Resumen 2018

Los 'Hispanos' conquistaron el oro europeo por primera vez

Los jugadores de la selección española de balonmano mantean al seleccionador, Jordi Ribera. /Georgi Licovski (Efe)
Los jugadores de la selección española de balonmano mantean al seleccionador, Jordi Ribera. / Georgi Licovski (Efe)

Tras las platas de 1996, 1998, 2006 y 2016, el equipo dirigido por Jordi Ribera alcanzó al fin la ansiada gloria continental

José Manuel Andrés
JOSÉ MANUEL ANDRÉSMadrid

El balonmano español, laureado con dos Mundiales y tres medallas olímpicas en las últimas décadas, tenía una cuenta pendiente -más allá del oro olímpico- con el Europeo. Tras las platas de los años 1996, 1998, 2006 y 2016, los 'Hispanos' afrontaban en enero de 2018 un nuevo reto continental. A pesar de ser el vigente subcampeón europeo, el equipo dirigido por Jordi Ribera había caído en cuartos de final del Mundial de Francia de 2017 en el debut del técnico catalán tras la era Manolo Cadenas. Este resultado, más que aceptable, dejó un sabor amargo en un grupo de jugadores acostumbrado a estar al menos en semifinales, algo que habían conseguido en los tres Mundiales y tres Europeos precedentes.

De esta manera, y con el estado de ánimo empañado aún por una dolorosa ausencia de los Juegos de Río que le costó el cargo a Cadenas, los 'Hispanos' desembarcaron en Croacia, un escenario de infausto recuerdo, donde España no pudo superar la fase de grupos del Mundial de 2009 en su peor actuación en un campeonato en décadas.

La primera fase transcurrió en Varazdin según los pronósticos, con dos victorias ante la República Checa y Hungría y una derrota frente a Dinamarca, la campeona olímpica. Así, España se plantaba en la ronda principal del torneo con dos puntos y Macedonia, Eslovenia y Alemania en el horizonte. Tras una victoria contundente ante los macedonios, la selección eslovena parecía sepultar las opciones de acceder a semifinales para los Entrerríos, Aguinagalde, Viran Morros y compañía, abocados finalmente a una victoria ante los alemanes, entonces vigentes campeones de Europa, para seguir vivos en el torneo. Ahí apareció lo inesperado. La selección, aún inmersa en pleno proceso de relevo generacional, sacó su mejor versión para derrotar a la Alemania de Uwe Gensheimer por 31-27, meterse en semifinales y tomarse cumplida venganza de la final del Europeo de Polonia de 2016.

Gigantesco Sterbik

Con una buena nota asegurada, aparecía de nuevo en el horizonte el muro galo, esa Francia que se ha convertido en la última década en la mejor selección de todos los tiempos y que seguía siendo temible a pesar de la retirada de pesos pesados como Thierry Omeyer o Daniel Narcisse. Llegó entonces una exhibición memorable liderada en portería por Arpad Sterbik, que había sido llamado de urgencia por Ribera para acompañar a Rodrigo Corrales tras la lesión de Gonzalo Pérez de Vargas. El gigante de origen serbio se hizo aún más grande bajo los palos y apagó los focos de Nikola Karabatic y compañía, incapaces de frenar el demoledor contraataque español, con un debutante en un gran torneo como Ferrán Solé como estilete. La seis veces campeona del mundo hincaba la rodilla y con ello caían también fantasmas del pasado como las eliminaciones en las semifinales del Mundial de Catar de 2015 y del Europeo de Polonia de 2014 y en los cuartos de los Juegos de Londres de 2012.

Arpad Sterbik, ante Jesper Nielsen, durante la final.
Arpad Sterbik, ante Jesper Nielsen, durante la final. / Georgi Licovski (Efe)

Así se plantó el equipo español en la final de Zagreb, con Suecia como rival. Una vieja conocida que dejó fuera de los Juegos de Río a España en el preolímpico disputado en 2016 en Malmoe. La revancha final para el primer oro en un Campeonato de Europa del balonmano español. Los 'Hispanos', desatados tras sus cruciales triunfos ante Alemania y Francia, fueron un vendaval que borró del mapa al equipo sueco, capaz de eliminar a los favoritos daneses en semifinales pero impotente ante el equipo español, que volvió de Croacia con un nuevo oro al cuello que demuestra que los jugadores y entrenadores españoles siguen muy por encima de la gris situación y de las muchas carencias económicas de un deporte cuya infraestructura en España permenece lejos de ser la que merece una potencia mundial.

 

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