Gran Premio de China

Carlos Sainz necesita puntuar o puntuar

Carlos Sainz, tras la segunda sesión de entrenamientos de este viernes. /Diego Azubel (Efe)
Carlos Sainz, tras la segunda sesión de entrenamientos de este viernes. / Diego Azubel (Efe)

Tras dos abandonos consecutivos, el español está obligado no sólo a acabar su primera carrera con McLaren, sino a demostrar que es el líder del equipo de Woking

DAVID SÁNCHEZ DE CASTROMADRID

No es fácil afrontar una primera temporada en un equipo como McLaren, en el contexto actual. Posiblemente, si Lewis Hamilton hubiera llegado hoy a la escuadra de Woking y no en 2007, su historia hubiera sido radicalmente distinta. Por eso, todo logro que alcancen Lando Norris y Carlos Sainz será recibido como un éxito sin igual.

La salida de Fernando Alonso y Stoffel Vandoorne, el primero con honores y el segundo con vergüenza, responde no sólo a un cambio estético en la escuadra británica, sino de filosofía. Por primera vez en 12 años, precisamente desde la llegada de Alonso y Hamilton, dos debutantes (uno de ellos, novato en F1) tendrán que tirar del carro para devolver a uno de los equipos más importantes de la competición a lo más alto. En Norris hay puestas tantas esperanzas como cautelas, dado que todo 'rookie' debe juzgarse cuando pasen unas cuantas carreras, pero sobre los hombros de Sainz recae la responsabilidad de ser quien lleve las riendas.

Dos carreras, dos ceros. Ese es el botín con el que el piloto español de la parrilla de Fórmula 1 llega a la carrera número 1.000 de la competición, a un Gran Premio de China donde en el pasado sabe lo que es no sólo acabar, sino puntuar. Es ese el objetivo, casi obligado, que tiene un Sainz que salía de Sakhir notablemente insatisfecho, tras abandonar con el motor seriamente dañado y tras rodar durante prácticamente toda la carrera en última posición.

La resiliencia de Sainz

No se puede achacar toda la responsabilidad en Carlos Sainz. Es evidente que si hay dos roturas de motor, algunas miradas deben ir dirigidas al garaje, donde son los ingenieros y no el piloto quienes se deben responsabilizar de los éxitos y los fracasos, siempre que unos y otros vengan motivados por la fiabilidad.

Más información

Tras un viernes en el que Sainz dejó una de cal y una de arena, se sentía razonablemente satisfecho. «Hemos tenido una FP2 alentadora después de algunos problemas en la FP1. Reaccionamos bien como equipo y armamos una mejor línea para la tarde», se congratulaba el madrileño. Sin embargo, esa reacción debe traducirse en resultados. La única realidad, a día de hoy, es que Lando Norris tiene 8 puntos y el madrileño, 0.

Pocos pilotos afrontan con mejor cara las dificultades que Carlos Sainz. El piloto español sabe lo que es llegar a un sitio nuevo y que le miren, mientras susurran a su espalda que es el hijo del bicampeón del Dakar a la vez que se afilan los cuchillos. No lo ha tenido fácil para llegar a McLaren, aunque ahora es la sombra de Fernando Alonso, su mentor, la que se tiene que quitar de encima para brillar con luz propia.

El ejemplo del asturiano es, a la vez, un buen espejo en el que fijarse. Alonso aprendió en su travesía por el Hades de McLaren que enfadarse, desesperarse y dar lanzadas a gigantes no suele servir para nada. Máxime cuando es algo que no está en su mano.

Desde McLaren, y desde Renault, se han apresurado a poner todas las precauciones necesarias. Por ello, el motorista francés decidió cambiar varias piezas en todos sus suministrados, incluido el equipo británico. Si la mecánica le aguanta, Sainz debería ser capaz de alcanzar la zona de puntos o, al menos, pelear en la cabeza del pelotón trasero para ser el mejor de los demás.

Esto obliga a los mecánicos e ingenieros a trabajar duro. «No estoy del todo contento con el coche», avisaba Sainz públicamente. «Hay que encontrar un mejor compromiso entre la clasificación y la carrera, ya que aquí parece que el coche se comporta muy diferente», advertía el madrileño, en un mensaje claro hacia sus ingenieros.

McLaren tiene mucho trabajo, posiblemente tanto o más que el propio Sainz. Norris ya tiene un comodín, que le permite fallar (que ocurrirá, por pura estadística), pero al madrileño le quedan las cartas justas. De momento, los habituales mentideros mediáticos cercanos al equipo ya hablan de una evolución que les deberá dar unas 3 décimas de mejoría. Habrá que ver si esa promesa culmina, ya no en China, sino en Rusia o lo que es más probable, en Montmeló.