Un Macron hiperactivo da la vuelta a los sondeos

El presidente francés, Emmanuel Macron, en un debate con mujeres en la localidad de Pessac el pasado jueves./AFP
El presidente francés, Emmanuel Macron, en un debate con mujeres en la localidad de Pessac el pasado jueves. / AFP

El presidente francés recupera apoyos con su incansable participación en debates y ya encabeza las encuestas para las elecciones europeas

PAULA ROSASCorresponsal. París

Desde que empezó 2019, Emmanuel Macron se ha convertido en un ser omnipresente en Francia. Es difícil poner la televisión y que el presidente no aparezca debatiendo con jóvenes, con alcaldes de pueblo o con los representantes de ultramar. Como movido por una energía infatigable, Macron se sumerge en discusiones de seis o siete horas, en las que acaba en mangas de camisa. Abre el Salón de la Agricultura y allí está él, apretando manos y escuchando a fabricantes de quesos, departiendo con ganaderos de Alsacia o probando carne cruda en el stand de los flexitarianos. Así durante quince horas. Y su estrategia parece estar funcionando. A finales de año, muchos lo daban ya por muerto. Hoy, su popularidad empieza a remontar y su partido encabeza las intenciones de voto para las elecciones europeas.

Hace poco más de tres meses, el jefe del Elíseo parecía ir cuesta abajo y sin frenos. Los 'chalecos amarillos' estaban en su momento álgido. Sus manifestaciones, aunque salpicadas por la violencia, contaban con un enorme apoyo de la sociedad francesa, que veía en este movimiento que busca una mayor justicia social y fiscal un despertar de su conciencia de clase. El enemigo a batir era Macron, el «presidente de los ricos», el arrogante, aquel que hería a sus conciudadanos con sus pequeñas frases insolentes, que les describía como «galos refractarios», o les sermoneaba con que «para encontrar un trabajo solo hay que cruzar la calle». Hace tan solo tres meses, esa era la foto.

LA CLAVE

La remontada.
La popularidad del jefe delElíseo ronda ahora el 30%,nueve puntos más queel pasado diciembre

Hoy, la imagen es bien distinta. «Macron estaba en el fondo del pozo, no le quedaba más remedio que actuar», asegura a este diario Cécile Delozier, experta en comunicación política. Como respuesta a la cólera y la profunda desafección que hicieron aflorar los 'chalecos amarillos', optó por el Gran Debate Nacional, este maratón de encuentros ciudadanos donde los vecinos, a lo largo de dos meses, están exponiendo sus quejas y visiones sobre todo aquello que hay que mejorar en el país. ¿Los franceses querían expresarse? Esa era su oportunidad.

El presidente dio el pistoletazo de salida el pasado 15 de enero y pasó siete horas frente a 600 alcaldes normandos. Tres días después repetía con otros tantos regidores del sur. Él solo, en mitad del ring, con la única ayuda de un papel y un bolígrafo para anotar las preguntas. Desde entonces ha repetido la fórmula con representantes de ultramar, pero también con ciudadanos del departamento de Drôme -entre los que había 'chalecos amarillos'-, con mujeres, con asociaciones sociales, y ha pasado siete horas con un millar de jóvenes de entre 15 y 25 años en Borgoña. La lista es larga.

Macron se conoce todos los temas, incluso los más locales. Pasa largos ratos escuchando con atención a sus interlocutores, ya sea un desempleado de la región de los Alpes o el alcalde de una ciudad industrial. Y no responde vaguedades. Sabe de lo que habla. Según Delozier, parte de su remontada se debe a que «hay una forma de heroísmo en esa manera de abordar los debates y de quedarse horas y horas para convencer, persuadir y probar que no era reacio al diálogo. Además, no es algo que todo el mundo pueda hacer intelectualmente. Bajar a la arena de esa forma no es fácil».

Por delante de Le Pen

Los datos aún son tímidos, pero la estrategia empieza a dar sus frutos. Las últimas encuestas sitúan en torno al 30% los franceses que confían en Macron (según el sondeo, las cifras varían entre el 24 y 39%. El mandatario había tocado suelo en el 21% el pasado diciembre). Lejos están aún de ser mayoría, y a años luz de ese 62% que confiaba en él cuando ganó las presidenciales, hace ahora algo más de un año y medio. Pero un 45% de los franceses se dice a la espera de conocer qué sale de ese Gran Debate Nacional para formarse su opinión sobre la acción gubernamental. Y lo que ahora mismo importa más en el Elíseo: el partido de Macron, La República en Marcha (LREM), sobrepasa por una ligera distancia a la Reagrupación Nacional de Marine Le Pen de cara a las europeas de mayo, y eso que ni siquiera ha nombrado aún un cabeza de lista.

Con los 'chalecos amarillos' en horas bajas por sus incoherencias, la violencia desplegada en las manifestaciones y la pérdida poco a poco del apoyo de la opinión pública, Macron ha conseguido también, quitarse de en medio, de un plumazo, a gran parte de la oposición. «Ni Los Republicanos (derecha tradicional), ni el Partido Socialista, ni siquiera La Francia Insumisa (extrema izquierda) se han beneficiado de la caída de Emmanuel Macron en los sondeos», analiza Cécile Cornudet, editorialista de 'Les Échos', quien considera que, durante ese tiempo, «sólo ha habido un opositor: los 'chalecos amarillos'».

Astuto, Macron ha sabido aprovechar la oportunidad y ha conseguido frenar la caída libre. Ahora tendrá que convencer a los franceses de que el Gran Debate, en el que tantas esperanzas ha puesto, va a servir de algo. Por el momento, un 62% no están convencidos, pero la batalla no está perdida.