Casado pasa a la ofensiva con Ciudadanos y Vox para contener su granero de votos

Pablo Casado participa en Valladolid en un mitin electoral. / EFE

El equipo del candidato exhibe un optimismo superior al del partido sobre el resultado que deparará el 28-A

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

Pablo Casado tiene trece días por delante para desplegar todo el potencial de su estrategia y comprobar el 28 de abril si las dudas que subsisten en el PP sobre la eficacia de su discurso eran o no infundadas. El equipo del candidato exhibe una confianza a prueba de sondeos y cree que, a la hora de la verdad, el electorado de la derecha apostará por las siglas de siempre frente a nuevas aventuras. Por si las tentaciones, sin embargo, el líder de los populares intentó este sábado disuadir a los votantes de lanzarse en brazos de Albert Rivera o Santiago Abascal.

«Me di el gustazo -se puso Casado en el papel del elector-, voté a alguien que venía por aquí y, en efecto, no tenía ni idea, no había gestionado nada, no tenía equipo, no eran más que tránsfugas, no eran más que personas que acababan de llegar, no era más que alguien que vendía humo y nos hemos dado de bruces con la realidad». No es la primera vez que censura la política de fichajes de Ciudadanos, que buscó efectivos entre los desencantados de PP y PSOE, ni la primera que sugiere la vacuidad del discurso de Vox. Este sábado, sin embargo, en Valladolid trufó su discurso de advertencias sobre ambas formaciones, que, dijo, no traen «libro de reclamaciones» bajo el brazo en caso de frustración.

En esta provincia, el PP aspira a conservar sus dos escaños, pese a que uno baila tras la irrupción de Vox. La última encuesta de GAD3 para este periódico ya recogía que de los 18 sillones que los conservadores obtuvieron en el Congreso en representación de Castilla y León, ahora podrían retener entre 14 y 16. En el sondeo, la extrema derecha oscila entre cero y dos diputados, y el PSOE y Ciudadanos suben en estimación de voto.

La formación de Albert Rivera, que aspira a coaligarse con el PP para gobernar, no se libró tampoco este sábado de la crítica de Casado. «Claro que vamos a pactar, cuando ganemos las elecciones ya pactaremos, pero ahora vamos a ganar, a ganar y a ganar, (...) pero qué nerviosismo», replicó ante «estos de la nueva política».

La fe en Semana Santa

En realidad, que esa suma con Ciudadanos y Vox sea suficiente para llegar a la Moncloa es la solución de Casado al retroceso electoral que el PP tendrá que asumir. En su entorno señalan que si la jugada salió en Andalucía, por qué no ahora. Esperan, además, recibir votantes potenciales de sus dos contrincantes cuando los indecisos se decanten en el último tramo de la campaña.

Fuentes territoriales del PP, sin embargo, albergan un escepticismo que no se disipa. A día de hoy, creen que es «un acto de fe» confiar en que un discurso construido para batallar en el terreno de Abascal vaya a dar resultados en el centro.

Cuatro actos y una procesión

Fuentes del PP creen que el principal riesgo de Pablo Casado es su «sobreexposición». Achacan a ese factor los errores cometidos. «No para y dice mil cosas», lamenta un dirigente. Pero el líder de los populares no quiere cambiar de marcha y se vanagloria de que esta es su cuarta vuelta a España. En su agenda figuraban este sábado cuatro actos, en los que advirtió de que mantener a Pedro Sánchez en la Moncloa es como «dejar al zorro al cuidado de las gallinas» y subrayó que los independentistas están por la labor de apoyar el Gobierno del PSOE. Visitó Burgos, Valladolid, Meneses de Campo, en Palencia, y Ávila. Y en esta última ciudad, intervino ante la estatua de Adolfo Suárez y procesionó de nazareno. La cita quedó incluida en su ruta electoral.

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