«A veces hay que saltarse la ley para que se cumpla»

Juan Gómez-Jurado. / Virginia Carrasco

El escritor Juan Gómez-Jurado, autor de 'Reina roja', asegura que «hay que incomodar al lector»

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Engavillar las 600 páginas de 'Reina Roja (Ediciones B) le ha costado sudores y sinsabores a Juan Gómez-Jurado (Madrid 1977). Su séptima novela ha sido «la más difícil y compleja». Sus investigadores, Antonia Scott, una mujer de inteligencia superlativa, y Jon Gutiérrez, un atípico policía vasco, homosexual, elegante y levantador de piedras, se mueven por zonas «muy oscuras», al margen del la ley para garantizarla y a la caza un aterrador asesino en serie. La trama «es un trabajo de orfebre», se vende su autor, para quien tener seis millones de lectores «no garantiza nada».

 ¿Por qué ha sufrido tanto como dice con la novela?

Ha sido muy complejo crearla y desarrollarla. Nada fácil. Antonia Scott, la protagonista, ha vivido en mi cabeza los tres últimos años y sólo ahora empezamos a conocernos bien. Es muy inteligente. Extraña. Y como todas las personas así, produce a la vez rechazo y fascinación.

No es criminóloga, pero sabe más que nadie de crímenes.

No es ni policía ni criminalista, pero se mueve como nadie en esos ambientes. Ha sido capaz de salvar centenares de vida. El lector averiguará cómo. Trabaja con una organización llamada 'Reina Roja' que busca personas súperinteligentes para resolver crímenes que escapan al ámbito más común de la policía.

¿Se mueve en las cloacas del Estado?

Es posible que haya alguna organización un poco compleja y secreta que esté funcionando por ahí. No daré más detalles.

¿Son necesarias esas cloacas?

En temas de seguridad es inevitable que ocurran cosas que el público no conozca. Precisamente porque la gente que supone una amenaza para la seguridad trabaja en la sombra. Esa idea estuvo muy presente en la gestación de la novela.

Para que se cumpla la ley, ¿hay que saltársela a veces?

A menudo no, pero a veces sí, como en esta ficción. Una de las claves de 'Reina Roja' es la extraña paradoja moral que supone que los investigadores trabajen en los márgenes del sistema para que se cumpla la justicia, que no es lo mismo que la ley. Eso genera zonas de incomodidad y de indefinición muy atractivas para una ficción.

El penúltimo hedor de las cloacas es Villarejo. ¿Es inteligente y merece una novela?

No soy quién para juzgar la inteligencia de nadie. Lo que sí sé es que en nuestro país encierra un montón de novelas. Por eso quería hacer un 'thriller' madrileño en el que hubiera personajes muy reconocibles de la España contemporánea.

¿Qué define a Antonia Scott, además de su gran inteligencia?

No se siente a gusto de ningún espacio, en ningún ámbito normal. Se encuentra atrapada en la cárcel de su cerebro. Su enorme inteligencia le hace sentir un miedo terrible. Su condición de mujer tampoco ayuda. Es algo que me han explicado algunas lectoras; que muchas mujeres tienen a veces que esconder su inteligencia para no causar rechazo. Es otro de los temas de la novela.

Recovecos

Si los más listos se colocan en segundo plano, ¿los tontos dan la cara?

Es un silogismo que partiría de una premisa falsa. Pero si estuviéramos en Twitter diríamos que la respuesta es sí. Pero lo que hay aquí es una enorme complejidad, muchos recovecos morales. Lugares en los que ni yo, como autor, ni los personajes ni el lector se sentirán cómodos. 'Reina Roja' destila conflicto por todas las costuras.

¿Al lector hay que incomodarle?

Desde luego. Incomodarle y generarle conflictos. Hacer que la inquietud y la tensión le hagan sentirse en el filo de la navaja y se pregunte qué está pasando. Esa tensión es obligatoria para el conflicto y para el placer de la lectura.

Los grandes investigadores van en parejas. ¿Quién es Jon?

El reverso luminoso de Antonia. No acaban de llevarse bien; al principio no se complementan del todo, pero acaba con la necesidad, la obligación y el deseo de protegerla. Se encariña de ella.

¿Es también una novela de amor?

El amor, que está presente en todos mis libros, tiene muchas facetas y puede no ser romántico. Las parejas de investigadores han de quererse, inevitablemente, pero su amor no es sexual. Es imposible que Jon y Antonia se enamoren. Se tienen lealtad. Algo más próximo a la amistad.

Su aterrador asesino en serie ¿llega para quedarse?

Ya veremos. En España hemos tenido algunos de los asesinos en serie más terribles de los 600 que hay en historia de la criminología. Una docena son de aquí. Todos han estado presentes a la hora de construir al villano del que no diré ni una palabra más.

¿La maldad puede anidar en un cerebro sano o es patológica?

Los psicópatas son el 5% de la población. Por definición no son enfermos. Tienen una condición psicológica, que no es lo mismo. La parte del sistema límbico que regula la empatía está en el córtex prefrontal. Es una zona muy fina, responsable de cómo recibimos el sufrimiento y nos relacionamos con otros. En Madrid tendremos 500 psicópatas, pero no todos se convierten en asesinos en serie. Muchas de las cosas que leemos en las novelas no solo entran en el terreno de lo posible, sino que se quedan muy cortas. Vale el viejo dicho de que la realidad supera siempre a la ficción.

La «ratonera» de Twitter

¿Que garantizan seis millones de lectores ante la página en blanco?

Absolutamente nada. Es mi séptima novela y estoy mucho más asustado que con la primera. A medida que avanzas te pone retos y tratas de superarte. Solo piensas si serás capaz de hacer un libro mejor. Y el miedo persiste. Lejos de ser un grado, la experiencia ni te quita el miedo al fracaso ni te da aplomo. Es como levantarte muy temprano y ducharte con agua fría. Es imposible acostumbrarse.

Es muy activo en las redes. ¿Llegará el día en que nos arrepintamos y nos aplaste lo que hemos soltado en esos tuits?

Está pasando todos los días. Twitter está diseñado para convertirse en una ratonera que utiliza los fallos de personas de cierta relevancia para generar tráfico. Por eso a Donald Trump no le cancelarán nunca la cuenta, a pesar de que no pare de vomitar odio y estupideces en sus tuits.

De llamarse Smith, ¿se la habrían cerrado?

Desde luego. Hace tiempo. Pero el señor Smith no tendría el maletín nuclear.

Además de Trump, Bolsonaro, Duterte, Orban, Le Pen, Salvini...¿Qué está pasando?

Que el mundo se infantiliza. Reduce su capacidad de atención y comprensión. Por eso es tan relevante que haya lectores de periódicos y libros. Personas capaces de leer más allá de 280 caracteres y reflexionar. Cada día, por eso, estoy más orgulloso de escribir libros, qué parece viejuno pero no lo es. Es ir contra la corriente.

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