Los aranceles provocan la mayor caída de las exportaciones alemanas desde 2013

Un miembro del Bundesbank muestra un billete. /KAI PFAFFENBACH (REUTERS)
Un miembro del Bundesbank muestra un billete. / KAI PFAFFENBACH (REUTERS)

Bajaron un 1,3% de abril a junio y abocan al gigante europeo a la recesión, pese a tener un superávit presupuestario de 45.300 millones

JUAN CARLOS BARRENABerlín (Alemania)

Cual migas de pan que marcan el camino que probablemente seguirá la economía alemana este verano, donde hasta el poderoso Bundesbank ve probable que entre en recesión técnica tras dos trimestres consecutivos en negativo, este martes se confirmó que el mercado exterior de la locomotora europea registró la mayor caída en seis años. En concreto, sus exportaciones descendieron un 1,3% entre abril y junio, restando prácticamente medio punto al Producto Interior Bruto (PIB) germano durante ese período.

Sin embargo, la fortaleza de la primera economía de la UE y cuarta del mundo no ha perdido brío en el apartado presupuestario. La Federación Alemana, sus 16 estados federados y sus ayuntamientos registraron en el primer semestre un superávit de 45.300 millones de euros. Es decir, tras cubrir sus gastos registraron esa cantidad en positivo en sus cajas, según la Oficina Federal de Estadística (Destatis). Y ese saldo positivo supone el 2,7% del PIB germano.

«Los presupuestos de la Federación, los estados federados, los ayuntamientos y los seguros sociales han podido seguir beneficiándose del favorable desarrollo del mercado laboral», subrayaron los técnicos de Destatis. Gracias a la buena coyuntura Alemania lleva registrando continuos superávits presupuestarios desde 2014, debido en gran parte al récord de empleo y las subidas salariales, responsables de los fuertes ingresos fiscales, mientras los bajos intereses facilitan la contratación de préstamos en condiciones financieras muy favorables.

En cualquier caso, la oficina pública con sede en Wiesbaden también oficializó este martes que en el segundo trimestre el PIB alemán se contrajo un 0,1%. El desarrollo negativo se debe, sobre todo, a los conflictos comerciales protagonizados por Estados Unidos, sobre todo el que mantiene con China, aunque sin olvidar la debilidad de la coyuntura mundial, que afecta en especial manera a una economía esencialmente exportadora como la germana. No obstante, de enero a marzo su PIB había registrado un incremento del 0,4%, lo que unido a un final de año de cierta recuperación permitiría saldar un mal ejercicio con un crecimiento muy modesto de unas pocas décimas.

Pero antes habrá que superar el casi seguro mal trago de entrar en recesión técnica, si a principios de otoño se confirma -como ha pronosticado su banco central- que de junio a septiembre el crecimiento económico alemán volvió a resultar negativo. Y las últimas señales coyunturales son pesimistas.

El índice del clima de negocios que elabora cada mes el instituto económico Ifo cayó en agosto a su nivel más bajo desde hace casi siete años, debido en gran parte a que la debilidad de la industria lastra cada vez más sobre al sector de servicios. Entre tanto, el consumo se confirma como sostén firme de la coyuntura. El gasto de los hogares germanos subió un 0,1% frente a comienzos de año, a la vez que se incrementaron las inversiones empresariales.

Sin embargo, en la construcción, hasta ahora en auge en el país, las inversiones retrocedieron un 1%. Los expertos señalaron que debido al suave invierno muchas obras pudieron liquidarse en el primer trimestre, lo que frenó que la habitual animación del sector en primavera.

«El fuego se extiende»

También el comercio exterior grava la coyuntura, puesto que las exportaciones mermaron con más fuerza que las importaciones. «Las débiles exportaciones son un foco de fuego que amenaza con extenderse a la economía nacional», señaló el economista jefe del VP Bank, Thomas Ginzel, para el que «las alarmas empiezan a sonar». A su vez, el instituto IMK -cercano a los sindicatos- estima que la amenaza de recesión se ha elevado por la permanente debilidad de la industria. El indicador del instituto marca para el periodo de agosto a septiembre un riesgo de entrar en recesión del 43%.

A juicio de Carsten Brzeski, economista del instituto ING, no hay motivos de pánico: «los detalles muestran que el retroceso del PIB en primavera se debe casi exclusivamente a la debilidad de las exportaciones. En la economía nacional prácticamente solo el sector de la construcción ha decepcionado». Eso, añade, es resultado del inusualmente fuerte primer trimestre como señal de un retroceso en un área económica que probablemente es el «último sector en auge en Alemania». La estadística tendrá la última palabra.