«Pintar es vender tu alma al diablo a diario»

Miquel Barceló, frente a la portada de su versión ilustrada de 'Fausto'./Efe
Miquel Barceló, frente a la portada de su versión ilustrada de 'Fausto'. / Efe

«Todos tenemos un Mefistófeles dentro», afirma Miquel Barceló, que llena de color su versión ilustrada del 'Fausto' de Goethe

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Dice Miquel Barceló que él, a veces, también se identifica con el Mefistófeles de 'Fausto'. «Lo entiendo muy bien cuando estoy encerrado en mi taller y veo que la calle está llena de cosas que deseo. Todos tenemos un Mefistófeles dentro. Pintar es vender tu alma al diablo todos los días», bromea el genial artista balear, y cuando lo dice, casi le asoma una sonrisa mefistofélica, tanto se ha comprometido con su nuevo trabajo. Barceló (Felanitx, Mallorca, 1957) acaba de ilustrar el 'Fausto' de Goethe en una edición especial que publica Galaxia Gutenberg.

«Me parece que he hecho demasiadas exposiciones y pocos libros. Nunca hay demasiados libros. Los libros son para siempre y éste no lo hacemos para que sea un regalo de Navidad, sino para que perdure», asegura Barceló, que 15 años después de ilustrar 'La Divina Comedia' de Dante se atreve con otro clásico de la literatura mundial: 72 ilustraciones en un libro de 240 páginas, en alemán y castellano, que sale a la venta por 89 euros. Su acuarela comenzó a dibujar este 'Fausto' en el verano de 2017, cuando el artista estaba en la India, y cree que por eso le han salido unas imágenes de colores explosivos, «gargajos de Dios», dice él mismo.

El mito de 'Fausto', el sabio que vende su alma al diablo para conseguir a cambio conocimientos infinitos y los placeres terrenales, adquiere otra dimensión en el pincel de Barceló. «No he querido hacer visible lo que ya dice Goethe, eso está en el libro», continúa el artista, que ha leído el volumen a conciencia para interpretar, a su manera, los monos de los que habla el escritor alemán, o la pulga a la que tanto aprecia el rey que describe Goethe y a la que nombra ministra, o una procesión de ciegos que en realidad, no se corresponde a ningún texto, pero que en la mente de Barceló cobra su propio significado.

«Podría poner cualquier imagen de este libro en 'El Quijote' y también funcionaría», asevera. «Leemos 'Fausto' hoy en día porque todavía nos dice muchas cosas que nos atañen profundamente, no sólo porque sea una bella sucesión de metáforas», explica el creador. «Los temas que aborda Goethe son los que compartimos todos, los que afectan a los seres humanos: el conocimiento, el deseo y su pérdida, el poder, la idea de Dios. Goethe no dice que el planeta está podrido y lleno de moscas, pero podría haberlo dicho», argumenta.

El 'Fausto' de Barceló se inspira en las montañas del Himalaya, que el artista ve desde su taller de la ciudad india de Dehradun. Ha cambiado la influencia de África, donde «todo se ha vuelto más complicado», por la luz de las montañas nepalíes y «un ambiente más budista». «De hecho, por las páginas sale algún guerrero tibetano», reitera Barceló, que vuelve a la India para continuar con la segunda parte del proyecto, que se corresponderá con la segunda parte que publicó Goethe 26 años después de la primera y que llegará a las librerías en octubre de 2019.

Obras clásicas

El 'Fausto' no será la última incursión del artista mallorquín en los libros. Aunque no tiene decidido cuál irá después, por su cabeza circulan ideas sobre otras obras clásicas, como 'El tiempo recobrado', tomo final de 'En busca del tiempo perdido', de Proust, el 'Libro Tibetano de los Muertos', la 'Crónica de las Indias', de Bartolomé de las Casas, o incluso 'La Biblia'.

Convertido en el artista español más internacional, autor de una capilla en la catedral de Mallorca y de la cúpula de la Sala XX del Palacio de las Naciones Unidas en Ginebra, Barceló dice disfrutar de la sensación «de frío» que lo asalta cuando entra en su taller sin un proyecto definido. «Me gusta el riesgo», afirma el pintor y escultor, al que no sorprende en absoluto la última actuación del artista callejero Bansky, que destruyó una de sus obras inmediatamente después de haberla subastado. «No creo que haya hecho nada nuevo ni relevante. Tenemos el 'Blanco sobre blanco' de Malevich y la 'Mierda de artista' de Mazini. Ya han pasado muchas cosas así», insiste.

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