistemática de cómo se implantó y expandió el español en América», resume su autor. «Parte del choque que supuso la llegada de Colón, de cómo no se entendían con los indios, y de qué se hace para que desde esa dificultad de comunicación el español se convirtiera en el idioma general de América» indica Muñoz Machado sobre «el largo proceso que llevó a que el castellano desplazara a las lenguas indias».

Explica cómo «la falta de medios adecuados o la interferencia de otros intereses» determinaron que «no se alcanzaran nunca resultados significativos en la política de la Corona de enseñar el castellano a los nativos». También cómo la posición de los misioneros «fue fundamental» porque «prefirieron aprender ellos las lenguas amerindias y utilizarlas como vehículo para la evangelización, considerada la misión prioritaria de España en América».

«La lengua no se impuso, se implantó sin el empeño espacial de la monarquía española en que fuera así y sin coacciones», precisa el catedrático. «Durante la larga colonización se respetaron los idiomas locales y los misioneros aprendieron las lenguas aborígenes, de modo que fue un proceso lento y largo de más de tres siglos», precisa. «No se empeñó la monarquía española en obligar a que los indios hablaran castellano, no hubo programas educativos coactivos y se respetaron los idiomas locales», insiste.

Aclara cómo hasta finales del siglo XVII no vuelve a insistirse en el carácter imperativo de la política de castellanización, que se desarrollará con más convicción desde mediados del XVIII, en plena Ilustración, cuando se cambia radicalmente la administración americana. Al término de ese período «se inicia el constitucionalismo y la independencia de las colonias; unas declaraciones de derechos que proclaman la igualdad de todos los habitantes de las nuevas repúblicas,y que supusieron cambios fundamentales para los pueblos nativos».

En ese proceso «la lengua de los dominadores acabará siendo la de los libertadores; la de las nuevas naciones independientes», admite Muñoz Machado. «Los criollos que consiguen independizarse son castellanoparlantes y son quienes dan el impulso final», destaca el autor. «Al fin y al cabo, el castellano es la lengua del Derecho, de la legislación de la administración y eso da un impulso decisivo a su consolidación y expansión, al asumirse por las nuevas naciones», concluye.

La lengua institucional

Recuperada como la historia americana del español «se ha abordado en incontables estudios centrados en la determinación de las influencias de las diversas regiones españolas en las variantes idiomáticas del castellano del otro lado del Atlántico», o «en las consecuencias del contacto con las hablas amerindias, o incluso con las africanas llegadas con las importaciones de esclavos». Pero, a diferencia de esos análisis, el jurado destacó cómo el ensayo premiado «se centra en la historia política, jurídica y social del largo proceso, de tres siglos y medio de duración, y del papel de la lengua española en la construcción de un espacio cultural y un mundo institucional que se fue gestando y desarrollando en los siglos de presencia española para afirmarse con las repúblicas independientes»

Nacido en la localidad cordobesa de Pozoblanco, en 1949, Santiago Muñoz Machado es jurista, catedrático de Derecho Administrativo y académico de número de la Real Academia Española y de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Polígrafo de muy variada dedicación, en su obra con más de cuarenta títulos destaca la trilogía sobre la cuestión catalana cuya primera entrega le procuró el Premio Nacional de Ensayo 2013 por 'Informe sobre España. Repensar el Estado o destruirlo' (2012), y al que siguieron 'Cataluña y las demás Españas' (2014) y 'Vieja y nueva Constitución' (2016). Es autor de ensayos históricos como 'El problema de la vertebración del Estado en España' (2006) o 'Los itinerarios de la libertad de palabra', (2013); biográficos como 'Sepúlveda, cronista del Emperador', (2012); y de relatos como 'Riofrío', 2010.

Su obra de mayor proyección internacional es el Diccionario Panhispánico del Español Jurídico, que dirigió en 2017 en el marco de un convenio entre la RAE y el Consejo General del Poder Judicial. Es también director de la muy reconocida e influyente revista 'El Cronista del Estado social y democrático de Derecho'.

Doctor honoris causa por las universidades de Córdoba, Extremadura y Valencia, es académico de honor de la Academia de la Lengua de Colombia y de la Real Academia de Córdoba de Bellas Letras y Nobles Artes. Entre sus muchos reconocimientos figuran la Medalla de Andalucía o la Gran Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort.

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