Dos tristes tríos

Pablo Casado (PP), Santiago Abascal (Vox) y Albert Rivera (Ciudadanos)./
Pablo Casado (PP), Santiago Abascal (Vox) y Albert Rivera (Ciudadanos).
OLGA AGÜERO

Éramos tres en mi matrimonio -protestó Lady Di- una multitud». Los tríos tampoco son aconsejables en política, y más cuando se acostumbra a disfrutar una empedernida soltería. Al Partido Popular, además, nunca se le han dado bien. Ni el trío las Azores, ni el trío de Colón. Ambas fotografías parecen haber sido epicentro de perturbadores efectos. En las dos emerge la figura de Aznar, que nunca menosprecia ocasión para el protagonismo. En la primera foto se retrata. En la segunda también, aunque no salga. Su verbo, aún no hecho carne. La prédica aznarista que guía a Casado, deslumbrado por el influjo ideológico del padre.

Colón ha sido el principio del fin. La alianza envenenada con la extrema derecha que acabó por alumbrar una victoria enemiga. Efecto boomerang, el mal avenido trío ha cotizado un sonoro revés. La connivencia con Vox, en cambio, no le pasa factura a Rivera.

Traidores, comunistas, felones, populistas e independentistas. Los españoles -tan peyorativamente adjetivados últimamente- han dado una lección a Europa conteniendo las desbocadas previsiones de la extrema derecha, que sublimando el pacto a la andaluza incluía sentar a Vox en el Consejo de Gobierno junto a Ciudadanos y al PP. Los 24 escaños de Abascal son, por tanto, una superlativa decepción respecto a sus atemorizantes expectativas.

Al fin, en un trepidante desenlace, se ha visto que este país está lleno de patriotas que -tanto invocarlos desde Colón- salieron a defender España. Pero de la ultraderecha y sus acólitos, que al parecer conciben como una mayor amenaza para la patria. Los ciudadanos, en las urnas, han defendido a España de quienes se proclamaban sus salvadores.

España y Portugal se han convertido en la resistencia socialdemócrata de Europa, contaminada por el desasosegante auge de la derecha radical. Desde este oasis peninsular podría comenzar esa invocada reconquista, pero desde el frente contrario.

Quizá en España laten dos pulsiones. Quizá unos -pistolas y muros- piensan que debe imponerse la seguridad sobre la libertad. Quizá otros -como el viejo profesor- proclaman aquello de «bendito sea el caos, porque es síntoma de libertad».

Como Narciso extasiado frente a su propio reflejo, la marchita sombra de Aznar asoma sobre el cristal de la fotografía de Colón. Espejo de la derrota. Al PP no le derrotó la corrupción, sino el remedio que eligieron para sepultarla. Que viene el lobo a romper España. Hay una grieta en todo, cantaba Leonard Cohen, por ahí es por donde entra la luz. 48 horas más tarde, Casado ya está 'centrado' en nuestro futuro -recupera proclama- y llama ultraderecha a Vox.