Naturgy cree que el plan de transición energética apenas cambiará con otro Gobierno

El presidente de Naturgy, Francisco Reynés. /R. C.
El presidente de Naturgy, Francisco Reynés. / R. C.

Francisco Reynés valora el programa de Teresa Ribera porque es «una brújula» en su apuesta por las renovables, el cierre de nucleares y el mantenimiento de los ciclos combinados, donde la empresa gasista es líder en España

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMAREROMadrid

El presidente de Naturgy, Francisco Reynés, considera que los planes del Ministerio de Transición Ecológica sobre el futuro de la sostenibilidad y la electricidad suponen «una hoja de ruta que va a ser más o menos igual» tras las elecciones generales, cuando se forme el nuevo Gobierno, independientemente del color político que se trate. «Las influencias políticas también tienen sus limitaciones» en este tipo de previsiones a futuro, ha señalado Reynés antes de la junta de accionistas de la corporación que hoy tiene lugar en Madrid.

La semana pasada, el Gobierno presentó el Marco 'Energía y Clima' donde apunta, entre otras muchas cuestiones, la desacarbonización de la economía y la implantación de las renovables en el sistema eléctrico. Reynés lo ha valorado positivamente aunque al mismo tiempo ha matizado que solo es «una buena declaración de objetivos» que el futuro Ejecutivo tendrá que poner en marcha con el desarrollo normativo. Aunque otro partido ejerciera el poder, el ejecutivo de Naturgy considera que esos objetivos medioambientales «está influida por lo que quieren los actores de los diferentes países de nuestro entorno» en materia de cuidado por el medio ambiente o el impulso de renovables. «Es algo que todo el mundo quiere», ha apuntado.

Se une así a las valoraciones públicas que otros responsables de grandes compañías eléctricas han lanzado sobre los planes del departamento de la ministra Teresa Ribera. De hecho, Naturgy puede ser una de las grandes beneficiadas al establecerse prácticamente el mismo nivel de potencia instalada de ciclos combinados (en torno a 27 gigavatios) para 2030 con respecto a la actual implantación. Esta tecnología se encargará de suplir a las renovables cuando las condiciones meteorológicas impidan su funcionamiento, y también de sustituir la energía de respaldo que aportan ahora las centrales nucleares. Ha mostrado su disposición a seguir con este negocio, aunque ha recordado que desde el pasado 30 de junio la capacidad que aporta -la posibilidad de inyectar energía en el sistema cuando haga falta- no se encuentra retribuida. Establecer un sistema de pagos «garantiza la estabilidad al sistema».

En este sentido, Reynés ha señalado que los planes de España para implantar eólicas o solares fotovoltaicas a medio plazo «permiten ir sustituyendo la capacidad nuclear», donde Naturgy tiene participaciones en algunas centrales, como Almaraz (Cáceres), la primera que cumple su vida útil de todas las plantas españolas en vigor, y Trillo (Guadalajara). Los responsables de la empresa ya han mostrado en algunas ocasiones su disposición a realizar un intercambio de activos para salir de esas propiedades que se encuentran en manos mayoritarias de Endesa e Iberdrola. También ha confirmado el cierre «ordenado» de las centrales de carbón al no ser rentables ante el actual precio de la materia prima y de los derechos de emisión de CO2.

Antes de comparecer ante los accionistas, Reynés ha indicado que esperan que 2019 «sea un buen año», en el que el beneficio neto podría superar los 1.400 millones de euros. En este ejercicio realizarán inversiones por valor de 2.000 millones de euros, de los que dos terceras partes irán destinados a los negocios de España.

La junta de accionistas que se celebra en Madrid va a aprobar las cuentas para 2018, año en que Naturgy perdió 2.822 millones de euros, frente a las ganancias de 1.360 millones de 2017, debido a la depreciación de activos de generación de electricidad por valor de 4.851 millones que llevó a cabo en el primer semestre del año. Poco meses después de tomar el mando en Naturgy, Reynés decidió que tenía que poner en un valor «adecuado» una serie de activos de generación de electricidad, como las centrales nucleares, las de carbón o las de ciclo combinado.