EL IMPACTO DEL TURISMO

Verónica Díez, vecina del barrio La Latina de Madrid, y Mikel Ubarrechena, pte. Asociación de Hostelería de Gipuzkoa

Verónica Díez y Mikel Ubarrechena./PABLO COBOS/J.M. LÓPEZ
Verónica Díez y Mikel Ubarrechena. / PABLO COBOS/J.M. LÓPEZ
ESTRELLA VALLEJO

Verónica Díez Vecina del barrio La Latina de Madrid

Verónica Díez es madrileña. Del centro de Madrid de toda la vida. Vivía en el barrio de Lavapiés cuando los turistas no llegaban allí, como ella dice, ni por equivocación. Pero un día, hace poco más de cinco años, un viajero le consultó por una calle concreta que no se correspondía con ninguna de las arterias principales. El turista buscaba el piso turístico que había alquilado para alojarse durante su estancia en la ciudad. «Aquella primera vez me extrañó, pero en unos meses se convirtió en una constante», recuerda.

La proliferación de viviendas de uso turístico (VUT) ha brotado con fuerza en los últimos años en las capitales españolas, y se estima que en Madrid ya superan las 20.000, según la consultora Airdna. La Comunidad madrileña ha aprobado recientemente un decreto para que estos pisos sean considerados VUT desde el primer día de alquiler y no a partir de los tres meses, como defiende el Ayuntamiento de Carmena. Una medida que, unida al cumplimiento de una norma municipal que exige a los propietarios tener un acceso diferenciado del resto de vecinos, aboca al cierre a la mitad de los actualmente operativos.

EL DATO

7,1
millones de turistas extranjer0s llegaron en 2018 a la Comunidad de Madrid, una cifra que supone un incremento del 6,3% respecto al año anterior y que mantiene una tendencia al alza a todas luces imparable.
Pisos turísticos.
Madrid: La Comunidad ha aprobado un decreto para que sean considerados VUT desde el primer día y no a los tres meses. El Ayuntamiento les exige a los propietarios un acceso diferenciado del resto de vecinos.

Esta mujer de 43 años sabe de lo que se habla cuando escucha esas conversaciones sobre convivencia entre turistas y vecinos. Desde hace un par de años reside en el barrio de La Latina, cerca de la Plaza Mayor, y comparte portal con un par de estas viviendas. «No es invivible», reconoce. «Pero suelen venir en grupos de unas cinco personas, y hay un trasiego constante de entradas y salidas. En dos ocasiones sí que he escuchado bastante ruido por fiestas que han montado. Es verdad que puede pasar con cualquier vecino, pero lo que más me molesta es que me toquen el timbre por equivocación o porque el del alojamiento no está a la hora». Si algo se les achaca a los pisos turísticos es haber contribuido a la subida del precio del alquiler residencial. Verónica pone el ejemplo de varios amigos. «Se han tenido que buscar otra vivienda, porque de pagar 850 euros al mes, les subió unos 600 euros más», exclama.

En realidad, es al turismo en general al que se culpabiliza del encarecimiento de los servicios, y concretamente, en el apartado de ocio. Madrid lleva décadas atrayendo a millones de visitantes cada año y continúa batiendo sus propios récords. En 2018, más de 7,1 millones de extranjeros llegaron a la capital madrileña, un 6% más que el año anterior. «Turistas ha habido siempre. Soy consciente de dónde vivo y yo también viajo y soy turista», admite Verónica, pero lo que le resulta especialmente molesto son los grupos organizados que se mueven por la ciudad en bloque. «Hay bares en los que hay verdaderas invasiones. Si veo que un bar está enfocado a los turistas o está lleno de ellos no entro, pero no tanto por ellos, sino porque me cambia el concepto del establecimiento. Sé que será más caro y de peor calidad», asevera. La adaptación hacia una oferta cada vez más estandarizada, con grandes cadenas de establecimientos «sin entidad» es para Verónica una de las mayores pérdidas que está provocando este sector. «Lo primero fue el mercado de San Miguel, ha perdido su esencia, ya es un mercado turístico. Ningún vecino hace ahí la compra».

Mikel Ubarrechena Pte. Asociación de Hostelería de Gipuzkoa

Viajar está de moda. Este año en todo el mundo se contabilizarán alrededor de 1.300 millones de viajeros, que cada vez asocian menos sus vacaciones con el descanso y más con la experiencia. Y la gastronomía, sin duda, lo es.

Mikel Ubarrechena lleva ligado a la hostelería en San Sebastián toda la vida, pero fue hace 34 años cuando decidió abrir su propio negocio. Desde entonces, ha sido testigo de la proyección mundial que ha ido adoptando la ciudad, aunque el repunte, matiza, empezó a partir de 2011. «Es innegable que el alto el fuego de ETA aquel año fue un punto de inflexión a partir del cual la ciudad recuperó su atractivo turístico».

En estos años, San Sebastián ha pasado de ver cómo el turista aterrizaba en la Parte Vieja sin haber oído la palabra 'pintxo' en su vida, a que ahora se atienda a diario a extranjeros que con toda su buena voluntad intentan pedir, no sin dificultad, una «brocheta» o una «tartaleta de txangurro», porque han leído en no sé qué foro que es de los imprescindibles.

EL DATO

13%
del Producto Interior Bruto (PIB) es lo que aporta el turismo a la economía de la ciudad de San Sebastián, que el año pasado recibió 692.642 turistas, un 8% más que en 2017.
Pisos turísticos.
San Sebastián: El Ayuntamiento aprobó una norma que limita la actividad por zonas y superficie dedicada a terciario en cada bloque. El Gobierno Vasco también aprobó un decreto específico.

El turismo supone ya en la ciudad el 13% del PIB, y la entrada de viajeros alcanzó en 2018 otra cifra récord: 692.642 turistas. Esos datos se incrementan cada año, pero aquellas protestas contrarias al turismo que surgieron en el verano de 2017 y que salpicaron la capital guipuzcoana, no tardaron en desaparecer. «Aquello cayó por su propio peso. San Sebastián no es Venecia, porque de hecho está considerada como una de las ciudades más sostenibles del mundo, en cuanto a la densidad de turistas», subraya.

Lo que sí es innegable es que el sector hostelero ha sido uno de los principales beneficiarios de esa creciente llegada de visitantes, aunque al mismo tiempo se ha visto obligado a mantener su oferta al nivel de lo que se espera de una de las ciudades con mayor proporción de restaurantes estrella Michelín del mundo. «Nos hemos tenido que poner las pilas», reconoce el hostelero, para quien ha sido clave «la apuesta por el producto y la cultura local para no perder la identidad y la autenticidad».

Al hablar de la capital guipuzcoana a uno le viene a la mente la gastronomía, claro, pero también el precio del destino. Sin embargo, el donostiarra defiende que haciendo la comparativa a igual calidad del producto, «no creo que encontremos en otras ciudades europeas los precios que hay en Donostia en alta restauración».

No obstante, quienes visitan la ciudad vasca, además de comer, también deben dar con un alojamiento que se ajuste a sus comodidades y bolsillos. La oferta se ha visto ampliada considerablemente en el último lustro con la apertura de más de una veintena de hoteles, pensiones y la irrupción de las famosas viviendas de uso turístico, cuya regulación ha sido «pionera» en el resto del país. «San Sebastián ha sabido crear un acuerdo entre las administraciones y todos los agentes del sector para regularlo», se felicita.

Mikel Ubarrechena se define como un defensor del turismo, porque «viene gente a conocer nuestra cultura y eso me gusta, además aporta a la economía y ayuda a mejorar las infraestructuras». Se siente orgulloso «de verdad» de que su ciudad sea considerado un destino «destacado» por su «bien hacer».