Transporte aéreo

'Showman' en público, 'tiburón' en privado

Michael O´Leary (a la derecha), en una de sus peculiares ruedas de prensa. /Reuters
Michael O´Leary (a la derecha), en una de sus peculiares ruedas de prensa. / Reuters

Michael O'Leary, CEO de Ryanair, se ve obligado a dejar la gestión diaria de la compañía, y con ello dejarse ver menos, para centrarse en las finanzas

José Antonio Bravo
JOSÉ ANTONIO BRAVOMadrid

«No me importa una mierda si nadie me quiere». Con esta declaración de principios es fácil explicarse porque el consejero delegado de Ryanair, Michael O´Leary, ha querido hacer un personaje singular de sí mismo y cultivarlo casi hasta el extremo, en la creencia de que ser el centro de atención terminaría redundando de forma positiva en las cuentas de una compañía a cuyo frente ha cumplido ya 24 años.

Y aún seguirá llevando esa batuta, al menos, otro lustro más aunque probablemente los socios de la aerolínea más grande de Europa por número de pasajeros terminen buscándole un relevo más centrado, incluso de tono más amable. Por ahora, su papel de 'showman' en público toca a su fin y sus, en ocasiones, estrambóticas comparecencias ante los medios parecen ser ya historia.

Suyas fueran propuestas públicas tan llamativas como retirar los cinturones de seguridad de los aviones porque los veía «inútiles», cobrar más a los obesos –a más peso, mayor gasto en combustible, argumentaba– o incluso pagar por usar el baño. Pero sus perlas dan para más: desde llegar a habilitar películas pornográficas para los pasajeros que las quisieran pagar hasta llegar a retirar los reposabrazos pagar por usar servicios de emergencia (mascarillas, puertas, etcétera); de hecho, la idea que a veces ha trasladado de su avión ideal es una especie de autobús que prime el transporte sobre cualquier comodidad.

Algo normal para alguien que ha reiterado que «si un vuelo se cancela, no piensen que vamos a poner un hotel para nuestros pasajeros, o un restaurante para un retraso de vuelo», por más que la normativa europea sí lo exija en función del tipo de demora o cancelación. Por el contrario, defiende que para la clase ejecutiva «todo será gratuito».

Con taxi propio

O'Leary, nacido en 1961 en la localidad irlandesa de Mullingar, mamó de pequeño como hacer fortuna porque su padre era un empresario agrícola. Fue a la universidad pero, según él, no se centró hasta «buscar trabajo y empezar a ganar dinero». Tanto que hoy acumula una fortuna estimada en 600 millones de euros –gana 1,2 millones al año sin extras–, con residencia en el campo y una mansión victoriana en Dublín.

Casado una exbanquera y con cuatro hijos, presume de ir en taxi; en realidad, el suyo propio para usar el carril bus de la capital irlandesa ahorrando con ello tiempo y dinero en sus desplazamientos.

Pero la otra cara de O'Leary es mucho más seria, como negociador con la plantilla y los proveedores comerciales. En esa parte de 'tiburón' de las finanzas se centrará más ahora para meter la tijera donde haga falta.

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