Análisis

Hecatombe del primer Sevilla sin Monchi

Banega y Muriel tras el gol de Iniesta/Reuters
Banega y Muriel tras el gol de Iniesta / Reuters

El equipo andaluz fue abucheado tanto en la salida de Madrid como a su llegada a la ciudad hispalense, donde varios aficionados increparon a los jugadores con sus familiares y pidieron la dimisión del presidente Pepe Castro

LUIS F. GAGOSevilla

La resaca de la final de la Copa del Rey para el Sevilla fue tan dura como se esperaba. La bochornosa actuación del equipo tras la goleada encajada ante el Barcelona ha abierto un agujero social en el seno de la planta noble del Ramón Sánchez-Pizjuán que será muy difícil cerrar, al menos hasta el final de temporada. Al equipo andaluz le quedan cinco partidos de Liga para finalizar la que, posiblemente, sea una de sus campañas más duras e irregulares de los últimos 15 años, desde que regresara a la élite del fútbol español. Le restan unas pocas jornadas para intentar alcanzar el séptimo puesto que le daría derecho a estar un año más en Europa. Aunque las expectativas, a tenor de lo vivido durante el domingo, no son nada halagüeñas en favor de los intereses rojiblancos.

El naufragio en el estadio Metropolitano sólo fue la antesala de lo acaecido doce horas después. Medio día que tiene varios nombres propios. El primero el de N'Zonzi. El jugador francés se marchó del hotel de concentración del club de madrugada para irse con su familia a una conocida discoteca madrileña. En las redes sociales aparecieron a altas horas de la noche varias fotografías del mediocentro en una actitud relajada y ociosa. Una vez que los medios de comunicación, sobre todo sevillanos, se hicieron eco, los aficionados multiplicaron su enfado hacia la plantilla que explotó en dos fases: en la salida de los jugadores desde Madrid en la estación del AVE de Atocha y a la llegada en Sevilla.

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Fue en la capital de España donde se vivieron los primeros momentos de mucha tensión. Pareja se enzarzó con un aficionado que le reprochaba la escasa ambición del equipo. El central argentino tuvo que ser sujetado por la seguridad privada del Sevilla para que el incidente no fuera a mayores. Después publicó en su cuenta personal de Twitter un escueto mensaje pidiendo disculpas y asegurando que todo se debía a que estaba con su familia y éstos se habían sentido ofendidos. Mismo medio usó N'Zonzi para disculparse por su salida nocturna, aunque esta vez lo hizo a través de la comunicación oficial del club sevillano. Por medio de un vídeo realizado durante el trayecto en tren, el galo aseguró que su actuación fue por «sentirse solo» y poder estar «por primera vez en mucho tiempo» con su familia.

Cuando los sevillistas llegaron a orillas del Guadalquivir los ánimos no se habían calmado. El blanco de las iras fue en esta ocasión el presidente, Pepe Castro, que no dio ninguna declaración en la anoche aciaga vivida ante los catalanes, pero sí lo hizo nada más bajarse del AVE. «Ahora mismo hay que tener cabeza fría y no tomar decisiones en caliente», recalcó para intentar tranquilizar los ánimos de varios aficionados que le increparon, a veces con insultos severos, su falta de mano dura en estos instantes. Mientras algunos exigían su dimisión, otro muchos seguidores le pidieron entre gritos al mandamás de la entidad «cortar cabezas», en clara referencia a dos hombres que quedan muy señalados dentro del club. El director deportivo, Óscar Arias, y el entrenador, Vincenzo Montella. Ambos están en el disparadero y su continuidad en el proyecto de la próxima campaña en el aire.

Fracaso sin Monchi

Porque una de las cuestiones que debían quedar solventadas esta campaña era qué sería del Sevilla sin su máximo benefactor estos años de éxitos. La marcha de Monchi supuso un quebradero de cabeza para Pepe Castro y la afición que no sabía cómo encajar la noticia del adiós de uno de los grandes protagonistas del mundo del balompié en la última década. Al final se decidió apostar por una continuidad dentro del organigrama del club. Se apostó por el segundo del de San Fernando, Óscar Arias, siguiendo también el consejo del propio Monchi que le pidió a la entidad que le dieran una oportunidad. Pero la apuesta ha salido mal. Este era el año de mayor presupuesto en la historia del centenario club y los fichajes resultaron poco fructíferos. Además, la pésima planificación en la portería y la delantera son hándicaps suficientes que han arrastrado al equipo a una situación agonizante. Tampoco ayuda el banquillo. Tras el despido de Berizzo se apostó por Montella, empero el técnico italiano no ha sabido encajar en la filosofía ni amoldarse a los profesionales que tenía en plantilla.

Si bien es cierto que la falta de recursos ha hecho mella en la forma de entender el fútbol por parte del transalpino, no lo es menos que tampoco él ha sido capaz de transmitir una idea clara ni de garantizar un descanso obligado a sus jugadores estrella. Muchos de éstos el mismo sábado confirmaban en privado verse incapaces de aguantar el ritmo arrollador del Barça y que se sentían «sin piernas suficientes» para soportar el esfuerzo físico hecho en los últimos cuatro meses. Admitían que la preparación en ese aspecto «ha dejado mucho que desear». Otro apunte más a añadir a la deriva sin rumbo hacia donde parece dirigirse el Sevilla. Intentar arreglar el barco empezará el martes, día que el presidente Castro ha señalado como «clave» para analizar la situación el equipo y tratar de tapar los múltiples agujeros de una nefasta gestión de los recursos. Sólo quedará por saber si ya será demasiado tarde.

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