Atletismo I Maratón

Kipchoge cruza la última frontera

Eliud Kipchoge, con la histórica marca al fondo./Reuters
Eliud Kipchoge, con la histórica marca al fondo. / Reuters

El keniano se convierte en el primer hombre en correr un maratón en menos de dos horas (1:59:40), aunque la marca no será récord del mundo al incumplir la normativa IAAF

MIGUEL OLMEDA

«Correr un maratón en menos de dos horas sería como llegar a la Luna», dijo una vez Eliud Kipchoge, con ese aura filosófica que le acompaña, y aunque exagerado, quizás sí que tuviera su parte de razón. Porque igual que el deseo de llegar a lo que parece inalcanzable forma parte de la naturaleza humana, también la ambición por superar los propios límites y crear unos nuevos es inherente al hombre. Y abarcar en menos de 120 minutos esos 42 kilómetros y 195 metros que se supone le costaron la muerte al mensajero Filípides hace ya 25 siglos significa traspasar la más mítica frontera del atletismo. La que durante años tantos deportistas, expertos y científicos predijeron que nunca se atravesaría. La que finalmente Kipchoge cruzó este sábado en Viena. Esa misma que le asienta todavía más en el Olimpo de los maratonianos que él mismo preside con una sonrisa. ¿Dónde queda ahora el techo del hombre?

« Ningún ser humano tiene límites», repite como un mantra el keniano, convertido en un icono generacional. Cada vez que Kipchoge agarra un micrófono se paraliza la agenda deportiva, pero cuando se pone un dorsal el mundo calla, asiente y aplaude. No queda otra cuando alguien devora 26 millas con ese mix de elegancia, facilidad, seriedad y sin embargo alegría. Y a la velocidad que lo hace, claro, a la que el resto de mortales quizás aguantaría 100 metros, 1.000, 10.000 en el caso de los mejores atletas del mundo. ¿Qué otra manera hay de invitarle a descubrir nuevos horizontes si no es sustituyendo liebres, guiándole con un coche?

«Pronto alguien correrá un maratón en 1:59, sé que es posible», aseguró Kipchoge ya hace año y medio en una entrevista a este periódico. Lo que no tenía tan claro es que sería él quien lo consiguiera. Entonces había cumplido los 34 y tenía por delante el objetivo del récord mundial antes de que su carrera comenzase a ir cuesta abajo. Era lo único que le faltaba para cincelar su nombre en la historia como el mejor maratoniano de siempre: campeón olímpico, casi invicto (diez victorias de once hasta el viernes) en los 42.195 metros, autor de algunas de las mejores marcas jamás realizadas... Hasta que el 16 de septiembre de 2018 en Berlín, en el asfalto mágico del maratón, el keniano ganó con la mayor autoridad nunca vista. Sin liebres durante los últimos 17 kilómetros, tuvo la cabeza y la fuerza para mantener el ritmo hasta ganar en dos horas, un minuto y 39 segundos (2:01:39), 88 segundos más rápido que la anterior plusmarca de Dennis Kimetto, vigente desde 2014.

«Una vida simple y disciplinada es el único camino para ser realmente libre», confiesa Kipchoge, cuya 'libertad' reside en formar parte de la eternidad. Para ello entrena espartanamente en Kaptagat a las órdenes de Patrick Sang y con ese espíritu nació el reto Ineos 1:59, el segundo intento de bajar de las dos horas tras el Breaking2 de 2017. Igual que entonces Nike, desde un principio Ineos dejó claro que no buscaba un récord mundial, y por ello se saltaría varias normas del reglamento de la IAAF en Viena. Siete, a saber: no sería una competición reglada por la Federación Internacional ni la Federación Austriaca, no habría al menos tres atletas en disposición de acabar la prueba, un coche marcaría el ritmo, las liebres entrarían y saldrían en carrera continuamente, el avituallamiento sería personalizado y no en estaciones oficiales, el recorrido no estaría medido y certificado de forma oficial, y no habría un control antidopaje al término de los 42 kilómetros. Aunque la lógica dicta no dudar de los dos últimos puntos, fácilmente comprobables.

«Cuando sufro, sonrío para convencerme de que soy feliz», explica Kipchoge, que en el parque Prater de Viena sufrió mucho, no podía ser de otro modo, para completar el maratón en menos de dos horas. Ineos escogió la capital austriaca y la fecha del 12 de octubre por sus condiciones climáticas, en teoría idóneas para correr, pero el tiempo estuvo a punto de jugarle a la empresa británica (y al atleta keniano, por supuesto) una mala pasada. La temperatura se mantuvo, como estaba previsto, por debajo de diez grados; sin embargo la humedad fue superior a la esperada (algo que ya lastró a Kipchoge en el Breaking2) e incluso llovió ligeramente en el segundo tramo de carrera. El mejor maratoniano de la historia, con todo, no torció el gesto en su búsqueda de la eternidad.

A 2:50 el kilómetro

«El trabajo en equipo es crucial para mí. Creo que el éxito de uno mismo solo puede conseguirse en equipo», confiesa Kipchoge, que en Viena se rodeó de un elenco incomparable para bajar de las dos horas. Su mujer y sus tres hijos le acompañaron al borde de un circuito de poco más de nueve kilómetros, igual que el staff de Global Sports Communication, la empresa que le representa y que encabeza Jos Hermens, el pionero de los agentes en el atletismo. En carrera, tampoco estuvo solo: hasta 41 liebres de primerísimo nivel le guiaron en formación de flecha inversa (como en 'V') por el parque Prater. Estrellas de hoy, como los hermanos Ingebrigtsen, Matt Centrowitz, Selemon Barega y Julian Wanders; y de ayer, como Bernard Lagat. Australianos como Stewart McSweyn o Patrick Tiernan; japoneses como Kota Murayama. Amigos de toda un vida, como Augustine Choge; nadie quiso dejar de ser parte de la hazaña.

«Patrick Sang es mucho más que un entrenador para mí», afirma Kipchoge, que nunca escatima elogios para referirse a su técnico, que le 'acogió' hace 18 años y le guía en su camino a la eternidad. Sang es el culpable de que el keniano sea capaz de poner la maquinaria a 2:50 minutos por kilómetro durante 42 kilómetros. Un ingrediente imprescindible para que Kipchoge no cediera ni un parcial en más de 2:52 en Viena. Para que acelerase en el último, cerrando el reto en 1:59:40, a 20 segundos del objetivo, el motor fueron sus sueños.

«Estoy muy feliz por haber hecho historia y haber inspirado al mundo, por haber sido el primero en bajar de las dos horas, pero espero no ser el último», exclamó emocionado Kipchoge, cruzada ya la frontera impensable. «Esto significa mucho para Kenia», reconoció también, reiterando su alegría. Humilde y agradecido, se acordó de su familia, de Patrick Sang y de las 41 liebres. Con todos repartió besos y abrazos nada más entrar en meta, extasiado de la alegría, consciente de que nadie olvidará ya su nombre, el del hombre que borró el horizonte de las carreras de fondo, el del heredero de Filípides: Eliud Kipchoge.