«El sistema judicial de EE UU es aterrador»

Steve Cavanagh./
Steve Cavanagh.

El escritor británico infiltra a un asesino en serie en un jurado en '13', un pulso entre dos mentes privilegiadas

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«Si me acusaran de asesinato, preferiría un millón de veces se juzgado en Europa que en Estados Unidos, cuyo sistema judicial es aterrador». Lo dice con rotundidad y una maliciosa sonrisa Steve Cavanagh (Belfast, 1976), emergente maestro del suspense capaz de colar en un jurado neoyorquino a un asesino en serie que trata de absolverse de sus crímenes. Es lo que el escritor norirlandés hace en '13' (Roca Editorial), cuarta novela de la serie que protagoniza Eddie Flynn, un astuto abogado con más conchas que un galápago, antiguo estafador y al que pronto veremos en las pantallas.

La novela de Cavanagh es un pulso de titanes. Un combate a muerte entre Joshua Kane, implacable asesino en serie que además de no sentir empatía por sus semejantes no siente el dolor -padece analgesia- y un letrado «renacido», curtido en mil procesos al que un juez invitó al estudiar leyes al constatar la brillantez con la que se defendió a sí mismo en un juicio por estafa. El asesino es conocido por el FBI como 'Dollar Bill', por el billete de dólar que deja sobre los cadáveres de sus víctimas para 'firmar' sus crímenes. Es además el «asesino del sueño americano», ya que se ceba con triunfadores, afortunados herederos o ganadores de pelotazos en la lotería, y no duda en matar de nuevo para ocultar y no purgar su duodécimo asesinato.

Con el elocuente subtítulo de 'El asesino no está en el banquillo de los acusados, está en el jurado', '13' es la primera novela traducida al español de Cavanagh, también abogado en Irlanda del Norte hasta hace dos meses y que no duda en reconocer que abogados y timadores tienen mucho en común. «Son lo mismo, tienen las mismas habilidades para distraer y convencer; tanto que un gran timador sería un abogado perfecto», insiste Cavanagh, que concede a su letrado el mismo protagonismo que a su asesino -ambos son los narradores- y mantiene Nueva York como escenario.

Dice que el sistema jurídico estadounidense «es perverso» además de «terrorífico» ya que «los mismos abogados instruyen los casos que defienden en la sala». Uno de los muchos mecanismos viciados de un sistema que conoce en profundidad y que ahora explota literariamente. «Más que un asesino en serie me aterroriza un sistema capaz de procesar y encarcelar a una veintena de afroamericanos por portar una pajita de refresco diciendo que es parafernalia para drogarse», dice citando casos reales. «Nuca mentí como abogado, pero usé todas esas habilidades, como las uso ahora como escritor», admite Cavanagh que dejó la abogacía para cumplir su sueño de escribir.

Espera dar «una larga vida» a su letrado, norirlandés como él, boxeador amateur que antes de dedicarse a la abogacía fue estafador y es ahora «un letrado íntegro que jamás defiende a un culpable». Participa en el «el juicio del siglo», la causa contra Robert Solomon, actor acusado del brutal asesinato de Ariella, su bellísima esposa con quien sedujo a Hollywood. El lector sabe desde el principio que el verdadero asesino se ha colado en el jurado, circunstancia que obliga al autor a un 'tour de force' narrativo para mantener la tensión y acentuar «el suspense, que es lo que escribo, al estilo de Hitchcock».

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