El 60% de las compras se paga a débito a pesar del auge de las tarjetas de crédito

Varias tarjetas de crédito. /R. C.
Varias tarjetas de crédito. / R. C.

Los ciudadanos prefieren el abono al instante en su cuenta, aunque casi siete de cada diez plásticos en vigor están pensados para utilizarlos a plazo

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMAREROMadrid

Posiblemente no haya este verano en alguna playa, montaña, ciudad o pueblo un solo cliente al que su banco no le haya cambiado su clásica tarjeta de débito por una nueva de crédito, aprovechando la caducidad, la pérdida o simplemente por una promoción comercial. La implantación del pago diferido -habitualmente a un mes vista, pero también a medio plazo- se ha ido extendiendo en los últimos años entre todas las entidades hasta tal punto que el 67% del parque de plásticos que se encuentran en vigor ya son de esta modalidad, al menos teóricamente.

En concreto, los españoles tenían en sus carteras 53,7 millones de tarjetas de crédito durante el primer trimestre, una cifra que se ha incrementado casi un 8% con respecto a un año antes. A este volumen de productos de pago electrónico se unen otros 27,3 millones de tarjetas a débito, que representan un 43% del total, en un contexto de claro retroceso. Se siguen formalizando más productos de este tipo, aunque los crecimientos que registran son inferiores a los del crédito, con alzas que apenas rozan el 5% en términos intertrimestrales, según los últimos datos del Banco de España.

El auge de las tarjetas de crédito en detrimento de las que están pensadas para el pago al instante contrasta con una realidad muy diferente a la hora de utilizar ambas opciones. La mayor parte de sus titulares siguen prefiriendo pagar sus compras en el momento de realizarlas -esto es, a débito- a pesar de tener en sus manos la posibilidad de hacerlo con financiación, porque la gran mayoría de tarjetas que tienen ofrecen esta posibilidad.

La cuestión es paradójica porque el año pasado los españoles realizaron compras a débito por un valor cercano a los 93.000 millones de euros, frente a los poco más de 68.500 millones que usaron el plazo. En el caso de las adquisiciones a débito, representan un 60% del total; y el otro 40% restante, va a crédito. De hecho, el incremento de los pagos al instante fue del 15% con respecto a 2016, según el último dato disponible del supervisor, mientras que el alza de los aplazados fue del 10%.

Esta discrepancia entre una y otra realidad se ha hecho patente en los tres últimos años, como consecuencia de la recuperación económica de los hogares y de los estragos que había dejado tras de sí la crisis en los bolsillos de las familias. Las compras a plazo se han movido en los últimos años entre los 61.000 y los 68.000 millones de euros por ejercicio. Sin embargo, lo que han aumentado de forma considerable son las adquisiciones cargadas sobre las cuentas del banco en el mismo momento en el que se acepta el pago en el restaurante, el supermercado o la gasolinera. Fue a partir de 2015 cuando los importes abonados a débito comenzaron a superar a los de crédito mostrando la preferencia de los usuarios de tener detraídas sus compras en las cuentas corrientes día a día, antes que esperar al cargo conjunto a final de mes.

Sin embargo, la estrategia comercia de parte de la banca no ha ido precisamente por ese camino. La venta de tarjetas a crédito se ha generalizado a la hora de formalizar una hipoteca; es la opción que se le ofrece al cliente cuando vence su anterior plástico; y aspira a ser la fórmula que más se comercializa entre las entidades financieras de consumo en los puntos de venta. Varias entidades han elevado la comisión por emisión o renovación de sus tarjetas de débito, en un aparente intento por disuadir de su uso.

El pago aplazado no ofrece mayor problema para los clientes más allá de asumir todas las compras de un periodo concreto -a final de mes- de golpe. Esta opción no está aún generalizada entre los consumidores, tal y como muestran las cifras del Banco de España.

Dos plásticos por habitante

La proliferación de las unidades de tarjetas con pagos aplazados ha pasado en los tres últimos años por su mejor momento, frente a las del débito. Desde 2014, el parque de estos plásticos se ha incrementado en un 24%, mientras que la otra modalidad apenas ha subido un 11% en ese mismo periodo. Durante la crisis, el conjunto de tarjetas en vigor se redujo desde el máximo de los 76,4 millones de 2008 hasta los 67,6 millones de 2014. Fue en el año 2017 cuando se alcanzó el máximo histórico (por encima de los 79 millones) y en lo que va de año se ha superado ese récord al situarse por encima de los 81 millones de tarjeta, dos por cada habitante.

El pago electrónico

Sean a crédito o con pago directo, los ciudadanos usan cada vez más las tarjetas para realizar sus compras, frente a la opción del efectivo, que se va quedando rezagada. Durante el primer trimestre de este año, las operaciones de pago en los terminales de los comercios -­TPV-­ sumaron 32.982 millones de euros, lo que supone un ascenso cercano al 9% con respecto al cierre del año pasado. En el lado contrario se sitúan las monedas y billetes, con los que se abonaron compras por un importe superior a los 28.070 millones, según datos del Banco de España. El incremento en el uso del 'cash' ha sido mucho menor que el de los plásticos, de un 2,5%, tres veces menos que la otra modalidad preferida de pago por los españoles.

El año 2016 fue el primero en la historia de las finanzas en el que los consumidores pagaron más dinero con tarjetas que con efectivo. Hasta ese momento, el 'cash' era la opción primordial. Pero la facilidad a la hora de realizar las compras, la flexibilidad que ofrecen muchos establecimientos con los plásticos -cada vez se pueden pagar importes menores por cada operación- han conseguido ampliar su uso.

De hecho, las estadísticas del supervisor muestran cómo el importe medio de cada operación con tarjeta sigue disminuyendo mes tras mes, como consecuencia de que se utilizan cada vez con más frecuencia incluso para compras pequeñas, en la medida que lo permiten las tiendas y comercios. Hasta marzo, el importe medio por cada operación con tarjeta fue de 37.429 euros, unos 102 euros por día. Esta cifra no implica que el gasto medio de cada español haya sido ese, sino que muestra una media de lo que se paga con tarjeta. Si se comparan esos volúmenes con los del año anterior, la compra media con tarjeta ha caído un 5,5% desde los 39.437 euros de 2017, unos 108 euros al día.

De hecho, el número de operaciones que se registran con tarjetas en los comercios sigue creciendo a un ritmo mucho mayor que el de los importes que se abonan, consecuencia de un mayor uso de los plásticos en cualquier tipo de circunstancia, ya sea una agencia de viajes, un gran almacén, un supermercado, una gasolinera o una panadería. Entre los meses de enero y marzo, el incremento de las operaciones con tarjetas fue de un 13%, una tendencia que se mantiene a ese ritmo prácticamente desde 2016.

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