El Emperador en busca de sentido

El escritor Simon Leys./
El escritor Simon Leys.

La editorial Acantilado reedita en España 30 años después la novela de Simon Leys 'La muerte de Napoleón'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Dicen que la llegada al Elíseo de Emmanuel Macron, con su gusto por la pompa y el boato, ha vuelto a poner de moda a Napoleón, al que el nuevo presidente querría de algún modo emular. Pero más bien parece que la figura del Emperador está fuera de las contingencias del momento. El foco de la literatura, en todas sus variedades, ensayo y ficción, está siempre puesto en Napoleón Bonaparte.

La última novedad en España ha sido la reedición, treinta años después, de 'La muerte de Napoleón', una deliciosa novela corta que Acantilado vuelve a llevar a las librerías tras el fallecimiento hace cuatro años de su autor, Simon Leys, un seudónimo bajo el que se escondía el escritor belga Pierre Ryckmans (Bruselas, 1935-Canberra, 2014).

'La muerte de Napoleón' parte de una curiosa hipótesis: ¿Y si el Emperador lograse escapar de la la isla de Santa Elena y volviera a Francia de incógnito? ¿Le reconocerían sus antiguos súbditos o le tomarían por un demente megalómano? ¿Y qué se encontraría a la vez el pequeño gran hombre, qué quedaría de su legado, cuál sería el recuerdo que los hombres y mujeres a los que gobernó tendrían de él?

Transportado hacia Europa en un barco en el que navega bajo la protección de un cocinero, Napoleón desembarca en Bélgica y trata de llegar a París. Por el camino visita Waterloo, la tumba de la Grande Armée, donde se topa con un supuesto veterano de la batalla que en realidad, es un farsante. Pero el encuentro sirve para que el hombre que una vez dominó el mundo comience a darse cuenta de que sólo es una sombra del que fue. «Siempre ha estado poseído del inquebrantable convencimiento de que todos los accidentes de su existencia, hasta los más penosos o futiles, tenían que contribuir necesariamente de un modo u otro a la forja de su destino», escribe Leys sobre su personaje, en una novela que destila humor, a la vez que compasión hacia el héroe caído, y que se convierte en una búsqueda de la propia identidad, de igual manera que Don Quijote, otro loco, proclamaba: «Yo soy el que soy». Visita un manicomio en el que los pacientes se visten de Napoleón y prepara un plan para conquistar París vendiendo sandías y melones.

Además de un devoto de la vida de Bonaparte, Simon Leys, profesor de Literatura china en la Universidad Nacional de Australia y en la de Sídney, fue un erudito sobre el gigante asiático. Escribió, entre otras obras, 'Sombras chinescas', 'Los trajes nuevos del presidente Mao' o una edición de las 'Analectas' de Confucio.

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