Rivera aprovecha la debacle del PP y se reivindica como líder de la oposición

Rivera, en la reunión de este lunes de la ejecutiva de Ciudadanos. / J. García

Los liberales cierran la puerta a negociar con el PSOE y aseguran que el veto que aprobó la Ejecutiva «ha sido avalado por las urnas»

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSOMadrid

Convertidos en la tercera fuerza política del arco parlamentario y con un PP en plena descomposición, Ciudadanos presume de ser el verdadero baluarte del centro derecha y de la oposición a Pedro Sánchez y al PSOE. Aunque no superaron al partido de Pablo Casado -a pesar del batacazo aún lograron nueve escaños más- los liberales entienden que las ocho décimas que los separan les legitiman para liderar de facto el bloque. «Es un empate técnico», se felicitó este lunes la portavoz nacional, Inés Arrimadas.

Con cuatro millones de votos, Ciudadanos consiguió 57 escaños, 25 más que en las elecciones de 2016, y superó en las urnas al PP en cinco comunidades autónomas -Madrid, Andalucía, Aragón, Baleares y Cataluña-. Unos resultados «excelentes» para la cúpula naranja pese a no protagonizar el ansiado 'sorpasso' a los conservadores -el feudo gallego de Alberto Núñez Feijóo lo impidió-, ni poder encabezar un Gobierno de coalición que lleve a Albert Rivera a la Moncloa, que era el objetivo principal del partido. «Hemos crecido de manera exponencial a pesar de lo que decían las encuestas. Nos hemos consolidado y Albert Rivera ejercerá como líder de la oposición en la próxima legislatura», sentenció Arrimadas, convencida de que el PP se va a sumir en una importante crisis que beneficiará a los liberales.

A pesar de que durante la campaña electoral negara por activa y por pasiva que fuera a dar su apoyo a Sánchez, el líder de Ciudadanos tiene en su mano una de las dos llaves de la gobernabilidad del PSOE. Una reedición del 'pacto del abrazo' que en 2016 no fue posible por el veto de Podemos y por el que ahora suspiran los sectores económicos como garante de estabilidad.

Pero por si alguien tenía alguna duda, la también líder de la oposición en Cataluña, que en breve desembarcará en el Congreso, confirmó que «no habrá negociación» con Sánchez «ni para el Gobierno, ni para la investidura». Lo anunció Rivera en la noche electoral y la Ejecutiva, que analizó los resultados del 28-A, lo confirmó. La dirección del partido considera que la decisión que tomó de vetar cualquier acuerdo con el PSOE, que generó mucha polémica, ha sido «avalada por las urnas». «Ciudadanos no puede pactar con quien pacta con Torra, Bildu y Puigdemont», zanjó Arrimadas.

Rivera y su círculo tratarán ahora de empujar a Sánchez hacia los brazos de Podemos y el independentismo, convencidos de que a la larga el desgaste de tener estos socios en el Ejecutivo le acabará pasando factura. «Igual quieren esconderlo antes de los comicios de mayo, pero que van a gobernar con Iglesias y los nacionalistas, que nadie tenga ninguna duda», insistió la portavoz liberal.

Pactos tras el 26-M

Ciudadanos se plantea ahora como objetivo salir a ganar las europeas, autonómicas y municipales de mayo, aprovechando a un PP todavía perplejo por la debacle -perdió 71 escaños con respecto a los resultados de hace tres años-. Aunque insisten en que saldrán «a por todas», las posibles alianzas postelectorales con los socialistas planearán durante toda la contienda. Pese a que la decisión de establecer un cordón sanitario al PSOE se circunscribía a las legislativas, la disposición a llegar a acuerdos está bajo mínimos.

En el caso de la Comunidad de Madrid esa opción está ya desechada. El líder naranja Ignacio Aguado ratificó este lunes que no gobernará con el PSOE de Ángel Gabilondo tras el 26-M. «Es el mismo PSOE de Pedro Sánchez», justificó. Un cambio radical de estrategia para Aguado, que siempre se mostró dispuesto a pactar con los socialistas y que reduce las posibilidades de acuerdo de Ciudadanos a replicar la fórmula andaluza.