El Bundesbank expone su oro, de vuelta a casa

Una muestra de la exposición. /AFP
Una muestra de la exposición. / AFP

Los observadores lo atribuyen más bien a la presión de políticos y de la opinión pública

COLPISA / AFPFráncfort (Alemania)

El Banco Central de Alemania expone sus colosales reservas de oro para demostrar a los escépticos que los lingotes alemanes han sido repatriados del extranjero. Alemania, principal economía europea y campeona de las exportaciones, posee las mayores reservas mundiales de oro por detrás de Estados Unidos: 3.400 toneladas de metal amarillo, el equivalente a 117.000 millones de euros (más de 143.000 millones de dólares).

Durante décadas, la mayor parte de estos preciados lingotes no estaba en territorio alemán, sino en bancos en Nueva York, Londres o París. Se hacía por miedo, en plena Guerra Fría, de que la Unión Soviética invadiera la Alemania del Oeste y se apoderara de su oro.

La creciente presión de la opinión pública incitó al 'Bundesbank', conocido localmente como 'Buba', con sede en Fráncfort, a repatriar el año pasado la mitad del oro depositado en la Reserva Federal de Estados Unidos, el Banco de Inglaterra y el Banco de Francia.

Ahora, los lingotes se encuentran en el sótano de esta institución francfortesa, en un lugar secreto. Exhibe sólo ocho lingotes en su Museo del Dinero, como parte de la exposición 'Oro. Tesoros en el Banco Central alemán', en la muestra que permanecerá abierta del 11 de abril al 30 de septiembre de 2018.

«Lo hacemos para mostrar a los ciudadanos que los lingotes de oro están aquí», explica Carl-Ludwig Thiele, miembro del directorio del «Buba», junto a lingotes de 12 kg expuestos en escaparates. «Queremos que se confíe en el banco federal y en sus reservas» de oro. «Y esto sólo se puede conseguir con transparencia», agrega.

Oficialmente, el banco justifica la repatriación de su oro por la evolución del contexto geopolítico. Pero los observadores lo atribuyen más bien a la presión de políticos y de la opinión pública, que se preguntan si el oro existe de verdad. El malestar se hizo visible especialmente durante la crisis de la deuda en la zona euro, que incitó a los inversores a volcarse en los valores refugio como el oro.

La demanda de información sobre las reservas era tal que «algunos se preguntaron si las reservas en Alemania y en el extranjero eran reales», recuerda Thiele. Ejemplo: la campaña 'Traigan de vuelta nuestro dinero a casa', lanzada por el euroescéptico Peter Boehringer, un diputado del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) que inundó el Bundesbank con cartas de peticiones. Esta presión llevó al Bundesbank a hacer público en 2013 un plan para repatriar la mitad de sus 270.000 lingotes.

Una decisión sabia, estima Bernhard Löderbusch, de 63 años, mientras visita la exposición. «Si se posee algo, se debería tener en casa, basta que estalle un conflicto en el extranjero...», argumenta este exbanquero.

Actualmente, 1.710 toneladas de oro están guardadas en Fráncfort, un poco más de 1.200 toneladas en Nueva York y alrededor de 430 en Londres. Los depósitos almacenados en París fueron repatriados el año pasado. El Bundesbank estimó que como Francia y Alemania comparten moneda (el euro) conservar el oro en ese país no tendría sentido si estalla una crisis que requiera convertir rápidamente este metal en liquidez.

Guardar el oro en el extranjero sigue siendo pertinente: la Fed estadounidense es la principal reserva de divisas y Londres, el principal centro mundial de comercio de oro. Después de su derrota de 1945, Alemania quedó arruinada y sin oro. Pero lo acumuló en los años del llamado «milagro económico». El oro ya no es tan vital para el sistema financiero pero sigue siendo un valor seguro en periodo de incertidumbre, asegura el Bundesbank.

La hiperinflación de la República de Weimar en los años 20, antes de la llegada de los nazis, ha dejado huella en los alemanes y explica en parte su interés por el oro. «Lo encarna todo: el dinero, el poder, la codicia, por él se mató a gente y se libraron guerras... El oro es fascinante», filosofa Löderbusch.

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